Como muchos chicos argentinos, el sueño de Giuliano Pagano era convertirse en futbolista profesional. Sus condiciones para el deporte más popular lo llevaron a jugar en varios clubes, pero algunos problemas de crecimiento fueron una barrera a la hora de quedar en los planteles. Con mucho esfuerzo, Giuliano logró hacerse un lugar, pero distintas dificultades se interpusieron en sus aspiraciones.
En ese contexto, un ofrecimiento para jugar en el ascenso italiano lo llevó a Europa. Las promesas recibidas no se concretaron en la realidad y tuvo que irse a Polonia. Allí, debido a problemas económicos de su club, terminó en la calle y tuvo que hacer distintos trabajos para sobrevivir. Albañilería, changas, armado de cajas, entre otras cosas. Un encuentro con el Papa y una visita a Auschwitz fueron algunas señales que recibió para descubrir que su camino iba por otro lado. Y un llamado de Enzo Fernández terminó marcando su destino. Esta es su historia.

-Hoy sos coach deportivo, pero tuviste el sueño de ser futbolista y lo llevaste a cabo, fuiste futbolista. Contame un poco esa historia.
-Yo nací en Capital Federal, pero toda la vida viví en Caseros, familia clase media, y siempre el sueño era ser futbolista. Nunca lo conté, pero cuando tenía diez años tenía problemas de crecimiento y demás. Voy a Vélez y en Vélez a mí me dicen: “Vos no podés jugar al fútbol”. Desde ahí como que ya empecé como siempre a contracorriente, algo como que yo no podía y tenía que demostrar. Entonces fui All Boys, en All Boys no me subían a AFA por el físico, fui a Huracán, no me subían por el físico. Y ahí yo termino dejando el fútbol con trece años. Entonces un amigo me dice “vos tenés que seguir con el fútbol, vos tenés con qué...” Ahí me voy a Lamadrid y me vuelve a agarrar el gustito, pero en Lamadrid no me hacen contrato. Me voy a Almagro y en Almagro me dicen que la única manera era que juegue ahí era si me hacía lateral derecho, yo era ocho. Seguí ahí, jugué en Reserva, después en Primera, empiezan a tocar partidos. Jugué contra Boca, contra Argentinos de Quilmes, todos amistosos. Pero no me hacen contrato, entonces me voy al ascenso de Italia. Me habían prometido Serie D, una cantidad de dinero, pero no termina siendo eso y termino viviendo en un dos ambientes con cinco personas más...
-¿Quién fue el que te lleva? ¿Un representante?
-Fue un representante. Es una situación que yo cuento en el libro, es una situación en la que decido dejar el fútbol, donde digo: “Basta, se acabó, porque tanto esfuerzo para nada no tiene sentido”. Yo tenía mucha sobre exigencia, era todo ordenadito, no me salía de mi mapa. Era el típico futbolista que quiere llegar y está muy ordenado. Pero no alcanzaba con el esfuerzo y ahí es donde empiezo a resonar y a decir: “¿Sabés qué? Tal vez lo mío viene por otro lado”. Y dije: “Bueno, se acabó”. Dejo el fútbol. Fue el día que se cae la cancha de la tribuna de Ferro. Ese día yo estaba jugando en la reserva de Almagro contra Ferro, en el predio de Pontevedra. Ahí me llaman, un representante que ni sé cómo me sacó, para mí era Dios vestido de representante, y me dice “en una semana si estás, requieren un lateral derecho allá”. Yo le dije: “Sí, dale”.
-¿A qué equipo?
-A San Michele, de la Serie D. Me habían prometido el cielo y la tierra y cuando llegué, nada que ver. Pero me tenía que quedar porque yo no tenía pasaporte y me tenía que quedar a hacerlo. Tenía 20 años. El presidente de ese club era secretario del Vaticano. Se lo informan al Papa, no sé ni cómo y yo termino cenando con el papa Francisco.
-¿Y por qué te lleva a comer con el Papa?
