Clement nació hace 25 años en Saint-Mandrier-sur-Mer, una península perteneciente a Toulon, al sur de Francia, bañado por el mar Mediterráneo. Estudia una carrera de recursos humanos en Clermont-Ferrand, enclavada en el centro de Francia. Y en enero de 2024, mientras realizaba un intercambio en una universidad mexicana, conoció a una mujer argentina, un año menor. Todo pasó rápido. Fueron dos años y medio intensos: viajes, , aventuras, primera veces desbloqueadas y la sensación de haber acertado en el riesgo. Hoy Clement vive en Argentina y quiere quedarse en Argentina. La que no está tan segura de ello es Maitena, su novia, la responsable de haberlo traído, por su deseo primogénito de antes de reinstalarse en un lugar vivir experiencias en distintas partes del mundo.
La de Clement y Maitena es una historia de amor atravesada por otro enamoramiento: el de él con Argentina. Lo que él sabía del país era lo que los mundiales de fútbol enseñan, poco más. Lo que lo enamoró se distribuye en tres grandes conceptos: el asado y su ritual de disfrute, la gente y la permeabilidad de forjar vínculos, las banderas y el orgullo de ser parte de un todo. “Me enamoré -describe-, me pareció loco al principio pero me enamoré de un país a más de 10.000 kilómetros de distancia del mío”.
La comunicación entre dos personas que provienen de dos mundos distintos y simplemente se encontraron, el lenguaje mixto, la construcción verbal, los viajes de turismo en el territorio nacional, lo que pasa alrededor de una pareja que se entrega al amor, los miedos propios y los miedos ajenos, la proyección de quienes se conocieron viajando, cómo congeniar momentos y lugares, el espíritu de una argentina que quiere conocer el mundo, la fascinación de un francés que quiere conocer más de Argentina y cómo hacer para que un amor funcione.
“Nos conocimos hace más de dos años de intercambio, porque yo me fui de intercambio con la UBA. Yo estudio Arquitectura en FADU. Y por suerte conseguí, gracias a lo académico, una beca para irme a México. Y él, por el otro lado, en Francia consiguió para irse a México también. Y nos conocimos porque justo caímos en la misma Universidad, áreas diferentes, yo con arquitectura, él con recursos humanos”, dice Maitena antes de que Clement agregue “pero ella tenía un año de intercambio y yo tenía solamente seis meses”.
M —Así que ese fue como el desafío de entrada...
C —De empezar así, sabiendo que íbamos a hacer una relación a distancia.
—Nació como una relación a distancia.
M —Nació como algo temporario porque iba a ser por unos meses del intercambio. Vamos a estar juntos pero sabíamos que tenía un fin, una fecha que era cuando se terminara el intercambio de Clem.
C —Además cuando tenés casi 11.000, 12.000 kilómetros de distancia entre Francia y Argentina. Es una locura, no podías pensar en hacer una relación.
M —Es insostenible. Y otro idioma también.
—Claro. ¿Vos hablabas español ya en ese momento?
C —Sí pero un español más de España. Poco a comparación de ahora. No me sentía bien para hablar o entendía poco que ahora sí, todo.
—¿Vos francés?
M —Yo cero, imaginate. Yo no sabía nada de francés.
—¿Cómo se comunicaban?
M —En ese momento cuando nos conocimos fue todo un tema porque empezamos a desarrollar como nuestro propio lenguaje digamos, que es entre el español y el inglés. Clem sabía español, que era justamente porque consiguió el intercambio en México. Y también tenía desarrollado el inglés, yo también, entonces dijimos, “inglés-español hagamos un mix y tratemos de comunicarnos de esa forma”.
C —Sí, eso era muy divertido porque había veces que no sabía la palabra en inglés y la ponía en español. Y después un poco de francés cuando ella empezó a aprender. Hicimos de una mezcla de idiomas.
—¿Vos conocías Argentina?
C —No conocía a Argentina.
—¿Y vos Francia?
M —Nunca había ido a Europa.
—Se conocen en México y ninguno conocía el país del otro.
M —No, no, cero. De culturas no mucho tampoco.
C —Yo no conocía ninguna costumbre ni la cultura argentina. Capaz un poco con la Copa del Mundo. Esta final excepcional que vivimos. Pero después no conocía mucho.
