“Me tocó ayudar bastante en algún momento. Mis papás se separaron en plena crisis de 2001 y perdieron prácticamente todo. También me mandé muchas cagadas comprando cosas que no valían la pena. Después entendí que tenía que invertir o hacer algo con esa plata, porque un día podía terminarse”, confesó Gastón Soffritti en Casino Deluxe, el ciclo de entrevistas de Infobae.
Gastón es actor, productor y creador de contenidos. Comenzó su carrera artística cuando era apenas un niño y logró consolidarse como una de las figuras jóvenes más reconocidas de la televisión argentina. Formó parte de éxitos como Floricienta, Patito Feo, Sueña Conmigo, Graduados y Simona, entre otros proyectos.
En los últimos años amplió su perfil profesional hacia la producción audiovisual y la creación de contenido digital, desarrollando formatos propios para redes sociales que combinan entretenimiento y gastronomía. Actualmente lidera una productora y se destaca por sus videos virales en los que cocina en casas de desconocidos, una propuesta que le permitió conectar con nuevas audiencias más allá de la actuación.
A lo largo de la entrevista, repasó algunos de los momentos que marcaron su vida y su carrera. Habló del acompañamiento incondicional de sus abuelos, de las experiencias que vivió durante el fenómeno de Patito Feo y de cómo aprendió a relacionarse con el dinero después de alcanzar la popularidad desde muy chico. Entre recuerdos de infancia, anécdotas de giras y reflexiones sobre los altibajos de la exposición pública, compartió una mirada sincera sobre las decisiones y aprendizajes que moldearon su recorrido.

—Este es el millón de dólares ficticio que te podés llevar hoy. Pero primero tenés que contarme para qué lo usarías. Y, según cuán sincero seas con tus respuestas, te lo voy a ir entregando.
—Creo que la mitad de la plata la invertiría. Porque si me lo gasto no me va a rendir y se acaba la plata rápido (risas). Así que trataría de utilizar esta mitad para que me rinda en algo: acciones, bonos, diferentes cosas que me generen algún dividendo a fin de año y vivir de otra plata.
—Hay que aprender y entender que uno tiene que hacer eso, ¿no? Mover la plata.
—Yo lo aprendí quizá un poco más tarde de lo que me hubiese gustado, pero hoy haría eso. Creo que te pediría esta plata para invertirla y que me genere un rendimiento. Después sí, voy más a los gustos... Me compraría con 200 mil un departamento. Me da tranquilidad mental eso. Y después sí, por ahí la gastaría un poco más. Me gustaría usar estos 100 mil para hacer varios viajes con amigos e invitarlos a varios de ellos. Es un montón igual, pero haríamos un buen recorrido. Y con otros 200 me gustaría ayudar, porque aparte me llena el hecho de poder ayudar a alguien que lo necesite. Por ahí arrancaría con cercanos: familiares y amigos que no la están pasando tan bien y los ayudaría. La primera parte por ahí es más que nada para solucionar algunos temas: deudas, cosas que ahí no te queda otra y las tenés que pagar. Después sí, trataría de aconsejarlos en qué hacer con esa plata para que crezca. Y las últimas 100 son para mí. Sin preguntar (risas).

De Patito Feo a la independencia financiera: amistades, anécdotas y primeras lecciones sobre el dinero
—Acá tengo unas fotos de Andrés Gil, Laura Esquivel, Santi Talledo y Brenda Asnicar, todos compañeros tuyos en Patito Feo. Tenés que asignarle una ficha con un valor a cada uno.
—A Andrés le vamos a poner la ficha más grande, la de 100, porque es un divino. Es de esas personas que por ahí ahora no lo veo tan seguido porque tuvo un hijo y la vida misma. Pero siempre que me lo crucé a lo largo de toda mi vida mantuve un vínculo muy lindo con él. Un ida y vuelta muy copado. Vivimos algo muy fuerte todos, como fue Patito, pero con él fue más de cerca. Compartimos cuarto muchas veces en las giras por el mundo, compartimos la pasión por el fútbol. Lo considero un gran tipo. Me parece muy piola.
—La siguiente ficha, de cincuenta. ¿A quién se la das?
—Creo que vamos por Talledo, porque también lo conozco un montón. Compartimos literalmente toda nuestra infancia, un montón de proyectos en común, más allá de Patito. Fue director de algunos videoclips que hice en su momento. Ahora, con el tiempo también y la vida que te va llevando por caminos distintos, hace rato que no lo veo tan seguido. Pero compartí años de clase de teatro con él y también con Andrés. Los tres íbamos a la misma clase. Ahí se entablaban esos vínculos de la infancia, en donde teníamos nuestros conflictos de adolescentes y uno al otro nos apoyábamos durante gran parte de ese proceso, que fue muy duro, porque imaginate a los 15 o 16 años es como todo muy loco lo que vivimos con Patito Feo.
