El silencio de la noche del viernes 12 de junio se rompió con un hallazgo que ha vuelto a sumergir a la provincia de María Trinidad Sánchez en el luto y la consternación. Lo que debió ser una jornada normal se transformó en el escenario de una tragedia cuando los cuerpos sin vida de Berkis María Lantigua Padilla, de 57 años, y Héctor Rafael Hernández, de 60, fueron encontrados en el interior de una habitación de un hotel, ubicada en la carretera que conecta a Nagua con Cabrera.
Los agentes de la Subdirección Central de Investigación (DICRIM) de la Policía Nacional acudieron al lugar tras recibir el reporte del personal del establecimiento. Al ingresar a la escena, la crudeza del hecho quedó en evidencia: el cuerpo de la educadora presentaba múltiples heridas infligidas con un arma blanca. A pocos metros, yacía el cadáver de Hernández con una herida mortal en el cuello que él mismo se habría provocado tras cometer el crimen. La principal hipótesis de las autoridades no tardó en consolidarse: un presunto feminicidio-suicidio.
Berkis Lantigua no era una desconocida en Nagua. Dedicó gran parte de su vida al servicio público como orientadora escolar y técnica en el área de Educación Especial de la Regional 14 de Educación de este municipio. Quienes la conocieron la describen como una mujer entregada a los niños con condiciones vulnerables, una profesional que intentaba construir un entorno más justo y empático. Irónicamente, la violencia que tantas veces se busca prevenir desde las aulas terminó tocando a su puerta.
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Por su parte, Héctor Hernández, conocido en el entorno local como “Kiro”, era un herrero y soldador que trabajaba en un taller de la Avenida María Trinidad Sánchez. Según las indagaciones preliminares de los investigadores de la Policía, la pareja llevaba aproximadamente tres meses separada. Vecinos y allegados detallaron que la ruptura no había transcurrido en paz. La sombra del acoso y la no aceptación del fin de la relación parecían seguir los pasos de la educadora, un patrón trágicamente repetitivo en este tipo de conductas agresivas.
El Ministerio Público y los médicos legistas levantaron los cuerpos para los fines correspondientes, mientras el DICRIM profundiza las últimas horas de la pareja para esclarecer las circunstancias exactas que los llevaron a encontrarse en el establecimiento.
La racha de feminicidios en República Dominicana
Este terrible episodio en Nagua no es un hecho aislado, sino el reflejo de una problemática estructural que mantiene las alarmas encendidas en todo el país. Durante el pasado mes de mayo, la sociedad dominicana presenció una alarmante racha de violencia de género en la que se contabilizaron más de 10 casos de feminicidios en distintas demarcaciones del territorio nacional, dejando decenas de niños en la orfandad y familias completamente destruidas.
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Dentro de esta cruda ola de violencia, uno de los casos que generó mayor indignación y dolor colectivo fue el de Esmeralda Moronta de los Santos, una joven emprendedora de 36 años y madre de dos hijos menores de edad. Al igual que el suceso de Nagua, el caso de Esmeralda se configuró bajo la modalidad de feminicidio-suicidio, pero con un agravante que desató duras críticas hacia los protocolos de protección: la víctima acababa de denunciar a su agresor.
Las estadísticas del presente año reflejan una preocupante tendencia al alza en los crímenes contra las mujeres a manos de sus parejas o exparejas, superando significativamente los registros de años anteriores.
Organizaciones de la sociedad civil y colectivos en defensa de los derechos de la mujer reiteran de manera urgente la necesidad de reformar el sistema judicial, implementar verdaderos mecanismos de seguimiento a las denuncias y proveer acompañamiento psicológico tanto a las víctimas como a los agresores para detener una epidemia social que sigue cobrando vidas valiosas en la República Dominicana.
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