—¿Qué pasa cuando tenés que volver? Porque se termina tu intercambio.
C —Sí, lo que pasó es que ya tenía unas vacaciones de verano del intercambio. De México nos fuimos a Argentina. De sorpresa. Para conocer la familia, la cultura, la gastronomía. Nos quedamos casi tres semanas. Y me encantó. Me enamoré. Es algo que me pareció loco al principio pero me enamoré de un país a más de 10.000 kilómetros de distancia del mío. Y después también la amistad y su familia fue excepcional.
—¿Ustedes ya estaban enamorados o estaban viendo?
M —No, ya a esa altura ya era más que confirmado.
C —Sí, después de dos meses (risas).
M —Nosotros nos conocemos en enero del 2024 y esto fue para mayo. Y fueron cuatro meses de intensidad y de conocernos. Y viajamos en México también.
C —La experiencia del intercambio la vivimos juntos cada día. Nos conocimos en un bar de salsa. Y después de este bar de salsa, que yo no sabía bailar, siempre estábamos juntos.
M —Compartiendo, sí. Empezó como algo esporádico. Y de la nada cada vez dos veces por semana, hasta que me mudé con él y terminamos la aventura juntos de ese semestre.
—Pero ahí todavía se planteaba que se iban a tener que separar.
M —No, ahí hicimos: teníamos que poner 50 y 50 para que la relación funcione. Y cuando hicimos ese viaje para Argentina antes definimos que yo me sacaría la VISA working holiday para Francia, que es una VISA que te habilita por un año completo trabajar legalmente en Francia.
—¿Vos se los llegaste a contar a tus papás?
M —Obvio. Con mis papás me llevo muy bien. Por suerte mi familia y Clem tienen una relación muy fuerte y muy linda. Y me re bancaron también porque era una locura. Imaginate, yo venía de México, pisé a Argentina y dije “me voy a Francia ahora”. Con un francés en la mano (risas).
—¿Ellos sabían que venías con un francés?
M —No, no sabían que yo iba directamente. Yo les aparecí de sorpresa en casa un día. Tocamos timbre y aparecimos. Solamente mi hermanito era el único que sabía que nos ayudó. Mis amigas nos buscaron en el aeropuerto y nos fuimos tres semanas a Argentina. Porque yo le dije obviamente no me voy a ir a Francia sin antes ver a mi familia.
—¿Y a vos qué te pasaba? Conocer a tus suegros en otro país. Hablando a medias.
C —Sí, pero más que medias, no sabía nada.
M —El argentino era nulo.
C —Y más el lunfardo, las expresiones. Era muy lejos de mi vocabulario, lo poco que tenía. Pero conocí una familia excepcional. Y además de la familia todos me abrieron las puertas de sus casas dándome la bienvenida. Y eso no pasa eso en Francia.
—¿No?
C —Hay que conocer la gente dos, tres veces afuera para que te invitan a su casa.
—¿En Francia de dónde sos?
C —Del Sur de Francia. Y entonces es un poco más, si podemos decir, copado.
M —Sí. Esa era la buena parte de todos, que en la parte costera de Francia generalmente son más sociables, los más cálidos. Que era a diferencia capaz del Norte o de París que es lo que uno escuchaba antes. Porque yo no conocía ningún francés antes. Entonces era como “¿y qué? ¿Y es buena onda? ¿Y se baña?”. Y cosas así. Las típicas preguntas.
—Viniste primero a Argentina y después a Francia, hasta que volvieras a México.
M —Exacto, de Francia a México. Trabajé esos tres meses que me voy.
—¿Qué te encontraste en Francia?
M —Imaginate si Clem tenía ese nivel inicial de español imaginate yo llegando a Francia en su pueblo muy barrial.
—¿Cómo se llama?
C —Se llama Saint-Mandrier-sur-Mer. Es al lado de Toulon. Tenés Marsella, Niza, y Toulon está acá, y Saint-Mandrier es una casi isla.
