República Dominicana expulsó a nueve diplomáticos cubanos y sus familias el jueves 13 de agosto, con una fecha límite de salida fijada para el domingo 16 de agosto.
El gobierno del presidente Luis Abinader no ofreció una explicación pública y se amparó en el artículo 9 de la Convención de Viena, que permite declarar a un miembro de una misión diplomática persona non grata sin justificar la decisión.
La medida afecta en total a unas 21 personas. La Cancillería cubana discrepa con esa cifra y sostiene que los expulsados son 10 funcionarios, no nueve, según destacó una nota de la agencia EFE publicada este viernes.
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La respuesta de La Habana y la acusación a Washington
El canciller cubano Bruno Rodríguez rechazó la decisión “en los términos más enérgicos” y ofreció su propia lectura de los hechos: “No hay otra explicación para esta acción que no sea el sometimiento del gobierno dominicano a las presiones del gobierno de Estados Unidos, que, en su empeño de aislar a Cuba, se ha propuesto dañar nuestras relaciones diplomáticas con los países de la región”.
El Ministerio de Relaciones Exteriores de Cuba (MINREX) sostuvo que sus diplomáticos “han actuado siempre en estricto apego a la Convención de Viena sobre Relaciones Diplomáticas de 1961 y con absoluto respeto a las leyes” dominicanas. Para La Habana, no existe motivo que justifique la expulsión.
El MINREX intentó separar la relación entre gobiernos de los lazos entre pueblos: las autoridades dominicanas “dañan significativamente los vínculos entre los dos gobiernos, pero no podrán herir los profundos y históricos lazos que existen entre los pueblos cubano y dominicano”.
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El voto en la ONU y la cumbre que nunca fue
La expulsión de los diplomáticos cubanos de Santo Domingo se enmarca en un deterioro sostenido de las relaciones bilaterales bajo el gobierno de Abinader.
En julio de 2026, la República Dominicana se abstuvo en la votación de la Asamblea General de la ONU sobre la resolución contra las sanciones estadounidenses a Cuba, un giro respecto de 2025, cuando había apoyado el texto junto a 165 países.
La Habana también citó la exclusión de Cuba de la X Cumbre de las Américas, prevista inicialmente en Punta Cana y luego suspendida, como otro indicio de ese alineamiento con Washington.
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En mayo, el propio Abinader cuestionó el sistema político cubano en una entrevista con Infobae: “Tienen su forma de elecciones, pero no es un Estado democrático”, declaró.
Un patrón regional que se repite en 2026
La crisis con Santo Domingo no es un episodio aislado. Desde marzo, Cuba ha encajado una serie de golpes diplomáticos en América Latina que responden a un patrón similar.
Ese mes, Ecuador ordenó la salida de todo el personal diplomático cubano en Quito en un plazo de 48 horas. La Habana respondió con el cierre de su embajada en la capital ecuatoriana. Costa Rica hizo lo propio al clausurar su representación en La Habana y exigir la retirada del personal cubano de San José.
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En julio, el entonces presidente electo de Colombia, Abelardo de la Espriella, anunció la ruptura de relaciones diplomáticas con Cuba y Nicaragua como parte de un plan de reorganización de la presencia exterior del país que contempla el cierre de 14 embajadas y 15 consulados. De la Espriella asumió la presidencia el 7 de agosto.
Toda esta secuencia se produjo tras el lanzamiento en marzo del “Escudo de las Américas”, una iniciativa de seguridad regional promovida por el presidente estadounidense Donald Trump, de la que Cuba quedó excluida.
Una ruptura sin precedentes desde Trujillo
La dimensión del golpe no pasó inadvertida en la propia República Dominicana. El exministro dominicano para Políticas de Integración Regional Miguel Mejía calificó la medida de extrema y la comparó únicamente con la ruptura que impuso la dictadura de Rafael Leónidas Trujillo, que se extendió por 31 años hasta 1961.
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Mejía exigió además que “el gobierno dominicano explique al pueblo dominicano las verdaderas razones por las que tomó esta decisión”.
Las relaciones entre ambos países se restablecieron formalmente en 1996 bajo el primer gobierno del presidente Leonel Fernández, y en agosto de 1998 el líder cubano Fidel Castro realizó una visita oficial a territorio dominicano. Casi tres décadas después, ese vínculo enfrenta su mayor tensión desde la era Trujillo.
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