Benjamín Rojas es actor, cantante y músico. Inició su carrera artística en las telenovelas de Cris Morena. Primero en Chiquititas y años más tarde alcanzó la fama en Rebelde Way, una exitosa tira juvenil que lo llevó a recorrer el mundo con giras teatrales y musicales.
Integró la banda de pop rock Erreway junto a sus compañeros de elenco, también formó parte de las bandas sonoras de las ficciones en las que actuó, como en Floriencienta, antes de iniciar un camino como solista en la música.
Es un actor todo terreno que ha conquistado no sólo la pantalla chica y el cine sino también el teatro. El 5 de enero estrenó en el Multitabarís su obra más reciente “Escape Room”, una comedia que protagoniza junto a Brenda Gandini, Sofi Morandi y Gonzalo Suárez.
“De lo que habla la obra es bastante universal, de las ideologías, de cómo está cambiando el mundo, de cómo se está observando el ser humano en comparación a años atrás. Es maravillosa porque todo eso sucede encerrados sin poder salir durante 60 minutos. Tiene una profundidad, una bajada de línea muy interesante que es la tolerancia. ¿Podés tolerar al otro? ¿Estamos dispuestos en Argentina a tolerar? Ojalá que sí”, explicó Benjamín.

Ser padre
En pareja hace 12 años con Martina, tuvieron a su hija Rita. La llegada de su pequeña no sólo los transformó en una familia sino que les trajo nuevos desafíos. Benja contó cómo fueron sus sentimientos en el momento en el que se convirtió en padre y cómo afrontó asumir este nuevo rol en su vida.
Pollo: —¿Cómo es convertirse en familia después de tantos años en pareja?
Benja: —Empieza una nueva aventura con un hijo
Pollo: —Linda
Benja: —Sí, linda. Pero distinta. Tenés que acomodarte. Yo empecé terapia y no había hecho terapia en mi vida.
Pollo: —¿Hace cuánto arrancaste?
Benja: —Y… un año. Ya dejé (risas).
Pollo: —¿Cómo ya dejaste? ¿Cómo el gimnasio?

Benja: —No, no (risas). Estamos en un lapsus. Si me está viendo. Te voy a llamar.
Pollo: —¿Era para acomodar un poquito las ideas?
Benja: —Tenía un kilombo en la cabeza descomunal porque era la carrera, mi vida, el laburo. Los que estamos laburando nos gusta laburar mucho y de golpe tenés que acomodarte, tenés un hijo. A los actores tal vez nos llaman y nos dicen: “Es para una serie, pero es en Uruguay seis meses”. Y ahí empezás a decir: “¿Qué hago lo hago, no lo hago?”. Por ahí si estás solo, lo haces y si sale, sale. Son situaciones que ahora tenés que pensar.
Pollo: —¿Qué es ser padre? ¿Qué te pasa a vos con Rita?
Benja: —Mirá no sé bien. Tampoco lo tengo muy en claro, pero hay una cosa que me salió natural y que sigo sosteniendo. Le dije a mi pareja, a Martina, en la sala de parto: “¿Te das cuenta que nunca más vamos a estar solos?”. Eso fue lo primero que sentí. Vos y yo nos podemos pelear, odiar y no hablar nunca más. Pero vos no vas a estar más sola y yo no voy a estar más solo.
El juego de las gafas
El Pollo le propuso a Benja ponerse los lentes de sol e imaginar que mágicamente se convierte en un completo desconocido para poder hacer todas aquellas cosas que hoy en día no puede debido a su popularidad, tanto en Argentina como en otras partes del mundo a dónde llegó su talento.
Pollo: —¿Qué harías si fueras con la magia de estos lentes fueras totalmente desconocido?
Benja: —Recorrería. A mí, por ejemplo, me gusta ir a ciudades más chicas, pueblitos y quedarme. Recorrer en un viaje y que no me reconozcan. Preguntarle a un tipo: “Disculpame, estoy buscando un lugar que me dijeron que está buenísimo”.
Pollo: —Totalmente desde afuera, totalmente ajeno…
Benja: —Y que no me digan: “¡¿Qué hacés?!… Marta vení…”. Tardo media hora hasta que me dicen, me saludan…
Pollo: —Eso harías ir a chusmear tranquilo.
Benja: —Ser un turista incognito total.
Pollo: —¿Qué es lo peor de la fama?
Benja: —No es buena consejera. Te da todo cuando estás ahí y cuando no estás ahí no te da nada, como que la fama se queda con el que está arriba. Si bajaste, fuiste. Son momentos. El éxito más que la fama. Yo lo aproveché y si tengo éxito lo agarro y lo disfruto, pero siendo consciente que no es para siempre.

Un año fuera de los escenarios
Entre la cadena de éxitos que supo cosechar desde muy chico también hubo momentos en los que no todo fue color de rosa. La llegada de proyectos para los actores no siempre se da en los tiempos justos y a veces la espera desespera. Es ahí donde emerge la capacidad de encontrar un plan B para mantener la motivación.
Pollo: —¿En algún momento de tu vida quisiste laburar de otra cosa? ¿Quisiste decir “ya está” la actuación?
Benja: —No de esa manera, pero después de que con Nico terminamos haciendo el Ópera, que para una obra de teatro es un montón, hicimos ocho funciones en el teatro y yo ahí corté. Y dije: “Voy a tomarme un tiempo y dije está bueno”. Pero la verdad que no tanto. Después en un momento me di cuenta que quería trabajar. Paré por un par de meses, se extendió más. Me ofrecían cosas que por ahí no iban conmigo, hasta que apareció esta obra. Y en ese proceso capaz que pasó un año.
Pollo: —¿Y te agarraron dudas?
Benja: —No al revés. Como que reforcé mi seguridad de “yo quiero ser actor”. Me di cuenta ahí, cuando no lo tenía. Quería actuar. Mi mujer tiene una pastelería, la ayudé un montón. En un momento, dije: “Bueno, me meto acá. Por ahí ¿Quién te dice?”. Ella después me terminaba diciendo: “¿Cuándo vas a trabajar? ¿Qué pasó con el productor que te llamó? ¿No llamó de nuevo?” (risas).

