“Se dice mucho que el dinero no da felicidad, pero sin dinero se te cierran un montón de puertas. Mucha gente cree que porque hoy me ve en shows o con cadenas de oro, ya las tenía de antes. Y no: tuve que jugármela de verdad para tener lo que tengo”, expresó Lauty Gram en Casino Deluxe, el ciclo de entrevistas de Infobae.
Su nombre real es Lautaro González Cadícamo. Es cantante, influencer y creador de contenido. Se hizo conocido inicialmente en TikTok e Instagram gracias a sus videos de humor y entretenimiento, donde acumuló millones de seguidores. A partir de 2022 dio el salto a la música urbana, lanzando canciones que lograron gran repercusión, como Rubia o morocha, La pistola y A lo rockstar.
Con el tiempo consolidó su perfil como artista dentro del género RKT y el pop urbano, combinando su presencia en redes con su carrera musical. Además de su crecimiento artístico, su vida personal también lo mantuvo en el centro de la escena mediática por vínculos sentimentales con figuras como China Suárez, lo que amplificó su visibilidad en el mundo del espectáculo argentino. Actualmente, está en pareja con Lucía “Luchi” Patrone, participante de Gran Hermano Argentina en la edición 2025.

Inversión, familia y oportunidades
—¿Para qué querrías este millón de dólares?
—Para invertirlo.
—¿En qué invertirías?
—En lo que hago hoy en día, que es en invertir todo lo que gano de mis shows, de regalías, de lo que sea, va todo para propiedades. Todo.
—¿En construcción, en pozo?
—Sí, en pozo. Desde que empecé a ver plata a los 19 o 20 años, que arranqué en la música, fue el objetivo principal. Me quiero asegurar el futuro, porque quién sabe si esto va a durar hasta el año que viene o hasta cuándo. Es una mentalidad que capaz tengo por el lugar del que salí. Es como decir: “No quiero retroceder”. Quiero asegurarme mi futuro y lo que gane de ahora en más, quiero dejarlo bien trabajado.
—¿Qué fue lo primero que hiciste con la primera plata grande que ganaste?
—Cuando me dieron mi primer pago, que fue con un contrato que firmé con Sony y era bastante plata, lo que hice fue comprarme un auto. Pero no un auto alta gama, creo que era Peugeot 508. Uno lindo, pero normal para poder movilizarme.
—¿Y el resto?
—Lo usé para mudarme a Palermo, que fue a los 20 años que me mudé por primera vez. Y ya me quedé ahí en Palermo. Después todo lo otro, el 80 por ciento que me quedó fue para la primera propiedad que me compré.
—¿Les compraste una propiedad a tus padres?
—Sí. Sentía un peso gigante. Ellos se súper sacrificaron por mí y yo lo veía. Desde que mi papá se levantaba para ir para Puerto Madero porque él trabaja en el puerto. Iba desde el barrio hasta el puerto, a las cinco de la mañana y volvía a la noche recién. Eso me quedó en la cabeza y quiero ayudarlos. Mi mamá también, arrancó, por ejemplo, depilando, haciendo trueques, porque no teníamos nada. Quiero que hoy ellos estén bien, estén contentos, no tengan que trabajar, como que se jubilen antes, por así decirlo. Que estén tranquilos con su casa, cerca mío. Hoy en día están separados igual, pero cada uno tiene lo suyo y se turnan para verme.
—¿Tenés hermanos?
—Tengo dos hermanas más grandes. Una tiene 33 y la otra 28. Ellas están re instaladas en mi antiguo barrio, tienen sus comercios, etc. Yo era el único que quedó viviendo con mi mamá y mi papá.

Convivencia, pareja e intimidad
—Estás de novio con una ex Gran Hermano, con Luchi. ¿Ustedes conviven?
—Sí, convivimos.
—¿Hace cuánto que están en pareja?
—Hace un año y medio ya casi. Nos conocemos de hace más tiempo, pero en pareja un año y medio.
