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Entre las redes, el boxeo y una infancia difícil: la lucha personal que convirtió a Milica en una de las streamers más populares

En Desencriptados, la creadora de contenido habló sin filtros sobre su identidad, sus relaciones y el camino de autoconocimiento que recorrió en los últimos años. También recordó la compleja dinámica familiar que atravesó durante su niñez, destacó cómo la actividad física se convirtió en una herramienta de transformación y reveló sus aspiraciones de competir a nivel profesional

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“Me gustan mucho las chicas”, reconoció Micaela Ybañez, más conocida como Milica, en Desencriptados, el ciclo de entrevistas de Infobae. La streamer y creadora de contenido habló sobre la bisexualidad, los desafíos de crecer en un entorno familiar complejo, el impacto que tuvo el deporte en su vida y el proceso de construcción de una identidad propia.

Milica se convirtió en una de las figuras más reconocidas de las redes sociales argentinas gracias a un estilo directo, auténtico y sin filtros. Comenzó a ganar popularidad en Twitter y luego expandió su presencia a plataformas como Instagram, TikTok, Twitch y Kick, donde reúne una comunidad de millones de seguidores que sigue de cerca tanto su contenido como su vida cotidiana.

Además de su faceta digital, encontró en el deporte una herramienta de transformación personal. En los últimos años se destacó en el boxeo amateur, disciplina que define como un espacio de crecimiento, descarga emocional y superación. Entre la exposición pública, la competencia deportiva y la búsqueda constante de autenticidad, construyó una carrera marcada por la resiliencia y la capacidad de reinventarse.

Desencriptados Micaela Ybañez
Milica: “Me di cuenta de que, con el tiempo, me hice demisexual”. (Adrián Escandar)

—¿Cómo te definís?

—Yo creo que soy una creadora de contenido que le gusta mucho la exigencia física.

—¿De dónde sos oriunda?

—De Mataderos.

—¿Cómo empezaste con el tema de las redes?

—Siempre me dio como mucho FOMO las redes sociales. Mi familia no me dejaba, entonces apenas tuve la oportunidad de tener Twitter, fui y me creé una cuenta. Era una rata, ahí me la pasaba tirando comentarios de mierd*. Y como crecí ahí y me di cuenta que me era fácil llamar la atención en las redes, le empecé a meter. Después lo encaminé más por el deporte, por mi estilo de vida, mostrar quién soy yo. Desde que arranqué hasta ahora es eso, mi contenido es quién soy yo.

—Es bastante real lo que mostrás.

—Por eso me funan (risas).

—¿Tenés mucho hate?

—Tuve una época muy fuerte y ahora como que bajó un poco porque no tienen fundamentos. Pero a veces tiro un poquito de leña al fuego. La gente se altera muy fácil y a mí me encanta. Me gusta estar en todos lados. Tengo mi equipo, pero yo soy la que tiene como el control de qué se sube, qué no, qué me gusta, qué no, si se corrige o no. Pero mi fuerte y el que tengo el control absoluto es mi Instagram, mi Twitter y mi TikTok. Esa soy yo al 100 por ciento.

—¿A qué edad arrancaste?

—Ahora tengo 25 años. Empecé a los 17 o 18 años.

Desencriptados Micaela Ybañez
“Prefiero mis gatas a un varón que me lastime”, confesó Micaela en diálogo con Rulo. (Adrián Escandar)

Entre la sensualidad y la autenticidad: identidad, energía y vínculos de Milica

—Sos como una especie de influencer sexy, pero además sos boxeadora. Es como que hay una contraposición ahí ¿no?

—Pasa que soy media pibito, entonces siento que saco el lado más femenino mío y en el otro lado soy yo (risas). Soy más de joder, más tranquila, más de ranchar y quizás con las chicas saco mi lado más femenino, que es arreglarme, maquillarme, vestirme e ir encontrando mi flow.

—¿Y sentís que te vestís más como pibito o más como mujer?

