“Yo me siento que me quedé en los 17, ¿viste? Sigo viendo a los grandes como grandes, y tal vez me llevan apenas 10 años. Me da mucha ilusión eso que dicen de que por ahí vamos a vivir hasta los 120 o 125 años”, expresó Fernando Dente —actor, cantante, bailarín, director de escena y conductor— durante una distendida charla en Casino Deluxe, el ciclo de entrevistas de Infobae.
Dente es uno de los grandes referentes de la comedia musical argentina. Alcanzó la popularidad en 2007 al consagrarse ganador de High School Musical: La Selección, logro que lo llevó a protagonizar High School Musical: El desafío. Desde entonces construyó una destacada trayectoria sobre los escenarios con títulos como Hairspray, Despertar de primavera —obra por la que obtuvo un Premio Hugo al Teatro Musical—, Casi Normales, La novicia rebelde, Peter Pan, Kinky Bootsy Company.
Además de su carrera como intérprete, se consolidó como director de escena y conductor de televisión y streaming con ciclos como Noche al Dente y Paraíso Fiscal. En la actualidad combina su trabajo artístico con la dirección de grandes producciones teatrales, lo que lo posiciona como una de las figuras más influyentes del género en la Argentina.
En la entrevista también habló de su rol como director de Hairspray y de cómo fue cambiando el significado de la obra desde su estreno hasta la actualidad. “El corazón de Hairspray es ser quien sos. Basta de tanto lío, de tanto odio, de tanto grito. Paremos y bailemos, pongamos el cuerpo y encontrémonos ahí”, reflexionó. El musical se presenta en el Teatro Coliseo con funciones de miércoles a domingo y un elenco encabezado por Damián Betular.

—Vamos a arrancar con el primer juego, pero para eso quisiera saber qué es lo que vos harías con un millón de dólares.
—Una parte le regalaría a las personas que me dieron como esas primeras oportunidades, ¿viste? Hace poco se viralizó, no sé si era verdad o no, creo que George Clooney invitó a todos sus amigos a comer a su casa y abajo del plato había un cheque como de un millón de dólares para cada uno y eran sus amigos que lo habían bancado cuando él empezaba y no tenía donde vivir, los que le prestaron plata… Algo de eso haría, no sé, a mi amiga Vane Butera, que fue mi garante toda la vida en los departamentos que alquilé, hasta que compré mi casa, productores que confiaron en mí, amigos y a mi equipo, podemos poner 200 mil ahí y lo dividimos así vamos con varios.
—¿Y con lo demás? ¿Qué harías?
—Una parte la invertiría. O sea, le pagaría a alguien que sepa mucho de eso (risas). Porque me siento medio arcaico con ese universo. Por ahí cambiaría el auto, como un chiche...
—Como un gustito material.
—Sí. Y me alquilaría una casa para el verano. Una grande. Aunque me sobra un montonazo de plata con lo que te estoy diciendo, ¿eh?
—Para invitar a todos tus amigos, tu gente...
—Sí, exacto, como base. Hoy no me compraría propiedad. La tendría la plata moviéndose y la otra para devolverle a esa gente que me acompañó porque obviamente van a preferir la plata. Pero sino otra opción es hacer un viaje toda esa gente, ¿viste? Porque como siguen muy cerca de mi vida, se fueron como conociendo entre todos, entonces...
—¡Qué bueno! De golpe es un grupo que va a ir a esa casa que vas a alquilar en el verano y se encuentra ese cheque abajo de la mesa en ese viaje…
—¡Totalmente! Contratamos a alguien que cocine bien (risas).
—Lo llevamos a Damián (Betular) que haga los dulces.
—Voy con Betu y también le meto plata abajo del plato. Por aceptar hacer Hairspray y haberme regalado este hitazo.
—Fuiste el invitado que me dio la respuesta más original y de corazón. Es espectacular.
—Con esta cara de bueno (risas).

—En este juego tenés que decirme por cuánta plata harías determinadas cosas que yo te voy a proponer. Vamos con la primera: ¿por cuánta plata harías un musical, pero 100 por ciento desnudo?
—¡Ah! Pensé que me ibas a decir un musical que no te gusta, pero no desnudo (risas). Voy a sacar mucha plata aunque hice la versión musical de Tango feroz y estaba desnudo. O sea, bailaba el tango desnudo con Flor Otero. Y cobré prácticamente muy poca plata. Así que creo que es el momento de vengarme de esa realidad.