-Creo que al Papa le informan de esa situación, de que había dos argentinos y demás ahí y termina invitándonos él. Terminamos yendo a la casa. Tengo las fotos y demás. Me terminó regalando un rosario, su libro, me bendijo...
-¿Tu familia cómo se había tomado el viaje a Italia?
-Medio que me dijeron “¿adónde te vas en una semana de la nada? ¿Por qué?”. Era medio como asustadizo, pero yo confiaba en que era una señal después de todo el esfuerzo que estuve haciendo. Pensaba que si se había dado así no era porque sí, sino por todo lo que venía acumulando, trabajando, haciendo, y que fue como la recompensa cuando solté. Ahí ya entramos un poco en lo de coaching, fue como que dije: “Bueno, listo, nunca más”. Y ahí pasa eso. Termino haciendo el pasaporte, me vuelvo a Argentina, porque yo como me había ido en una semana y además tenía un dolor de decir “cuándo los voy a volver a ver”. Extrañaba mucho, habían pasado diez meses y me vuelvo después para Europa, que no tenía ningún club, y me fui al ascenso de Polonia.
-Eras un verdadero trotamundos...
-Imaginate, yo no sabía inglés, menos iba a saber polaco. Pero bueno, dije “me aventuro a esto”. Estando ahí no me salían clubes. Me había ido a vivir a la casa de unos amigos de mis papás. Yo dormía en el living, en el piso. Lo único que hacía era entrenar y esperar a ver cuándo me salía algo en Italia. Y termina pasando que no me salía nada. Le digo a un amigo: “No me sale nada, ¿qué hago?“. Y él me dice: ”Hablale a este flaco, se mueve en Polonia“. Le terminé hablando y me dijo: “Si vos querés, te consigo esto y esto, mañana tendrías que viajar”. “Sí, dale”, le respondí. Y ahí termina pasando que llego, casa en un barrio privado, contrato, todo bien. Polonia un país hermoso, muy seguro, muy económico, muy moderno también. Yo estaba en Katowice, que es a treinta minutos de Auschwitz. Pero pasan dos meses y entran en quiebra, el club desaparece. Me había frustrado cuando había pasado lo de Almagro, cuando dije “dejo el fútbol”, ahora, en esta situación, después de haber pasado tantos golpes, que me pase esto, fue como chau...
-Cuando decís que el club quebró, ¿dejó de existir?
-Sí, quebró, y no existió más el club, hasta el día de hoy. Yo decía, “¿por qué a mí?“. Haciendo tantas cosas bien o siendo tan buena persona o todo, ¿por qué se me paga así? Era como todo ese cuento que me hacía y en realidad era una preparación para la vida. Cuando me preguntan dónde te formaste en coaching, muchas veces digo, jodiendo, “en la vida”. Pero bueno, ahí yo ya estaba estudiando coaching y en ese momento tenía una deuda de siete mil dólares. Me pasa eso y fue como catastrófico. Empiezo con lo que son sesiones, uno a uno, con jugadores, armo las grupales. Después me termino yendo a Auschwitz y cuando estoy ahí me cae la ficha y me dije: “¿Qué hago acá?“. Es un lugar heavy, por la energía, muy intenso, todo lo que había pasado ahí. Ya había leído ”El hombre en búsqueda del sentido", de Viktor Frankl. Entonces fue primero lo del Papa, después estar en Auschwitz y sentí que lo mío tenía que ver con lo humano. No iba por el fútbol, el fútbol me llevó hasta allá, pero para hacer mi otro camino.
-¿Ahí se dio un click?
-Exacto. Y ahí cuando tenía que pagar todas las deudas y todo lo que tenía, fue el proceso donde quedo en la calle, después vivo quince días en la oficina del club en un colchón inflable...
-¿Y esa deuda cómo se había generado?
-Eran siete mil dólares del curso de coaching, yo me decía “no importa cómo, yo lo tengo que hacer”.