—Tengo mis momentos. Ahora estoy hallando más qué es lo que me gusta o como qué me representa a mí: un estilo más femenino. Pero en su momento era un pibardo porque no me encontraba tan femenina, aunque me gusta mostrarme sensual. Pero nunca tuve eso de estar muy producida con uñas, pestañas, maquillaje, peinado. El maquillaje lo empecé a descubrir ahora con Cande Díaz. Ella me va pasando tips de la ropa, de todo, y me fui hallando más, mostrando más mi sensualidad, vistiéndome mejor, porque si no estoy en culo y corpiño todo el día (risas).

—¿Te juzgan acerca de tu imagen en redes?

—Sí, siempre. Pero las redes son así...

—Pero en el fuero interno, en lo que a vos te gusta, ¿te gustan los hombres y te sentís mujer para conocer un hombre? ¿O esa parte que a vos te pasa de pibardo también te hace sentir que sos un poco bi?

—¿Un poco lesbiana? (risas). Yo siento que soy bisexual, pero no puedo estar en una relación con una mujer porque me gusta la contención del hombre en cuanto a sentirme como “la mujer de”, ¿entendés? El cariño, el respaldo, la protección, como que necesito un macho (risas).

—Se te ve fuerte, pero a la vez querés que te cuiden.

Sí, soy fuerte. Pero soy un bebé (risas). Me gustan mucho las chicas. O sea, me atrae mucho visualmente cómo es una mujer, cómo habla, cómo se viste. La sensualidad de una mujer me atrae mucho más que un hombre. Pero me gusta más la compañía, el respaldo de un hombre que de una mujer.

—¿Pero probaste estar con chicas?

—Sí, pero no llegué al acto sexual. Porque siento que es ¿para qué? O sea, como que no va más allá. En una de esas me agarra como la curiosa y voy (risas). Me da la curiosidad, pero tampoco se me dio el contexto para que pase. Pero sí me gustaría. O sea, no estoy cerrada, porque soy chica todavía, ¿viste? También es raro, porque en el mundo de la bisexualidad está el tema de la energía femenina y la energía masculina. Yo creo que soy mujer con energía masculina y que me atraen las mujeres con energía femenina.

—Bien mujer te gusta.

—Sí, como una princesita. El tema es una chica así, normalmente quien la encare tendría que ser tipo mi formato y yo no sé encarar, entonces nunca llegué tan lejos. Quizás hay alguna media extrovertida que me encare. Pero no me pasó. Y si me pasa, no va más allá del chape o de la joda en el contexto siempre de boliche. Nunca me pasó de tener una cita con una chica, pero no estoy cerrada a la idea. No me veo como de novia, pero…

—Además, sos muy conocida, ¿cuando salís se te acercan a encararte?

—Tengo carácter, entonces también siento que o se acercan y se tiran de cabeza a la pileta o son como muy introvertidos. Entonces, ahí lo vas tanteando. A mí la verdad no me gusta que me chamuye nadie. Yo prefiero más un contexto en el que se da de ranchar, de hablar y ver si hay feeling. Me di cuenta que, con el tiempo, me hice demisexual. ¿Sabés qué es?

—Que estás solo con los que realmente querés y te enganchás desde el corazón. ¿Vos cómo lo definís?

—Yo no puedo estar con una persona porque me parezca solamente linda y ya, porque me parecen lindas un montón de personas. Pero no por eso me genera como una atracción sexual. O sea, como que me gusta, me parece fachero todo, pero me da como más ganas de conocerlo para ver si conecto con esa persona, sino me parece una pérdida de tiempo. No quiero gastar mi energía en eso porque no lleva a nada.

—Quiere decir que mientras no tenés novio ni chongo, estás sola con tus gatos.

—Sí, porque también es un tiempo para conocerme a mí. A veces me dicen: “¡Ay! Estás sola”. Yo no estoy sola, yo voy al baño y estoy acompañada, yo voy a mi cama, estoy acompañada, yo voy a la cocina, estoy acompañada, voy a entrenar y también tengo a mis amigos... Nunca estoy sola. Siempre tengo compañía y la verdad prefiero mis gatas a un varón que me lastime.

—¿Y esa energía masculina alguna vez te jugó en contra con algún hombre?

