Diego Gustavo Díaz es un exfutbolista argentino que, tras una breve carrera en el deporte, encontró su verdadera vocación en el mundo del espectáculo. Durante los años ‘80 y ‘90 jugó en la Primera División, en clubes como San Lorenzo, Platense y Banfield. Pero decidió retirarse del fútbol profesional en 1994 para enfocarse en la televisión y la actuación.
Formó parte del elenco de Videomatch, conducido por Marcelo Tinelli, que marcó el inicio de su camino en los medios y el mundo del entretenimiento. Con el tiempo, se convirtió en presentador y actor. Participó en programas como Calientes, Casados con hijos y Se dice amor. También trabajó en el cine con la película Papá se volvió loco.
Pero su vínculo con el fútbol no desapareció. Desde 2012 ha conducido programas deportivos como Tiempo Extra, No Todo Pasa y Súperfutbol. Su carrera es un reflejo de su versatilidad y capacidad de adaptación. Demuestra que los caminos profesionales pueden cambiar y que el éxito a veces llega desde ámbitos inesperados.

Leo: — A lo largo de tu vida fuiste preceptor, futbolista profesional, modelo, actor y hace casi 20 años son conductor y analista de fútbol. ¿Cómo sentís que la gente te ve hoy? ¿Qué percepción tenés?
Diego: — En algunos casos, de manera divertida, me pasa que me valoran a destiempo (risas). Cuando actuaba, me decían: “Jugabas bien al fútbol”. Después, cuando empecé a trabajar de lo que trabajo, me decían que era buen actor. O sea, nunca en el momento venía el reconocimiento (risas).
Leo: — Sos un incomprendido.
Diego: — Yo sé lo que hice bien y lo que intenté aprender. Creo que la mayoría de las cosas las hice dignamente. Sé que fui un jugador chiquitito dentro de lo que es el profesionalismo, pero obviamente eso me pone en otro lugar con respecto a aquellos que no pudieron jugar al fútbol.
Leo: — Te pusiste una camiseta, jugaste en el estadio frente a 50.000 personas e hiciste goles.
Diego: — Y gané, salí campeón, peleé un descenso, así que conozco muchas cosas de esas que se dicen del vestuario por haber jugado. Pero obviamente nunca iba a jugar en River, en Boca o en la Selección.
Leo: — ¿Sentís que te traicionaron el fútbol, la tele o quien sea con lo que pasó con el minuto de silencio a la Selección durante el mundial de Rusia 2018?
Diego: — En un streaming dije que si yo le tuviera que pedir perdón a Messi, le pediría perdón. Obviamente que me gustaría, cosa que no va a pasar, tener una charla con él y contarle qué fue realmente lo que pasó porque a veces muchas cosas toman una trascendencia a partir de lo que te contaron o a partir de una foto que se ve o un video que se corta y no se analiza la película ¿viste?. Obviamente que el jugador que estaba jugando un Mundial en Rusia no estaba mirando a ver qué opinan de él dos horas después. Entonces acá aparece el amigo, el primo, el tío, el que sea y les dicen: “Dijeron que ustedes eran unos muertos”, cuando nunca fue así. Uno dijo que en ese momento, y pudo haber estado equivocado, cuando vos perdés un partido donde te estás por ir al descenso o donde te estás por eliminar de la ilusión de pelear un campeonato que soñaste durante todo el año y esa tarde noche perdiste el partido, a la noche está muerto. Muerto quiere decir de tristeza. Al otro día te vas a levantar y vas a tener que salir a entrenar y a tener que salir a pelear. Ahora, nunca jamás el hecho de decir: “¿Sabes qué? Vos perdiste este partido, sos un muerto”.
Leo: — No, eso no. Hicieron un minuto de silencio por la Argentina que estaba muerta.
Diego: — Porque en ese momento la Selección se quedaba sin chance, que, repito, pude haber estado equivocado y yo le pediría perdón mano a mano a la persona que le tenga que pedir. Si es Messi, es Messi, si es Mascherano, Mascherano o al que sea. Ahora, no deja de ser una representación de algo que nadie hizo porque se me cantó hacer. Era algo que estaba orquestado, que estaba armado y que, bueno, en algún momento lo explicará también una comunidad y no Diego Díaz, el responsable.