—¿Qué representa ella en tu vida?
—Es un pilar hoy en día. Está ahí sosteniendo. Los días que digo: “Uh, me salió mal algo” o “no tengo ganas de nada”, o lo que sea, está ella para sostener un poco mi vida. Y yo también la suya, yo estoy para lo que sea, para ella. Somos un equipo. Hoy en día la veo así. Capaz hay días que ni nos vemos porque yo me voy al estudio, vuelvo a las dos de la mañana, ella ya está durmiendo. Y ella a la mañana tiene radio, después tiene esto, tiene lo otro y yo no la veo, pero nos acompañamos en nuestros proyectos. Y está bueno también extrañarse.
—¿Te imaginás en un futuro con ella teniendo hijos, armando una familia?
—Sí, encima saldría lindo si tengo un hijo con ella. Así que sí, siempre lo decimos jodiendo. Pero obviamente por la edad hoy en día... No ahora, pero sí estaría bueno en un futuro. No sé, tres añitos por ahí. Después podemos poner este clip si tenemos un hijo (risas).
—Ella estuvo adentro de la casa y no se vieron por un largo tiempo, ¿cuál fue tu mayor tiempo de abstinencia sexual?
—Y cuando Luchi entró a la casa estuve cuatro meses casi. Fue horrible. O sea, de la nada a estar cuatro meses sin actividad sexual, fue como que mi cuerpo sintió algo que nunca sintió y se sintió un poco mal. Y hasta ni siquiera yo mismo me hacía nada porque nada me satisfacía, por así decirlo. Así que estaba como una monja (risas).
—¿Necesitabas la conexión con alguien?
—Claro, necesitaba estar con ella porque ni siquiera conmigo podía. Estaba como una monja y como un preso contando los días para que salga. Yo ya quería que salga...
—¿Veías el programa?
—No veía el programa yo porque me hacía extrañarla más y, si no lo veía, pasaban más rápido los días. Si yo sentía que no existía ese programa, era como que pasaban más rápido los días.
—¿Salías durante ese tiempo?
—Desde que ella entró, habré salido en esos cuatro meses tres veces. Y esas tres veces salí en grupo y con la hermana de ella. Simplemente para que no tuviera ningún tipo de rumor, que no tuvieras ningún tipo de problema con ella.
—¿Te llevás bien con su hermana?
—Sí, obvio.
—¿Era para evitar escándalos?
—Sí, porque el quilombo que iba a hacer que de la nada alguien diga algo y se forme un escándalo... Si ella sale y empieza a ver todas las cosas, ¿viste? También fue una forma de protegerla.
—¿La cuidás mucho?
—Sí, porque siempre que hay un rumor o algo. Pero imaginate que ella se sabe la contraseña de mi celular. Nunca me lo revisa igual. Pero es una forma que yo tengo como de decir: “Si querés, fijate”. Yo soy cantante, me la paso viviendo de noche o estando muchas horas en el estudio, en otros lugares que no es mi casa y es como que está normalizado decir: “Es muy infiel el que hace esas cosas”
—¿Cómo es tu visión sobre la infidelidad?
—Es algo que hoy en día esta generación, que yo también me incluyo en la generación pero no lo comparto, es algo que está muy normalizado y es algo muy típico en la sociedad decir: “Tal cagó a tal” y es tendencia una semana. Después la gente ya se olvida de eso y a la otra semana sale otra cosa y así sucesivamente. Hoy en día la gente se entera más de las infidelidades por las redes también. Porque antes supongo que era distinto y nadie se enteraba. Pero hoy en día es algo más visible y está más normalizado.
—¿Qué te dolería más de una infidelidad?