—Sí, obvio. Me pasó estando de novia de que había muchas situaciones en las que yo tenía la iniciativa, la intención de resolver las cosas y esto de estarle atrás a la persona. Normalmente, viste que suelen decir que la mujer es la que hace el drama y el varón el que dice: “¡Uh! Qué rompev*s”. En mi caso era al revés. Yo era la que estaba diciendo: “Che, qué rompev*s”. Y me sentía como en un pov que no me gustaba y dije: “No. Por acá no es”. También tengo mi lado de mujer, ¿no? Me la pasaba llorando y en un momento dije: “¿Yo con él me quiero proyectar a tener hijos?” O sea, como que lo proyecté más a futuro y no me podía ver con él.

—¿Vos siempre que salís con alguien sentís que es para toda la vida? ¿Nunca salís con uno que decís: “Bueno, es temporario”?

—Tuve chicos que sabía que no iba a ir más allá. Pero la pasaba bien. Sabía que iba a quedar ahí. Pero es como que me cambia todo cuando pasa eso. Como que soy un poquito más apagada, me cambia mi forma de ser. Pero con la persona con la que yo me veo es diferente… Con el último chico que estuve dije...

—Este podría ser.

—Claro. Empecé a pensar en proyectarme y ahí me di cuenta de que me gusta más eso, porque me cambia la energía de todo. Soy como más entregada, más enamorada y me gusta esa versión de mí. No me gusta la que es solamente sexual, que cog*s, vas, venís, tardás tres días en responder. Odio eso, porque me di cuenta que cuando me gusta alguien estoy tan entregada, pendiente a cómo se siente, cómo está. Entonces, si desaparece me preocupo porque digo: “Che, ¿está mal? ¿Está bien?”

—¿Y te rompieron el corazón alguna vez?

—No me rompieron el corazón. Pero sí sentí el dolor de que no funcione algo y ser consciente de que no se puede dar lo que querés. Eso me duele. Porque soy muy resolutiva. Me gusta siempre buscarle el pelo al huevo y decir: “Che, lo resolvemos”.

Desencriptados Micaela Ybañez
"Yo siento que soy bisexual, pero no puedo estar en una relación con una mujer", admitió Milica durante la entrevista. (Adrián Escandar)

Infancia, violencia y resiliencia: el origen de su fortaleza

—¿Cómo fue tu infancia? ¿Cómo es tu relación con tus viejos?

Mi familia es bastante disfuncional. Mis papás están separados ya hace como siete u ocho años. Yo tuve mucho feeling con mi abuela de parte de mi mamá. Siento que mi mamá fue mi abuela. Ese cariño incondicional lo tuve por parte de mi abuela. Mi mamá, en cambio, es una persona que actualmente tiene trastornos mentales. Está diagnosticada con bipolaridad, con trastorno de personalidad y un montón de cosas que hicieron que mi infancia sea bastante fea. O no fea, sino de que muy distinta al formato de familia ideal. Pero también mi infancia hizo que sea quien soy hoy. La verdad es que no puedo modificar ni nada, pero sí lo pude trabajar con un montón de ayuda...

—Pero ¿tenías un hogar violento?

—Sí, el contexto de mi familia era violento. Mi mamá era policía. No tiene que ver con eso, pero yo le traté de buscar una explicación. Porque obviamente el maltrato nunca tiene una razón ni está justificado. No es algo que se tiene que llevar a cabo. Pero yo siento que el contexto de mi mamá siempre fue como muy violento, de enseñar a la fuerza, a los golpes. Entonces, yo me crie en ese contexto violento en el que me daba miedo mi mamá.

—¿Te daba un sopapo si no entendías algo?

—A veces era sin motivos y, con el tiempo, la violencia fue creciendo mucho más. Era no hacer la tarea y que me pegue al punto de hacerme daño. Tengo cicatrices en la cara de cortes que me ha dado por golpearme la cara en la bañera. Pero eran boludeces para la gravedad en la que ella tomaba la decisión de pegarme. Era por no hacer la tarea, por no ordenar la pieza o por pelear con mi hermana. Yo la verdad no era una santa, pero tampoco es que hacía algo totalmente loco, ¿entendés? Una vuelta me pegó que por no hacer la tarea, me agarró con la mochila y ¡pa! me la dio en la cara. Se me infló un huevo parecía el jorobado de Notre Dame, que tiene como los dos ojos inflados. Me lastimaba a un punto en el que ya se me notaba y, cuando se me notaba, era buscar qué mentira decir en el colegio o a mi papá. Mi papá siempre fue muy trabajador. Se levantaba a las seis de la mañana, nos llevaba al colegio y abría a las siete el taller mecánico hasta las ocho de la noche que cerraba. Siempre papá era muy sacrificado.