Leo: — Desde que fuiste jugador estuviste en la exposición pública. Si bien no había redes sociales, hoy sí podés ver lo que la gente dice de vos. ¿Te duelen las críticas o te dejaron de doler? ¿Las lees?
Diego: — Me duelen. Esto no está bueno decirlo, porque para aquel que te critica y sobre todo viste lo que son las redes, sos Carlos Vasito o Sobrecito Alegre, no sos Leo Montero o Diego Díaz. Viste que las redes tienen una cantidad de apelativos que no te ponen los nombres. Pero a Sobrecito Alegre le estoy diciendo que me duele, así que se va a poder seguir haciendo un plato porque me duele.
Leo: — En la época en la que trabajabas con Tinelli, ¿cómo vivías esa exposición?
Diego: — La fama de Tinelli, con todo respeto, y esto es título, es una porquería. Y es título porque te deja como “este es el de Tinelli” y el de Tinelli, supuestamente, no sabe hacer otra.
Leo: — Es como que no puede hacer nada bien aparte de ser el de...
Diego: — No puede hacer nada bien porque era el de Tinelli. Entonces, salvo algunos talentos del humor, el resto de los de Tinelli no servíamos pa’ mier**. Si actuaba era “el de Tinelli que actúa”, si conducía era “el de Tinelli que conduce”, si hacía un noticiero era “el de Tinelli que está en el noticiero”.
Leo: — Con el fútbol creo que pasó esa etapa. Hoy ese lugar no es el del Tinelli, es Diego Diaz, el del fútbol. Eso te lo ganaste vos.
Diego: — Es el que era perro jugando al fútbol (risas).
Leo: — La última pregunta quiero que sea una especie de homenaje a tu querido padre, el galletitero Don Díaz, a quien quisiste mucho. Cuando vos lo cuidabas en sus últimos momentos antes de morir generaste un montón de empatía por el cariño que le expresabas a tu papá. ¿Eso la gente te lo sigue diciendo? ¿Cómo lo recordás y cuánto lo extrañás?
Diego: — La realidad es que me ha pasado algo con mi papá. He estado con mi familia, con mi mamá y con mis hermanos, tan cerca, que me quedé muy tranquilo porque no me guardé nada. Siempre hay ganas de un rato más, pero si tengo que ser justo no me quedé con ganas de nada. No me quedé con ganas de abrazarlo, de darle un beso, de apretarlo y que me vea en un montón de facetas donde no podía creer que su hijo, que para él tenía que ser un estudiante de alguna carrera importante, de repente un día estaba dentro de una cancha, otro día en una pasarela, en un escenario de teatro poniéndose en bolas o de repente estaba conduciendo un programa hablando de fútbol. Entonces, le he hecho compañía durante muchas tardes y en todo el último tiempo hemos estado cerca. Él se va cuando yo estaba en Rusia, justamente.

Leo: — En pleno Mundial.
Diego: — Hay gente que no sabe que cuando pasa el minuto de silencio mi papá se había ido el día anterior. Es más. Yo creo que existía algo mío, algo adentro, que no lo puedo poner en palabras, pero había algo con la muerte ¿viste? Había algo con la pérdida que indudablemente estaba dentro de mi, de mi ser y que al otro día, bueno hasta para mí le sacaba dramatismo a eso porque el día anterior se había ido mi papá, que era más importante que una clasificación o un partido de fútbol, por lo menos para mí. Por otro lado, estaba imposibilitado de volver porque iba a tardar un día de avión. Entonces, mi hermano Ezequiel, que lo amo, tuvo la grandeza de decirme: “Quedate porque no hay nada que hacer. Estás allá donde papá hubiera querido que te quedaras y donde hubiera querido que brilles. Era su orgullo que estuvieras ahí”.
Leo: — No te daba el tiempo de volver tampoco.
Diego: — Me dijo: “Hacé como que te está viendo” y yo ese mismo día que falleció igual hice el programa, salí al aire. No lo sabía nadie y lo hice igual. Pero era la paz y la tranquilidad de haber estado hasta lo imposible. Íbamos al geriátrico con mi mamá y mis hermanos, donde las personas hermosas que trabajan en esos lugares, que para mí tienen el cielo ganado, nos decían: “Lo de ustedes es increíble porque acá a los viejitos vienen a verlo una vez cada 15 días, quizás. Ustedes vienen todos los días, tu papá siempre tiene alguno acá y están todo el tiempo encima. Es hermoso lo que hacen”. A mí a veces me hacía un poco de ruido porque decía: “¿Yo me estoy ganando cariño o admiración de cierta gente por querer a mi papá?”. Para mí es tan natural esto y es lo que corresponde, es solamente el agradecimiento. Después confirmas que hay tanta gente que no vive ni cerca de muchas cosas relacionadas a ese cariño. Pero para mí era totalmente normal, no eran puestas en escena. Pero bueno, no siempre funciona así.
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