Pollo: —Cuando ibas, ¿entorpecías o ayudabas? (risas)
Benja: —No iba a hacer una torta, pero colaboraba con algo que se rompía o algo así. Te das maña. Hice de cajero, pifié un par de vueltos.
Pollo: —Demorando todo (risas).
Benja: —Venían y me decían: “Me diste mal”. Ellos ya sabían que no era mi trabajo. Yo les decía: “Ah bueno, entendé que no…”. Y me decían: “No, no ya sé que vos no haces esto”. Una onda “sos malísimo, ya lo sabemos, estás en un momento duro de tu carrera” (risas).
Pollo: —Parecía como que Benja Rojas dejó la actuación. ¿Te copa un poco jugar a otra cosa?
Benja: —Sí, me divirtió. Estuvimos a full, remodeló todo un local y estuvimos ahí los dos. De hecho, me ayudó a mí también para hacer otra cosa, para no pensar en proyectos que por ahí no venían porque cuando te ofrecen algo que por ahí no te gusta o te ves, no es lindo decir no porque decís: “Yo quiero que me guste y quiero laburar”. Entonces es como “uh, otra vez a esperar a ver qué pasa” y ahí tenés que tener otra actividad. La música a mí por ejemplo me conecta en esos momentos.
Cómo administrar el dinero
Para Benjamín hay dos factores fundamentales en su vida que mantuvieron sus pies sobre la tierra: su familia y sus amigos. Tener en claro su origen fue la guía que le permitió no deslumbrarse con la fama y el éxito.
“A veces estás allá arriba y a veces estás en tu casa y no suena el teléfono por eso tenés que tener una conexión con tu raíz sino te explota la cabeza”, reconoció.
Pollo: —¿Cuidaste la plata en todos estos años de trabajo?
Benja: —Sí, mi viejo en eso la verdad que estuvo increíble porque siempre cuidó lo que yo ganaba, lo invertimos. Me acuerdo que los primeros años. Ahorró y compró un departamentito y dijo: “Esto es para alquiler”. Esas cosas no me olvido. Me re ayudó con eso porque hoy está. Porque también puede pasar que diga: “Y lo que gané yo ¿dónde está?”. Y que no esté
Pollo: —Pero no es que vos ya podés vivir toda tu vida sin laburar.
Benja: —No, no.
Pollo: —Porque laburás de muy chiquito…
Benja: —No primero que vos querés seguir trabajando, te gusta, es tu vida, es tu pasión. Tengo la suerte de vivir bien, de darme los gustos, tengo esa suerte y lo cuido mucho. Pero no estoy en condiciones de no laburar más. Yo ya clavé un año sin trabajar y tuve que volver a salir. Viste cuando vas al cajón y decís: “Che. Acá no había plata”. No está más. Me fumé todo (risas).
Pollo: —Se va rápido.
Benja: —Sí, se va. Hay que laburar (risas).
En números
Pollo: —¿Hace cuántos días no tenés sexo?
Benja: —11.
Pollo: —¿Por qué lo dijiste como preocupado? 11 no son 30.
Benja: —Es que para mí son 30, 30 y pico. Pero mi mujer me dijo son 11.
Pollo: —Pero qué ¿te olvidaste?
Benja: —Es que tuve un estreno de teatro en el medio. ¿Sabés cómo tenía la cabeza?
Pollo: —Entonces, ¿11 o 30?
Benja: —11, 11 (risas).

Pollo: —¿Cuánto te costó lo más caro que te compraste?
Benja: —Un auto, la casa.
Pollo: —¿Cuántas veces lloraste en los últimos 30 días?
Benja: —Cero. Ganas tuve 3. No por tristeza, que a veces me pasada. Como estrené una obra de teatro, previo al estreno las cosas no estaban saliendo muy bien técnicamente y tenía ganas de llorar. Después mejoró, pero esos dos días volví a mi casa con una angustia. Se dio cuenta Martu que me esperó con un plato de comida, copita de vino, todo armado. Y entonces dije: “Ah, ella me está viendo mal”. Ahí sí tuve ganas de llorar, pero después se me fue.
Pollo: —¿Cuántos boxers tenés?
Benja: —¿Presentables? 6. Impresentables hay 22 más o menos.
Pollo: —¿Y por qué no los tirás?
Benja: —No sé (risas). El otro día fuimos de Nico y Gime; y me prestó un short porque yo estaba con un jean y hacía calor. Me cambio y tenía un agujero. Me estaba cambiando como en el living encima. Pobre Gimena pasó y me dice: “¡Tenés un agujero!” (risas).
Pollo: —¿Lo pasaste a mejor vida?
Benja: —Sí, lo tiramos. Todos juntos en familia (risas).