—¿Vos sentís que te convertiste en boxeadora para que nunca más alguien te levante la mano?

Yo siento que el boxeo me ayudó mucho a sacar todo de adentro. No es angustia, pero sí es como sufrimiento que tuve. Es como hacer una descarga y sentirme más yo. Me hallé en el boxeo, la verdad.

—Arrancaste como un juego porque ahora se puso de medio de moda estas peleas entre influencers y streamers, pero te metiste y te fascinó.

—Sí, al principio fue raro. Me chocaba que me peguen y me generaba mucha frustración. Yo acepté pelear la primera vez porque me encanta entrenar y la exigencia física. En mi mente dije: es como un reto más. Hasta que empecé a hacer sparring y decía: “¿Dónde me metí?”. Ahí me di cuenta que estaba tan traumada con los golpes, que me chocaba y me daba más bronca. Pero al mismo tiempo, si me enfocaba en querer mejorar, sacaba un mayor potencial. Entonces, el boxeo me ayudó mucho a descubrir quién soy yo.

—¿Cuántas peleas tenés en este tipo de eventos?

—Cuatro y ya tengo tres cinturones. La primera para mí, por cómo me preparé y tan solita así que me mandé al mundo, valió doble aunque la perdí. Porque en ese momento no tenía equipo, no tenía nada. También mi mamá, en ese lapso aparecía demasiado haciendo secuencias muy perturbadoras, porque mi mamá siempre fue como muy del drama. Yo siento que mi pelea de boxeo en vez de tenerla arriba del ring, la tuve una semana antes con mi mamá en mi casa, porque se metió a mi casa mientras nosotros estábamos en la entrega de diploma de mi hermana. Entonces, yo estaba con la cabeza en la pelea. Pero cuando pasó eso de mi mamá, me di cuenta que toda mi energía y mi atención quedó en ese momento, porque toda esa semana, que fue la semana de la preparación para la pelea, ya los últimos días yo estaba en otra. Arrancar perdiendo la posta es una mierd* (risas). Pero seguí y las demás las gané todas.

—¿Te gustaría ser boxeadora profesional? ¿Te lo imaginás?

—Este año lo pensé y lo estoy hablando con mi profesor, Mariano Carrera, que es un campeón del mundo. Me gustaría tener mi libretita y ver qué onda. Pero también soy creadora de contenido y el boxeo, haciendo preparaciones más profesionales, no porque yo sea profesional, sino porque mi profesor es profesional y mi preparación es en base a la que mi profe me arma, se vuelve más de élite. Y la verdad que me hace mucha ilusión. Pero al mismo tiempo es muy sacrificado porque requiere mucha dedicación. Entonces necesito un balance entre las redes y el boxeo.

—En estas pelean hay varias conocidas, por ejemplo, Flor Vigna. ¿Cómo la vez? ¿Te gustaría pelear con ella?

—Sí, lo hablamos. No sería una rival para pelear porque no quiere pelear conmigo. No es por no animarse, sino porque no busca una rivalidad conmigo. Yo le dije de que podemos hacer dos y dos. Dos argentinas contra, no sé, dos mexicanas, dos españolas. En el caso de que se dé, yo siempre voy a buscar ganar, obviamente, porque es ese hambre de querer tener la victoria.

—Me muero por ver la pelea contra Flor Vigna, ¿eh?

—Sí, sería épica. Lo que tiene Flor Vigna es un cardio increíble. Yo creo que siempre mi ventaja es la fuerza y la técnica. Entonces estaría buena la pelea, la verdad.

—Así que bueno, Flor, estás re cagad* (risas). No mentira, es broma.

—Te comiste los mocos Flor (risas). Veremos qué pasa.

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