—Tendrías que reivindicarlo.
—Si es todo el musical, todo el musical desnudo… Por una temporada de tres meses. Dejame pensar...
—Calle Corrientes...
—Doble los sábados (risas).
—Le va muy bien. Doble los viernes, también. Es un éxito. Todo el mundo quiere ver esa escena tuya.
—¿En invierno o en verano? No es un dato menor para el desnudo (risas).
—En invierno. Entradas agotadas. Fila de dos, tres cuadras que da la vuelta al teatro.
—Y por tres meses:700 mil dólares. Y ahí me planto, ¿eh? Neto.
—Te exigen que estés depilado. No sé tu situación, pero...
—Sí, está bien. 700 neto. Porque siento que estoy pensando en cosas reales. Nadie me va a pagar eso, pero un millón de dólares directamente nadie, nadie, nadie, nadie va a pagar.
—Pero ojo que es como Dios te trajo al mundo…
—¿Decís que me quedo corto?
—No sé, pero tiene las entradas agotadas. Yo pediría un millón para negociar y cerraría en 800 o 700.
—Capaz mi representante Paulita va y pide un millón doscientos y saca más seguro (risas). No me parece tan grave igual estar desnudo en un escenario, para nada. La pasaría muy, muy mal haciendo un musical que no me gusta. Eso no hay plata que lo pague. O trabajar con gente que no me gusta cómo trabaja. Lo otro no me parece tan grave…
—Si sos una persona que tenés una seguridad física, no te genera tanta incomodidad.
—No te creas que la tengo, ¿eh? Pero bueno, pienso en el billete y digo: “Tampoco estamos tan mal” (risas). Después pago terapia y ya está. Listo.
—Segunda pregunta: ¿por cuánta plata podrías llegar a volver con un ex?
—No, no hay. Pero aparte por ellos, pobres (risas). Tengo una relación con todos mis ex, pero pobres. Me parece que cuando algo se termina... No quiero decir esas frases hechas porque muchas veces también volví…
—Pero ya una vez que se termina, por algo se terminó también, ¿no?
—Sí, me parece que sí. Y plata no. Alguno le tendría que pagar, pobres, por haberme bancado. Y otros me tendrían que pagar a mí. Pero dejémoslo a mano.
—Pero en el balance, ¿sentís que te han tenido que bancar más a vos que vos a ellos?
—Son momentos de la vida. Algunas parejas sí me tuvieron que bancar más a mí. Las que más me tuvieron que bancar a mí también las tuve que bancar yo. La dinámica era así. Una pareja de cuando era más chico fue como muy de esa manera. Y a mí me gusta acompañar. Hay una frase que me encanta que dice Ricky Pashkus, que es: “Amar es hacer favores”. Como en todo sentido, para mí hacer un favor también es hacer eso. Yo lo interpreto como…
—Como un servicio.
—Algo que te cuesta, te da fiaca, pero yo por ejemplo que hago muchas, me tomo el tiempo y dedico ese tiempo. Estoy diciendo la regla básica, por eso estoy soltero y seguiré soltero mucho tiempo, ¿no? Porque estoy como muy migaja: lo que le estoy ofreciendo al otro es tiempo… (risas).
—Pero el tiempo es un montón. Es un gran gesto de amor. A esta altura de la vida todos tenemos un montón de cosas: trabajo, responsabilidades, incluso pasatiempos que nos hacen felices. Y mover esa estructura para hacer algo por otra persona, de manera genuina aunque implique un esfuerzo, tiene un valor enorme.
—Claro. Yo lo recontra detecto en el otro, ¿viste? Esas cosas que sabes que a vos te cuestan, cuando las ves en el otro, es lindo y trato de festejarlo mucho.
—¿Y eso es lo mejor que das vos cuando estás en pareja?
—Sí, yo creo que soy buen compañero. Creo que lo soy porque me gusta el plan de acompañar, ser como el cheerleader, tipo porrista. Eso sí me copa. Después tengo un montón de falencias que trabajaré en algún momento. Pero por ahora pienso quedarme en este lugar de la soltería por un rato largo y ya.
—¿Te gusta más estar en pareja, te da igual estar soltero o te gusta tener relaciones más libres?
—Me parece que tiene que ver con las ganas, con el deseo que va cambiando.
