El fallecimiento de una bebé de ocho meses por mordeduras y golpes en San Cristóbal, en el sureste de República Dominicana, volvió a poner el foco en la violencia infantil.
La Policía y la Justicia dominicanas atribuyen el hecho a la pareja de la madre, que quedó en prisión preventiva acusado de homicidio voluntario, tortura y barbarie.
En el país, este caso se suma a otros episodios recientes de maltrato letal y a un patrón que organismos internacionales describen como extendido dentro de los hogares.
Unicef sostiene que la disciplina violenta sigue naturalizada y que la falta de herramientas de crianza, junto con un marco legal insuficiente, favorece su continuidad.
Solo en el último año se conocieron muertes de niñas y niños en circunstancias similares, entre ellas la de una menor de siete años torturada hasta la muerte en la capital y la de un niño de ocho años en Verón, por el que su tía quedó detenida tras declarar ante las autoridades que actuó por su “mal comportamiento”.
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Datos sobre violencia infantil en República Dominicana
Según cifras del Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia, Unicef, seis de cada diez niños en República Dominicana sufren disciplina violenta en sus hogares.
El representante del organismo en el país, Carlos Carrera, precisó que el 63% de los menores experimentó algún tipo de violencia, por encima del promedio de América Latina y el Caribe, que ubicó en 60%.
Carrera vinculó parte del problema con la ausencia de alternativas educativas para madres, padres y cuidadores. “No los conocen, ni los han recibido” en su propia crianza, dijo al referirse a métodos no violentos para poner límites.
También señaló la incidencia de la tolerancia social y de normas que no fijan con claridad una prohibición total del castigo físico y psicológico en el ámbito familiar.
El representante de Unicef advirtió que cuando se acepta una agresión como “corrección”, se amplía el umbral de lo permitido. Para Carrera, justificar la violencia abre la puerta a expresiones cada vez más graves, incluida la tortura.
Efectos del maltrato en el desarrollo de niños y niñas
La violencia durante la infancia deja secuelas en múltiples planos, de acuerdo con Carrera. Entre los impactos mencionó daños emocionales, dificultades de comunicación y problemas de aprendizaje. “No tienen tanta capacidad de aprender como deberían”, afirmó.
Cuando el maltrato es intenso y recurrente, Unicef identifica el riesgo de “estrés tóxico”, un proceso que Carrera describió como un efecto bioquímico asociado a alteraciones en el desarrollo cerebral.
En esos casos, aumentan las probabilidades de trastornos cognitivos y emocionales persistentes, además de mayor exposición a problemas de salud mental y a enfermedades físicas, como asma o afecciones cardiovasculares, junto con obstáculos de adaptación social en la adultez.
Los especialistas del organismo también advierten que estas consecuencias no se limitan a episodios aislados: la repetición de la violencia en el hogar tiende a consolidar patrones de relación que afectan la trayectoria escolar y la integración comunitaria de los chicos.
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Qué medidas propone Unicef para frenar la disciplina violenta
Carrera sostuvo que las leyes “relativamente laxas” frente a la disciplina violenta requieren una actualización para prohibir toda forma de agresión contra niños y niñas dentro del ámbito familiar.
En su diagnóstico, el marco legal debe ir acompañado por políticas públicas sostenidas.
Entre las propuestas, el representante de Unicef incluyó programas de acompañamiento y educación para padres, además de espacios de apoyo familiar que ayuden a comprender el impacto del castigo físico y psicológico.
En esa línea, planteó que cuando los adultos incorporan información sobre los daños, suelen modificar el modo en que establecen límites.
Para el organismo, la erradicación del maltrato exige intervenir sobre todas sus expresiones y causas, incluido un patrón social que tolera la violencia como método de crianza y que, en los casos extremos, termina habilitando prácticas de crueldad.