-¿Estaba referenciado ese curso? Porque hoy en día tienen mala fama algunos cursos...
-Era el único que me había cerrado en su momento para decir “dale, es acá”. Y dije: “Ya está, necesito nada más el certificado para lanzarme a laburar, porque yo la capacidad la tengo”. Confiaba mucho desde ese lado mío. Además ya me había certificado en la UTN en programación neurolingüística, había tomado muchas capacitaciones, etcétera, pero quería tener el oficial, para no tener problemas, para estar habilitado.
-Hoy cualquiera hace un curso de dos días y es coach ontológico, con el riesgo que eso implica.
-Por eso. Yo quería cuidar mi imagen, no quería hacer cosas que después me vaya a arrepentir. Terminó pasando que estaba el temor de pagar esa deuda y me tocó trabajar de albañil, armando cajas, haciendo changas, etcétera. Voy a un club a préstamo, porque el otro club estaba en quiebra, pero seguía teniendo como el contrato de ese club y para la única manera era como estar en préstamo en otro lado.
-¿En ese momento no se te cruzó la posibilidad de volver a la Argentina?
-No, porque para mí era “gano esta batalla y después vuelvo”. Sino, no vuelvo. Era como que no podía volver para atrás. Para mí era literalmente pensar que estaba perdiendo la guerra si volvía. Hay una frase que dice: “El que no acepta regalos triunfará”. Yo tenía la posibilidad de llamar a mi viejo, que me ayuden, pero eso era lo más fácil. De hecho mi familia me llamaba.

-¿Pero ellos sabían lo que estaba pasando, que tuviste que trabajar de albañil?
-No, yo les mandaba fotos entrenando con el club.
-¿Vos ahí seguías en el otro equipo polaco, a préstamo?
-Sí, y me dicen “te contratamos, pero todavía la guita no está, tiene que estar recién cuando arrancamos”. Fue una época también difícil porque en Polonia en noviembre, diciembre, enero, es tal el frío, que se suspende la liga, no se puede jugar. De hecho, es una situación en la que la gente se empieza a deprimir más por una cuestión de que el día dura desde las ocho de la mañana hasta las dos de la tarde, vivís de noche. Y siendo extranjero, vivir eso era durísimo. Las fiestas, Navidad, Año Nuevo... Mi hermana se había graduado y yo no había estado, mi cumpleaños estuvo solo. Es como muy fuerte eso. En un momento llegué a la situación de decir “¿para qué estoy acá?“. O sea, no sirvo. Fue una situación en la que realmente me replanteé en profundidad todo. Y fue como “esta es mi última bala”, lo del coaching. Y si no, me pongo a laburar (de otra cosa), no sé. Yo de hecho soy personal trainer y me dije “bueno, me vuelvo a la Argentina, me voy a una plaza, que sea lo que Dios quiera”. Pero esa era como la fácil, y yo quería los desafíos, lo tenía que superar. Ahí pensé en juntar cierto dinero, volver a la Argentina y empezar a tener jugadores, jugadores.
-¿A vos te dan la licencia y empezaste a hablar con compañeros que tuviste?
-Exacto, yo ya empezaba a hacer sesiones grupales, a hacer cursos, a dar cursos o clases. Empecé a subir contenido en Instagram, que me daba miedo, todo ese cambio de personaje, de futbolista a coach. Y ahí fue donde empecé a trabajar, trabajar, trabajar y después terminó pasando lo de Enzo (Fernández), que ahí es donde dije “es Dios hablándome”, porque no era casualidad que me suceda que llegue un jugador de ese nivel, estando yo así en esa situación, y fue ahí donde me lancé a ese abismo.
-¿Desde que arrancaste con la primera grupal o el primer jugador hasta que llegó Enzo Fernández cuánto tiempo pasó?