M —Casi una isla, sí. Como que todo nos fue saliendo muy positivo. Todo. Cada paso que seguíamos salía bien. Yo sin tener el idioma porque era, imaginate, recién estaba aprendiendo las palabras “hola, cómo estás, un gusto”. Yo no sabía comunicarme con la familia de él. Y de la nada nos fuimos. Yo no sabía ni decirles “quiero tomar agua”. Cosas básicas. Y era un desafío también para mí personal. Re lindo porque es algo que capaz hacía un año antes de irme a México no me lo hubiese ni imaginado. Y la verdad es que cuando llegué a México lo único que aprendí fue francés. Porque el 90% de los estudiantes de intercambio eran franceses.
—¿Cómo fue con la familia de Clem?
M —Nos llevamos muy bien. Esa primera vez era todo muy…
C —Fue un choque cultural.
M —Sí, fue un choque cultural porque también era llegar a otra casa que yo no conocía. Igual yo también iba positiva: si Clem es buena onda, la familia va a ser buena onda. Y al final fue así. Todos los mitos que yo tenía de capaz de los franceses, tirados a la basura completamente.
—¿Cuáles eran los mitos?
M —Era lo que varias personas me lo preguntaban también. Esto de que si son limpios, si son buena onda, si te tratan bien. Obviamente hice el esfuerzo de tratar de hablarles en francés porque, eso es verdad, el inglés y el español les cuesta mucho.
—¿Es mala educación no hacer el esfuerzo de hablar en el idioma?
C —No sé si decir mala educación pero si la persona está intentando hablar mi idioma entonces le voy a abrir las puertas de mi casa. Para mí es el paso a dar para tener una buena relación con un francés.
—¿Qué hay de este mito de que son mala onda?
M —Por suerte conocí muy profundo todo lo que es la familia de Clem, los amigos. Tiene muchos amigos en Francia y también las novias de los amigos. Así que yo me sentí cómoda al 100%. Nunca me pasó ninguna situación rara. Y de hecho hoy en día te podría decir que me siento más cercana con sus amigos que con mis propios amigos de toda la vida argentina.
—Te van a odiar.
M —Sí, me van a odiar con lo que acabo de decir pero no sé... También lo que pasa es que su grupo de amigos tienen eso de viajar de aventuras y no sé si es disfrutar la vida porque es como la forma que hacemos nosotros. Hay una de las novias que también es de España entonces pude hablar español con ella. Pero siempre muy amorosos todos. Todos me trataron muy bien ayudándome con el idioma.
—¿Es un mito que son antipáticos?
C —Voy a decir “mitad y mitad”. Porque hay unos que sí son, vamos a decir, complicados para hablar o intercambiar con ellos. No te van a hablar. Pero hay unos que es como los argentinos. La parte del Sur de Francia es así. A la gente le encanta disfrutar, compartir o invitar a tu casa para hacer un asado, una barbecue. Pero sí, 50 y 50.
—¿Hay vida social? ¿Se desarrolla?
C —Sí, hay mucha. Pero es una vida social diferente. Acá vamos a tomar un mate, unos bizcochitos. Y en Francia es más tipo una picada, vamos a tomar un vinito, unos quesos, obvio.
M —Lo que más extraña es la comida.
—¿Hay un mito sobre los franceses y el baño?
C —¿Puedo responder? Para mí vamos a decir que tenemos algo del bidet por ejemplo…
M —Que no existe allá. O sea, no lo tienen.
C —Que existía pero que de la nada se anuló. Era solamente en las casas viejas el bidet. Como en la casa de mi abuela. Pero ahora no existe más. Es un lujo para mí.
—En realidad te quedaste en Argentina por el bidet.
C —Solamente.
M —¿Te imaginás?
C —No, no, hay muchas cosas pero sí, es un lujo. En general los franceses se bañan mucho. Se ponen muchos perfumes. Capaz si vas en el metro parisino a las siete de la mañana es algo diferente.
—¿Él se baña todos los días?
M —Desde que lo conozco es más limpio que yo. Entonces era como no entiendo. ¿Hay alguien que es sucio al final? Y no. En su familia, son súper limpios. La familia justo de Clem tienen hasta un TOC con la limpieza. Entonces digo cómo puede ser esto que de la nada yo escucho que son sucios pero vengo y son más limpios que en mi propia casa.
—¿Vos cuántas veces fuiste a Francia?