—¿Tiene que ver con el momento y lo que te despierte también el vínculo?
—A mí lo que más me gusta es estar viviendo lo que quiero estar viviendo. Si es estar en pareja, estar en pareja, si es estar soltero, estar soltero. Eso me parece que es muy difícil, pero por lo menos hay que intentar, ¿no? Es re difícil vincularse, es como un misterio para mí. En todos los vínculos.
—Pero te has animado a vincularte.
—Sí, recontra. La verdad que hoy tengo que decir que sí. Soy bastante noviero, si miro para atrás...
—Has tenido tus historias de amor.
—Sí, claro. Y todas, por suerte, muy lindas y con gente muy buena. Eso para mí no es poca cosa. Me deja tranquilo, como que digo: “Bueno, está bien el radar”. Creo que me falta entender cómo es eso de vincularse, ¿viste?
—¿Todavía hay aspectos de los vínculos que te siguen resultando un misterio, incluso de vos mismo?
—Sí, sobre todo de mí mismo. Entender cómo soy o qué pienso de algunas cosas. Con los proyectos, como que voy y no reviso mucho, no miro tanto para atrás. Está buenísimo en algunas cosas. Pero estoy en un momento, entrando a una etapa nueva por ahí de la vida con otra realidad, otra dinámica, otras cosas, que merece no pasar por alto. ¿Viste que hay gente que es un novio tras otro? Yo siento que cambié mucho en los últimos años y necesito tomarme un tiempo para primero conocerme un poco más cómo soy yo ahora. Me siento muy distinto por momentos y me digo: “¿Quién es este?”
—¿Te pasó esto varias veces?
—Hace mucho que no me pasaba como esta vez, porque soy más grande y de repente también hay muchos símbolos. Creo que tener mi casa cambió muchas cosas. Es como un símbolo muy grande que apareció de repente en el escenario. Es como: “¡Ah! soy grande, tengo una casa”. Como un paso de un adulto. Pero yo a veces, la verdad que si tengo que decir, siento que soy un niño a veces jugando a los papás, ¿viste? Como jugando a los grandes. Yo no sé cómo los grandes hacen para... Para mí todos pensamos como: che, es mentira. Se van a dar cuenta en dos segundos que quiero a mi mamá (risas). Pero en la vida como que digo: “¿Cómo hacen?" Aunque también tengo problemas y cosas de la vida adulta. Tengo una vida adulta desde los 17 años absoluta, ¿eh? No es que me hacen las cosas ni nada. Pero me parezco medio a Peter Pan, con el bigote trucho.
—Es que tu vida fue hacerte cargo desde muy chico ser como un adulto. Te tocaron un montón de roles muy temprano: dar clases, dirigir, actuar y tener responsabilidades. También tus padres se murieron a una edad muy joven tuya. Capaz lo tenés tan naturalizada esa responsabilidad…
—Yo me siento que me quedé en los 17. Dicen que cuando tenés tu primera experiencia sexual, como era tu cuerpo en ese momento, el registro tuyo de tu propio cuerpo toda tu vida va a ser el de esa vez.
—¡Pero vamos a ser todos jóvenes!
—Bueno, cuando sea que pase. Pero la sensación que me daba a mí es que desde que yo me independicé, mi imagen de mí, que fue a los 17, es como que quedé ahí. No conscientemente, obviamente. Pero una parte mía quedó ahí. Yo me doy cuenta de que hay un montón de cosas que sigo viendo a los grandes como grandes, y tal vez me llevan 10 años, ¿entendés?
—Después te va a empezar a pasar que son más chicos que vos.
—Ya me está empezando a pasar (risas) ¡Qué horror!
—Y ahí decís: “Pará, crecí, soy un adulto”.
—Pasa muy rápido, es verdad eso. Yo compraría tiempo. Querría ser vampiro. Es mi sueño. Ser inmortal. Me da mucha ilusión eso que dicen que ahora por ahí vamos a vivir hasta los 120, 125 años. No sé con qué lo asocio. Creo que con poder transitar todo un poco más tranquilo, a un ritmo más bajo.
—Sin pensar en “me come el dragón del tiempo”.
—Claro. Sin estar pendiente de: “hace esto que ahora podés con tu cuerpo”. También es parte de la vida, igual, ese proceso y tiene su encanto. Pero ser vampiro que parece lo más canchero del mundo también y lo quiero decir (risas).