-Seis meses, de hecho, no me vuelvo a Argentina. Hacía todo online. Y después fue donde aparece él. Me quedo un año más, porque era como “hasta que yo no cumpla lo que dije y no cumpla con mi palabra...” Quería asentarme y hacerme un poco más sólido en ese trabajo. Era todo nuevo, emprender, dar este servicio.
-¿En que momento de Enzo aparece?
-Tres meses antes del Mundial, estaba en Benfica.
-¿Cómo fue ese momento que aparece Enzo? Vos dijiste que para vos fue como un llamado de Dios.
-Sí, porque era una señal muy clara. Yo estaba preguntándome si estaba bien haciendo ese camino, tomando ese camino, si lo mío era el fútbol. Estaba dejando veinte años de mi vida atrás.
-¿Fue por mensaje, por llamado?
-Le hablo al que era en ese momento el personal trainer de él, sin saber quién era Enzo en su momento. Mi amigo vivía en Caseros y le digo “che, si querés metete a la charla que voy a dar”, pero él me responde “no puedo, estoy en Lisboa”. Le pregunto que estaba haciendo ahí y me cuenta que lo llevó Enzo a trabajar y demás. Le dije “despreocupate, no hay problema” a lo que me dice “si estamos en tiempo libre te pongo de fondo”. Y bueno, termina entrando mi amigo con la cámara apagada. Doy la clase y al otro día termina pasando que me dice que había estado (Enzo) y a la semana me termina contactando que quería trabajar, no es casualidad, hay una frase que dice “la casualidad es la forma en que Dios permanece anónimo”.
-Mencionaste lo del Vaticano, hablaste del Papa, ¿sos muy creyente? ¿Siempre fuiste muy creyente? ¿O lo empezaste a ser?
-Es que hoy en día lo puedo ver así. Mi religión es el amor, siento que Dios es amor. Antes creía mucho en la ley de atracción, en el universo. De hecho, creo. Las energías están. Había cosas que yo sentía, era como que el sentimiento me guiaba y fue empezar a entender que había algo que me sostenía, como que todo ese camino que se fue dando, que por más que no era lo que yo quería, era lo que yo necesitaba.
-Hay muchos jugadores de fútbol que son muy creyentes, que citan mucho la Biblia...
-Sí, son muy creyentes. La gran mayoría.
-Hay mucha gente que tiene ganas de sentirlo, pero por la teoría o la cabeza no les ocurre...
-Yo creo que te llega o mismo que haya un interés de buscarlo. A mí me llegó en una meditación, como que sentí y fue de ahí tener la curiosidad de decir “no es casualidad que yo esté ahora con vos”. Vos le encontrás sentido a las cosas cuando pasan, empezás a relacionar, te das cuenta que no es casualidad. Con mi pareja me pasó lo mismo. Yo la conozco a ella en un cumpleaños, me toca la espalda y me dice: “Che, no hables de El Alquimista que yo lo estoy leyendo”. Y es mi libro favorito. De ahí termina pasando que pasan dos meses y termina siendo mi pareja. Y justo ese libro, justo eso, justo ese cumpleaños que yo no iba a ir. Son todas cosas como que tenés que estar consciente para poder verlas.
-Hay mucha gente que descree, ¿no? Con las situaciones que se viven, económicas, los enojos, la violencia...
-Y dicen “¿por qué hay guerras si Dios existe?“. Ahí es donde digo que Dios potencia lo que uno es. Dios es abundancia, entonces te va a dar más aquello de lo que vos seas. Porque si vos te preguntás qué idioma habla Dios, el idioma de los sentimientos. Entonces, lo que vos sientas lo va a potenciar. Si vos sentís escasez, más escasez, odio, más odio, ira, más ira.

-Vos tenés el libro “Futbolista consciente”, que el prólogo lo hace Enzo Fernández, pero está bueno porque no es solamente para futbolistas, porque tiene que ver con los desafíos...