M —Yo no había ido nunca a Europa y en 2024 fui tres veces. Para hacerlo sostenible en el tiempo cuando yo vuelvo para México después de que pasamos todo el verano y demás, se hizo más fuerte la relación aún. Y a mí me quedaban de agosto hasta diciembre cursada en México. Y entonces lo que pactamos fue que a mitad del viaje, me junté todas las asistencias de la universidad y fui tres semanas para Francia, para Clermont-Ferrand, donde él estudia. Después volvimos a México, terminé la cursada. Por suerte todo muy bien.
—Pero en algún momento tenían que pensar dónde instalarse o no.
M —Sí, cómo estar estable.
C —No sabíamos mucho dónde íbamos a ir. Pero al final encontramos nuestro destino, me parece.
M —En Argentina.
—¿Cómo fue esa decisión, Clem?
C —Fue complicado. Yo quería vivir en Europa. Tenía en mente capaz de vivir en España o en Italia, quería viajar. Y después conocí a Mai y mis planes cambiaron. Y con la primera vez que llegué a Argentina tuve una muy buena sensación, algo que me dijo “tenés que intentar, tenés que seguir capaz el sueño y vivir tu experiencia con Maitena”.
—¿Pasó algo más allá del vínculo con Maitena, con vos y Argentina sentís?
C —Sí, literalmente. Para mí lo que más me sorprendió es la gente, cómo te abren las puertas, te dicen “si querés la próxima vez vamos a comer un asado juntos, una copa de vino”.
M —Sí, un día estás en San Luis, “avisame y te invito a un asado”. Así, comentarios muy positivos.
C —Pero lo que más me sorprendió es solamente una relación o una charla en la calle y que después puedes conocer a alguien y crear una amistad. Y es esta cosa que me sorprendió y que me dijo “quiero intentar”.
—¿Y cómo fue contarle a tu familia que querías venir a vivir a Argentina?
C —Eso fue un poco complicado más para mi mamá. Mis papás están divorciados. Y ella entonces estaba como “me encanta Maitena pero...”. Ella estaba un poco emotiva extrañando a su hijo, lo que parece normal. Y después hablé con mi familia y me dijeron “perfecto, tenés que intentar”.
—Aparte Argentina es lejos realmente. ¿Cuándo te instalás en acá?
C —Llegué en Argentina en julio del año pasado.
—Y ahí empezás a contar un poco en tus redes, ¿no?
C —Sí. Un francés viviendo en Argentina con una pareja argentina, franco-argentina, y probando gastronomía, viajando en Argentina y mostrando la belleza de este país.
—Debés haber conocido lugares de Argentina que antes no conocías.
M —Hasta pararme en el Obelisco. Algo tan simple como ir al Obelisco que lo hice con Clem.
—Que uno a veces hace esas cosas cuando es turista en otro lugar y no en su propio país.
M —Sí, en realidad también lo que más nos gustó fue cuando la familia Clem tuvo la posibilidad de venir a visitarnos. Verlo con otros ojos capaz, con otra cultura y que ellos mismos se vayan… 10 de 10. Les pareció Argentina uno de los mejores viajes que hicieron. Y con todos los paisajes que ellos cuentan en Francia. Francia es un país divino y sin embargo les encantó Argentina.
C —Recomiendan Argentina. Sus amigos están diciendo “tenés que ir a Argentina, hay que viajar”.
—Quiero que hagamos el ranking de las cosas que te sorprendieron. Recién me hablaste del bidet. No sé qué lugar ocupa el bidet en este ranking.
C —No, el bidet no es el primero. Lo primero sería el asado para mí. Como experiencia. No solamente la comida. La gastronomía del asado, las horas para prender el fuego, después tomar una copa de vino, charlar entonces con mi suegro, por ejemplo. Pero cosas de la vida. Y tomar este tiempo para disfrutar de la vida, comer bien, disfrutar con la familia, para mí es mi primero, mi número uno.
—El ritual.
C —Es el ritual, sí.
—¿Qué más?
C —Después del asado que me sorprendió, sería la gente. La gente es tan abierta que podés crear una amistad de cero hablando en la calle. Después el tercero capaz es algo muy raro pero es la bandera de Argentina.
—¿Por qué?
C —Me sorprendí, estoy sorprendido ahora. La vimos justo antes de llegar. Siempre la bandera de Argentina está como flameando en la ciudad. Pero en todos lados, en un departamento, en la estación de nafta.