—Capaz que no me duele que estuviste con otro o lo que sea, pero lo que más me duele es que yo confío en vos. Eso es lo que más me duele. Y a mí me cuesta confiar mucho en las personas. Yo el día que ponele, ojalá no, pero si dejo de sentir algo por Luchi y quiero estar con otra persona, se lo voy a decir, le voy a decir: “Mirá, la verdad que me pasa esto, esto, esto” y yo prefiero terminar bien con ella y cada uno hace su vida. Pero me sentiría muy mal traicionando.
—¿Qué pensás sobre la pareja abierta? ¿Qué dirías si ella viene y te lo plantea?
—Me gustaría que me lo diga antes que lo haga. Me gustaría que me diga: “Che, quiero que abramos la relación, quiero algo distinto” o lo que sea. Y ahí lo veríamos. Yo no voy a reaccionar, como todos dicen, cuando me lo planteen vamos a verlo. Yo quiero saber lo que siente, por qué quiere hacer eso y lo vamos a charlar. Pero es algo que, como te digo, viene de la mano con lo de las infidelidades. Es algo que también en esta generación lo están adaptando una banda de parejas. Hay amigas que siempre me cuentan sus experiencias de que probaron de meter a una persona, no como relación, pero para una noche. Me cuentan esas cosas y digo: “Wow, tenés que tener la mente abierta para entrar en ese mundo”. Pero es algo que por algo lo hacen y lo están empezando a hacer bastantes personas. Yo nunca lo hice, no lo tengo pensado hacer. Pero si me lo viene a plantear Luchi, no es algo que yo le diría: “No, estás loca, no sé qué”, quisiera saber por qué. Tampoco lo voy a tomar como un tabú.

Ambición, sacrificio y aprendizaje: el motor detrás de la vida de Lauty Gram
—¿Cuál es tu mayor satisfacción hoy en día en la vida?
—¿Mi mayor satisfacción? Justo ayer me lo preguntó Luchi, me dijo: “¿Con que estás más tranquilo en la vida?” Y yo siento que, con lo sufrí mucho, que fue lo primero que te conté y fue mi vida económica. Siento que es algo que estoy muy tranquilo y la felicidad que tiene mi familia también en ese sentido, me da tranquilidad. Y es algo con lo que digo: “Tengo una base en mi vida, queda en mí hacer las cosas bien y de ahí para adelante puedo lograr todo”. Porque se dice mucho que el dinero no da felicidad, pero sin el dinero se te cierran una banda de puertas. Y es algo que yo viví también.
—¿Para invertir en lo que querés hacer, qué necesitás?
—Dinero también, aparte de tener talento, porque hoy en día no es solo talento, es algo de la exposición. Necesitás, no sé, a la hora de salir con un álbum, una canción o lo que sea, pagar a influencers para que hagan tu trend, tu challenge o utilicen tu canción para lo que sea. Hoy en día es eso, que sé que tengo un respaldo muy fuerte para lograr lo que quiero.
—¿Qué querés lograr?
—Hacer un Movistar Arena... Me siento bien conmigo mismo, ¿viste? Tengo la tranquilidad de decir tengo todo el respaldo, tengo todo lo que necesito, tengo las ganas, la motivación y es algo que estoy tranquilo en mi vida para seguir creciendo.
—¿Lo fuiste aprendiendo en los primeros años de estar en el medio?
—Sí. Aprendí a ver lo que era eso cuando empezó a entrar el dinero. Mi mejor amigo, que es el que trabaja hoy en día conmigo, que se encarga de controlar las giras, que todo salga bien, los hoteles, los aviones, lo que sea. Él, imaginate, venía a mi casa y había veces que no teníamos para comer. Y una noche, a las tres de la mañana, estábamos muertos de hambre y no teníamos nada. Y quedaba solo arroz. Hice un poco para los dos y cuando lo pusimos a hervir nos quedamos boludeando con el celular y se nos pasó el arroz. Lo tiramos al colador y era un puré. No teníamos otra y comíamos así ese puré. Encima estaba resalado. Nos tapábamos la nariz porque era un asco, pero estábamos cagados de hambre también. Así que viví muchas cosas de lo que no es tener nada y hoy en día que tengo la chance de tenerlo y estoy muy agradecido y muy tranquilo de haber vivido las dos facetas. Porque mucha gente cree que porque hoy te ve en los shows o en la calle con cadenas de oro ya la tenías de antes. Y no. Yo tuve que jugármela de verdad para tener lo que tengo.