-Lo sustento con tres pilares, que son: tener una identidad clara, un propósito sólido y coherencia. Esas tres cosas forman lo que yo denomino tener un “futbolista consciente”. Es para cualquier persona. Si vos, por ejemplo, te dejás llevar por lo que te dicen, estás como constantemente a la expectativa. Eso puede pasar en el laburo, en tu relación de pareja. La identidad sólida viene de dos cosas: de cumplir con tu palabra y de tener en claro tus valores. Que de hecho, cuando uno se siente valioso es porque está respetando sus valores, cuando se siente coherente. El poder tuyo no está en lo que pasa, sino en cómo accionás frente a lo que pasa, en tu actitud. Lo único que tenemos asegurado es la muerte. O sea, que la vida es un juego de incertidumbre. Y si yo quiero controlar algo que es incierto, me compro un pase a la frustración. Entonces, el pilar fundamental ahí es tener una identidad con apertura y aceptación a lo que viene. Porque sino es constantemente estar resistiéndote o frustrándote, o la lucha del ego frente a la vida.
-El 99 por ciento de la gente vive así, ¿vos ves que cambia la tendencia?
-Yo creo que cada vez más hay un cambio de conciencia. Es algo muy poderoso y creo que si hoy en día vos me diste la posibilidad de estar acá, que agradezco, de poder transmitir esto y yo sé que esto tiene impacto, que llega y que transmite, es parte, Sino, no se me da esa posibilidad de poder transmitir este mensaje o de hecho todas las situaciones que he vivido donde se transmiten. Entonces siento que sí, está creciendo, pero sí es importante esto de aceptar, elevar el nivel de conciencia colectivo.
-Ahora que tenés más exposición, ¿te preocupa el hateo? Porque debe estar mucha gente esperando que a Enzo no le vaya bien para criticarte a vos
-Sé que va a estar eso, así como pasa ahora que tal vez estoy así como más expuesto y es todo felicidad, va a pasar lo otro. El tema es que en algún aspecto yo sé quién soy y con qué intención hago las cosas. Entonces, ahí te hacés intrínseco y hacés algo sólido. Ahí es donde vos podés llevar bienestar y si vos me decís algo y yo reacciono es porque yo tenía cortado acá y vos me tocaste. O sea, yo soy el que estoy lastimado. Si vos me tocás acá, te digo: “Juan, no me toqués más”, punto y se acabó. Ahora, si yo te digo: “Juan, vos sos...” y reacciono, es porque yo en realidad estoy herido.
-Es jodido, es poder frenar ese momento...
-Son dos maneras de ver la vida. Desde la responsabilidad o desde del victimismo. Entonces, cuando vos te hacés responsable, te hacés responsable de todo y desde ahí es decisión mía lo que yo haga. Y es como que en algún aspecto tenés la libertad también de decidir y, por lo tanto, vivís más libre. Y lo que pueda decir la gente es una opinión, no es el hecho, no es la verdad, no es lo que creen que pasa. ¿Cuál es la realidad? La que vos decidas internamente.
-¿Tenés alguna ilusión para el futuro? ¿Qué te llame alguna institución o tal jugador? ¿O qué venga lo que tenga que venir?
-Bien, un poco abierto, sí. El propósito de “Futbolista consciente” es humanizar el fútbol y para eso tengo proyectado para 2030 estar en más de ciento ochenta países con la metodología, identidad, propósito y coherencia de las que hablaba recién. Sí que estoy abierto, sí que sé también que únicamente con futbolistas. No tengo a nadie con quien decir: “Uh, me gustaría trabajar con X”. Ya me pasó eso, que antes sí, tal vez estaba como en ese fervor. Sí que lo único que me puedo llegar a abrir como diciendo me abro del fútbol es a la Fórmula 1. Amo la Fórmula 1, los pilotos... la sigo bastante, pero es lo único te puedo decir distinto. Que me llame un piloto para trabajar estaría abierto. No sería ni trabajo, sería un disfrute, sentirme como un niño.
-Podemos mandarle un mensaje a Franco (Colapinto)...
-Sería ideal (risas)...
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