—¿Y salían en las giras? ¿Tenés alguna anécdota que me puedas contar?
—No salías ni a la esquina por un tema de seguridad. Pero tengo una anécdota en Puebla. Estábamos aburridos de estar mucho tiempo girando de acá para allá. Había días que estábamos encerrados ahí en el hotel y nada más. Y se nos ocurrió una gran idea: comprarnos guantes de boxeo y cascos. Nos metimos en una habitación todos los varones y hacíamos peleas. No valía pegarse porque sabíamos que eso no iba a terminar bien. Pero íbamos haciendo rondas de a dos y nos cambiábamos los guantes. El problema es que había solamente dos protectores bucales y no ibas a usar el del otro. Yo no tenía y hubo un problemita en el medio. Yo tiré una piña un poco más fuerte, el otro un poco más fuerte… Movió el codo, me la pegó en la boca y me partió dos dientes en plena gira.
—¡Y no te podías volver a Buenos Aires!
—Ni sonreír. Tuve que hacer toda la gira así. Me los partió al medio, a la mitad, literalmente, y en diagonal. Aparte tuvimos que mentir y decir que me había caído, porque no podíamos decir que estábamos peleando con guantes.
—O sea, los productores se están enterando en este momento.
—Probablemente, sí (risas).
—Si hablamos de la historia de Patito Feo en esta época, ¿con quién se quedaría hoy tu personaje? ¿Con Patito o con Antonella?
—Según la historia, Matías se quedó con Patito en el final. Pero ¿sabés qué creo que estaría separado de las dos? Para mí estaría soltero (risas).
—Fue tu gran primer amor y ya está.
—Claro, el amor de la infancia. La primera novia, que fue Antonella, y después Patito, que fue el amor. Después, fueron cada uno por su lado para mí. Es la vida...
—Ser tan conocido desde chico imagino que te hizo asumir una responsabilidad temprana con el dinero. ¿Cómo fue tu relación con la plata que ganabas? ¿La administrabas vos o tu familia? ¿Y qué aprendiste de manejar ingresos importantes siendo tan chico?
—Obviamente a los 8, 9 o 10 años, mi mamá iba a cobrar por mí. Pero siempre tuve mucha conciencia del valor del dinero. Y me tocó ayudar bastante en algún momento. A mis papás justo se les ocurrió separarse en el 2000, 2001, en plena crisis en Argentina. O sea, perdieron prácticamente todo o mucho. Y viví dos años en lo de mis abuelos de parte de mi mamá. Mi bisabuela le regaló como la casa antes de morirse y, cuando fuimos, había que reformarla toda. Entonces como que quería tener mi cuarto y no quería compartir con mi hermana, gran parte de esa plata fue a parar a tener mi propio espacio. Y a la vez ayudar. Después, sí me daba mis gustos. Me compraba mi Play, mis juegos.
—¿Pero entendías el valor que tenía lo que ganabas?
—Sí. Tengo una anécdota que me resuena siempre en la cabeza. A los 13 años, cuando empecé a sentir que tenía un poco de independencia económica, fue la primera vez que me tocó ir de gira. Me fui a Israel con Rincón de Luz y Rebelde Way. En el aeropuerto de Madrid paramos dos horas y me compré una pelota de esas chiquititas del Real Madrid con unos euros que tenía en la mano. Y con eso yo sentí que era como mi propio ministro de Economía (risas). Ahí dije: “¡Ah! Okay, yo tengo mi administración”. Fue la primera vez que me di cuenta que tenía poder en la mano y que con eso podía hacer algo. Siempre tuve independencia y la libertad de poder hacerlo. Mis viejos me dieron mucha libertad. No sé si me aconsejaron tanto en ese momento, sino que hicieron lo que pudieron también.
—Pero nunca te frenaron.
—No, nunca me frenaron. Y después más grande en la adolescencia ya la manejaba un poco como quería. También me he mandado muchas cagadas de comprar cosas que no valían la pena. Pero después empecé a entender que la tenía que invertir o hacer algo con ese dinero porque se podía terminar un día. Lo que pasa que yo nunca pensaba que iba a terminar. Estaba acostumbrado a que eso pasara todos los años. Por suerte nunca terminó, pero vinieron años de subidas y bajadas, de proyectos más exitosos que otros...
—Pero es importante para entender que la vida también está hecha de eso, porque si no uno vive en una fantasía tampoco ayuda.