—¿Y te llevaste varias sorpresas en el camino? ¿Te pegaste un par de palos?
—Sí, obvio. Conocer lo que eran los medios, lo que eran los contratos. Yo perdí mucha plata también, no con un contrato, sino con algo de palabra que hice con un productor antes. Le cedí el 50 por ciento de mis canciones de palabra. Pero yo soy un hombre de palabra, entonces no puedo de la nada sacarle todo. Y esas canciones fueron hits. Una de ellas tiene 200 millones de reproducciones, otra 100 millones, pero en realidad se aprovechó. Después me informé y me di cuenta que se aprovechó, porque es imposible que se quede el 50 por ciento de la propiedad de la canción. Sí se ceden las regalías, pero el 50 por ciento de la propiedad nunca... Y vas aprendiendo en el camino, sí.
—¿Cómo fue el paso o el choque de acomodarte a vivir de una manera antes de tu éxito a la vida que tenés hoy?
—Fue un cambio muy lindo. Pensá que yo vivía en el Barrio Don Orione, en Claypole, en el que tenía todo lejos. Quería hacer un plan con alguien que vivía en Capital y eran dos horas de viaje que tenía. También para grabar en el estudio y a la hora de la calidad de vida. Una vez que yo me mudé para acá, para Palermo, en un monoambiente chiquito, yo me sentía el rey del mundo, ¿entendés? Pasar de vivir en el barrio a un monoambiente en Palermo fue un cambio hermoso para mi vida, porque ahí fue donde arranqué y dije: “Bueno, me voy a poner las pilas porque quiero seguir progresando, quiero que esta solamente sea el principio y quiero llenarme de plata”. Ese era el objetivo en mi mente: quiero romperla. Porque no me quedaba otra. O la rompo o vuelvo al barrio y veo qué hago. Toda mi vida dije: “Yo no siento que nací para ir a la universidad o trabajar en el almacén como mi mamá”. Trabajé igual con ella cuando tenía 15, 16 t 17 años, también en la heladería de mis hermanas. Pero dije: “Siento que estoy para algo más”. Y tuve la mentalidad de decir no me voy a encerrar con lo típico a mi edad, a los 18 años, de ponerme a estudiar para la universidad. No porque no quiera eso. Me la jugué con las redes, me empezó a ir bien, me mudé a Palermo, empecé a conocer gente del ambiente y una vez que saqué mi primera canción, mi segunda, mi tercera, me empezó a ir bien. Conocí a los artistas que sonaban en ese momento, grabé con ellos y fui creciendo. Después me mudé a un lugar más grande, después a otro y a otro; y siempre mi cabeza está como que quiero más.
—¿Sentís que a veces esa ambición te pesa?
—Y capaz que es algo que no está bueno porque personalmente me pasa que a veces me siento triste de que quiero más y no me conformo con lo que antes soñaba.
—Bueno, pero eso es porque tu naturaleza es ambiciosa.
—Sí, me lo dijeron.
—Siempre querés autosuperarte.
—Me lo dijeron, pero me gustaría disfrutar un poco más de lo que tengo, ¿viste? Y mi cabeza no para, no frena y siempre quiere más y nunca puedo disfrutar del presente que tengo. Obvio que tengo viajes con mi familia, con mi mamá, con mi papá, con mi novia, pero me gustaría estar más tranquilo.
—Tenerlo claro es el paso.
—Tengo que trabajar en eso. Es lo único que me queda, porque la verdad que todo lo que logré también fue por esa perseverancia que tengo, por esa mentalidad y estoy agradecido.
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