—¿Hay algo del espíritu nacionalista sentís?
C —Sí, del orgullo argentino y eso me gusta mucho.
—Estamos acercándonos al Mundial. Preparate.
C —Estoy preparado.
—¿Lo vas a ver acá el Mundial?
C —Porque tengo fe en las dos selecciones. Yo voy a hinchar Argentina cuando estén jugando contra otras selecciones y Francia…
—No, no, por alguien vas a tener que hinchar Clem.
C —Pero vamos a ver, espero que no se crucen de nuevo.
—¿Vos por quién vas a hinchar?
M —No, Argentina, obvio. Y Clem si está en suelo argentino va a tener que hinchar por Argentina me imagino.
C —Sí, sí, sí, obvio…
—De objetos hablamos del bidet. ¿Qué otra cosa te sorprendió?
C —¿En una casa, por ejemplo? ¿Qué sería? Capaz vamos a decir para calentar el agua.
—¿La pava?
C —La pava. Es que acá se usa siempre. Que yo no tengo la pava en mi casa por ejemplo.
—Hay algo de la forma de hablar ¿no? De ciertas frases.
C —Sí, sí, sí. Por ejemplo, cuando estamos hablando en la mesa, estamos hablando de todo, de cosas del día, y cuando llegué me sorprendí que están hablando muy fuerte.
M —Sí (risas). Como el italiano creo yo. Muchos gestos.
C —Sí. Y al principio estaba como, “guau, qué loco que hablen tan fuerte así”. Porque en francés más, cómo ça va, cómo ça va.
—Yo los vi en un video ustedes en los que vos les tenías que explicar cómo se dicen acá ciertas cosas.
C —Sí, el lunfardo.
—¿Qué te sorprendió y ahora palabra estás usando?
C —El quilombo. Quilombo es mi palabra favorita. Quilombo. Después boludo, por ejemplo. En francés sería frérot, que es como hermano. Y se usa mucho también. Pero el boludo se escucha de todos lados. Es una locura.
—En un momento decías que acá no se dice “qué fiaca”, se dice “qué paja”.
C —Paja. La paja, sí. Y lo uso mucho también, paja.
M —Sí, usamos mucho lunfardo. En mi casa usamos mucho lunfardo así que creo que el argentino te pegó directo en el corazón.
—¿Qué recorrieron acá?
C —Oh, bastante.
M —Cuando vino tu familia recorrimos más. Por suerte tuvimos la posibilidad de que vinieran los dos papás de Clem.
C —Fuimos al Sur, al fin del mundo, Ushuaia. Después fuimos a El Carfate, los glaciares, hermoso. Me quedé sin aire, sin palabras. Y después la Patagonia, Bariloche también.
—Los vi en Iguazú también, ¿no?
M —Fuimos para Iguazú.
C —Sí, hasta que una mariposa se paró en mi nariz. Fue un momento espectacular ese.
M —Lo mágico también que tiene Argentina.
C —Tenés tantos paisajes muy diferentes. El fin del mundo hasta Misiones. Y podemos hablar de la tierra también en Misiones. Es una tierra de color como roja.
—¿Cómo fue tu encuentro con el mate?
C —Tenemos un video en México la primera vez que probé el mate. Y la primera vez que probé el mate fue un poco especial. Parecía un té para mí pero muy fuerte. Y después me parece que es más la costumbre de tomar el mate que al final el producto, el momento de disfrutar.
—El ritual, lo mismo que decíamos del asado. ¿Te gustó la primera vez?
C —No. Perdón, perdón, pero no.
—¿Y tomabas ahora aunque no te gustaba?
C —Ah, sí, sí. Ahora es un mate por día. Ya me estoy levantando y estoy preparando el mate.
M —Sí, sí. Se volvió fan. De no gustarle, le encantó después.
C —Es que es todo, y el proceso de prepararlo también eso es algo muy copado.
—¿Y acá viven juntos o viven separados?
M —No, vivimos juntos.
—¿Y cómo se llevan en la convivencia?
M —Excelente.
C —Para mí es que hay que hacer concesiones también. Que a ella le gusta hacer algo tenemos que ir. Yo también. Siempre podemos tener un roce. La parte complicada de nuestra pareja es que hay veces que, por ejemplo, yo no voy a poder explicar lo que quiero explicar, ella capaz va a entender algo diferente o yo voy a entender algo diferente.