—Sino no se puede sostener nada a lo largo de toda la vida. Uno gasta y después le llega la cuenta, ¿no? La factura siempre llega al final.

El legado de los abuelos: acompañamiento incondicional, sueños compartidos y gratitud
—Tenés un vínculo muy fuerte con tus abuelos, ¿no?
—Sí.
—Leí por ahí una anécdota muy tierna que tenías con tu abuelo que te llevaba la comida y te llevaba de un lado hasta el otro para que vos pudieras seguir trabajando.
—Sí. Mis abuelos en general, pero él en particular, me acompañaron durante toda mi infancia hasta los 17 años que pude tener mi primer auto. Y me pasaban a buscar por el colegio, en particular mi abuelo Hugo, que hoy ya no está. Mi abuela Nelly sí sigue viva. No está muy consciente, pero ella en algún lugar sabe, ¿no? Me pasaban a buscar por la puerta del colegio con un plato de algo, un sándwich o lo que sea para que yo comiera, para que pudiera arrancara a grabar directo. Y eso desde los 8 años hasta los 17, fue una constante todos los días del año sin parar. Y mismo en grabaciones que eran muy lejos, que me tenían que ir a buscar a las dos o tres de la mañana, nunca jamás me volví solo porque estuvieron ahí. Los abuelos son todo, obvio.
—Es un vínculo distinto al de los padres. Los abuelos ya no están en la tarea de criarte, sino desde el mimo y el acompañamiento. Tienen una forma de dar cariño muy especial y también de sostener a sus propios hijos cuando hace falta.
—Es hermoso. Yo tuve la oportunidad de conocer a mis cuatro abuelos y los pude como disfrutar a todos. Mi abuela es la gran responsable de que yo haya llegado a actuar. Porque tuve un sueño y me escuchó que yo se lo contaba a mi mamá.
—¿Qué sueño tuviste?
—Mi mamá me llevaba mucho al teatro a ver Chiquititas, Cebollitas, todos esos proyectos. Y yo le conté que estaba en el sueño cantando, bailando, actuando ahí arriba del escenario. Y mi abuela me escuchó, cuando vivía en la casa de ella. Ella tenía un salón de fiestas y pasaban muchos chicos por ahí y había uno que hacía publicidades. Entonces, fue a buscar en el barrio quién era ese chico, qué hacía y cómo había llegado, para llevarme a mí. Así fue que empezó todo...
—¿Tu abuela Nelly?
—Sí, Nelly.
—Fue superimportante lo que hizo porque capaz no hubiera arrancado tu historia en la actuación.
—Exactamente. Tuve la suerte... A mí me cuesta mucho expresarme a veces y decir que los quiero. Porque tuve que hacer duro a lo largo en todo este recorrido, la verdad. A veces me ablando un poco más y me sale para afuera. Pero el ante año pasado, en un momento fui a verla, ella ya no estaba tan consciente, pero me escuchaba y pude agradecérselo y decírselo en vida, que eso fue algo que me hizo muy bien.
Yo nunca, nunca
—Este juego ya sabés cómo es. Yo te digo una frase y si te ocurrió, tomás.
—Sí, lo he jugado (risas).
—Yo nunca, nunca quedé afuera de un casting por mi apariencia.
—¡Uf! Tengo que tomar (risas).
—¿Qué pasó?
—No sé si fue específicamente un casting. Pero alguna vez quedé afuera y me enteré con el tiempo que había sido porque consideraban que era feo.
—¿Cuántos años tenías?
—Tenía 14 o 15.
—Fue una época distinta. El medio empezó a cambiar después, pero en ese momento había mucha crueldad respecto a la apariencia, tanto en la actuación como en la publicidad y el modelaje. A mí también me pasó cuando tenía esa edad.
—Sí, existía otro mundo antes. Sin caer en juzgar, ¿viste? A mí no me gusta agarrar el diario el lunes y juzgar para atrás y decir: “Esto estaba bien, esto está mal”. Era lo que era. Y pasaba lo que pasaba en esos lugares. Después, obviamente, que fue doloroso para mí como proceso. Pero eso era muy normal en esa época.
—¿Qué te dijeron? ¿Cómo fue la situación que viviste?
—Habían quedado una serie de chicos para algo en particular y yo pertenecía a ese elenco. Con el tiempo me parecía raro, pero bueno me entero por gente de producción y demás, el boca en boca, que había sido por eso que me dejaron afuera. Igual quiero quiero decir que un poco de razón tenían (risas). Estaba en esa transición de adolescente a los 14, 15 años que tenés la nariz en la cabeza más o menos, la cara media rara. Estaba medio desarreglado (risas). Pero la vida siempre te da segundas oportunidades.
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