—Tenés que hacer una obra de vampiro.
—Igual me da un poco de miedo la transición, pero bueno. Y perder la luz del sol también es raro. Tendría que ser un vampiro como reload, ya a esta altura los vampiros...
—Un poquito 2.0.
—¡No lo va a rendir el sol!
—Que haya una tecnología, una idea que lo resuelva.
—Para mí existen (risas).
—Pero banco lo de vivir más tranquilos.
—Pero no más tranquilo de trabajar dos veces por semana, sino de...
—¿La energía física?
—En realidad de no tener la ansiedad, como “está esto, esto y esto”. Pero también eso arma como somos, qué sé yo. Es lo que es.

—Vamos a jugar a “Yo nunca, nunca”, que me imagino que alguna vez lo hiciste.
—Por supuesto.
—La primera dice: “Yo nunca, nunca tuve más éxito con las mujeres que con los hombres”.
—Sí, claro. La historia de mi vida...
—Es tremendo, ¿no? Pero hasta públicamente ha pasado. Qué gracioso.
—Me sigue pasando. Me re sigue pasando. Creo que soy un gran yerno para llevar a sus mamás. Para las mujeres como que soy un gran nieto, como todo ese perfil. Y desde que estuve en la tele con el programa ni te explico, porque me conocen las abuelas, las madres...
—Claro, con Al Dente. Te aman y quieren que entres a sus familias.
—Está como todo ese universo. Eso es gracioso, pero sí me pasa seguido.
—¿Pero por qué con más con mujeres que con hombres?
—Es horrible lo que voy a decir (risas). Todas las mujeres que me lo hacen saber en chiste o lo que sea, son de Emilia Attias para arriba. Bueno, no hay más arriba que vos, pero digo, es como gente que decís: “¡Uf! Esto sería perfecto, bárbaro". Pero no así con los hombres (risas).
—Te entiendo.
—35 años más grandes… O cosas como que decís, no... No sé si existe una Emilia Attias hombre, pero si existe lo voy a buscar.
—Te amo por el halago y sí buscalo (risas).
—Me entendés lo que te digo, ¿no? Mujeres muy hermosas, en todo sentido, inteligentes, piolas que decís como: “Che, re”. Obviamente, por lo general son mis amigas, pero decís: “Guau, qué loco”.
—Para mí hay que viajar. Las culturas son…
—Es que me gusta mucho la gente argentina.
—Viajar por Argentina también. Lo que pasa es que para mí hay algo socialmente que están evolucionando en los hombres. En Argentina y en Latinoamérica en general...
—¿Cómo está de tu lado el mercado?
—Actualmente estoy en pareja con alguien que para mí vale mucho la pena. Pero no abunda, ¿eh? Entiendo lo que estás diciendo.
—Es difícil.
—Para mí hay una transformación social hace un tiempo que está dejando un poquito en jaque y en evidencia eso, pero va a obligar a que van a tener que pegar un salto cuántico.
—En algún momento sí, ¿no?
—Pero en el buen sentido, genuinamente. Y para mí se va a reversionar en algo porque sino van a morir solos.
—Van a terminar con nosotros (risas).
—Por cucaracha me dicen que en una entrevista dijiste que vos estarías con una mujer alguna vez para divertirte.
—No voy a desmentir a la producción porque nunca se hace eso, menos cuando te hablan por cucaracha. No voy a decir que no lo dije, porque capaz lo dije en algún contexto...
—Mucho archivo, me dicen.
—Puede ser, sí. ¡Qué quilombo! Con lo que me costó entender qué era lo que me gustaba (risas). Yo admiro a la gente como fluida. Admiro a la gente que lo puede vivir así. A mí no me pasa. Igual con esto que te decía, que siento como si fuera persona distinta ahora con esta nueva etapa, pues puede ser ¿eh? Depende qué contexto, depende cómo. Los depende, ¿viste? Esa frase que todos somos bisexuales, muchas veces me pareció como no, no, no, no, no.
—Por ahí desde el lugar de la diversión o de explorar. No porque te vaya a hacer replantearte nada.
—Debería sentirme muy cómodo, todos deberían estar muy cómodos y he tenido experiencias, por supuesto, a lo largo de estos años. Como todo el mundo (risas). Pero no. Qué sé yo.
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