M —Desde que nos conocemos los conflictos minis que tenemos es por tema de comunicación del idioma. Capaz él me dijo algo, no sé, en inglés. Yo le dije “no”, pero en inglés no es eso. Igual hoy en día que tenemos los tres idiomas como que es más llevadero y ya se entiende.
—¿Se quedan acá?
M —Es todo un tema. Creo que va a ser depende cómo se siga desarrollando el año o no.
C —Sí, pero por el momento como viene estamos muy bien en Argentina. Y me parece que vamos a tener mucho éxito. Tengo fe.
—¿Te imaginás formando una familia acá?
C —Sí, porque para mí hay muchas cosas diferentes de Francia pero algo me gusta mucho acá en Argentina. Es que me veo vivir en los dos países pero tengo algo con Argentina. No solamente con Mai, pero tengo una historia en Argentina.
—Son dos historias de amor. Te fuiste enamorando de una mujer y de un país y sus costumbres.
C —Sí, literalmente. Al final del país.
—¿Vos te imaginás la vida acá?
M —No (risas). Ese fue el tema, porque desde que lo conocí me encantó ir a Europa. Yo siempre me quise ir. Desde hace unos años ya que viajo mucho y me encanta viajar. Si fuera por mí seguiría unos años más viajando todavía.
C —Pero siempre tener un pie en Argentina para mí si viajamos.
M —A mí me encanta volver, obvio. Pero después de un tiempo que compartí con mis amigos y mi familia agarremos de vuelta las valijas y vamos.
—Pensé que ibas a ser la que te querías quedar acá y que había que convencerlo a él.
C —Es al contrario (risas).
M —No, no, no. A mí me encanta Argentina. Me estoy enterando ahora de que quiere quedarse en Argentina. Sabía que tiene muchas ganas de vivir en Argentina pero a nivel futuro. Así que vamos a ver, sí.
—¿Qué sueñan chicos, que quieren que pase?
M —Y a nosotros nos gustaría seguir teniendo esa parte del viaje pero al mismo tiempo encontrar esa estabilidad que ahora estamos recién encontrando en Argentina. Pero eso, no perder esa pizca de viaje que creo que toda la vida la vamos a seguir teniendo porque si su otra mitad está en Francia vamos a viajar sí o sí. Lo cual a mí me encanta.
C —Capaz tener dos pies, uno en Francia y uno en Argentina. Seis meses y seis meses.
—¿Qué fue lo más difícil? ¿Qué fue lo que más costó?
C —Para mí fue, sí, capaz la distancia y también el idioma. Hay veces que es complicado. Hay veces que a la noche estás un poco cansado de hablar en otro idioma o de hacer la mezcla porque hablamos francés, inglés y castellano.
M —Claro, nosotros desde el día uno automáticamente nos vemos y hablamos en inglés siempre. A menos que estemos con personas como ahora o con mi familia en español. Estamos con la familia de Clem en francés. Yo pude aprender francés. No soy como Clem.
C —Pero muy bien.
M —Pero es un idioma muy difícil. Yo no sabía ni decir hola y hoy en día me comunico, hacemos videollamada y, por suerte, llevar una hora de videollamada con gente toda francesa para mí es un re logro y a mí me encanta, sí.
C —Nunca aprendiste con un profesor.
M —Nunca fui a clases, claro.
—¿Qué le dicen a esas parejas que se están conociendo y son de distintos países y sienten que puede costar mucho?
C —Para mí yo le iba a decir que hay que intentar. De no decir que es, hay una distancia increíble, es una locura, pero hay que intentar. Y si sentís que es la buena persona hay que intentar. Hay que disfrutar de todos los momentos y hacer decisiones también.
M —Sí, la vida cambió mucho. Hace dos años atrás yo tenía una vida rutinaria, vida francesa rutinaria. Y hoy en día cada día que hacemos un pasito más adelante es como una suerte que tenemos.
—Y por último, ¿qué le decís a muchos argentinos que sienten que afuera, que en otros países, todo es mejor que acá?
C —Si ellos quieren viajar a España, Italia, es algo bueno para aprender un poco lo que pasa afuera, pero que siempre te vas a volver para mí.
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