Por qué Diego Torres es un “hombre que llora mucho” y el camino “a fuego lento” que eligió Zoe Gotusso para su vida

Romance a flor de piel y ausencia de ansiedad, en tono confesional: así fueron los estados de ánimos que estos dos apasionados le imprimieron a este episodio de Pogo o Nada basado en una charla sobre las canciones como compañeras de vida, la muerte como tragedia inesperada y sus mamás como gurúes

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Pogo o Nada - Diego Torres y Zoe Gotusso

A sus 24 años, Diego Torres venía de dar algunas vueltas por la Argentina a caballo del éxito de Tratar de estar mejor, su segundo disco. A esa misma edad, pero en 2022, Zoe Gotusso coronó su largo recorrido por el país con un show en el Gran Rex, el primero suyo en ese escenario que Torres tan bien conoce. Curiosidades del destino: en la misma semana de mayo ambos se presentaron en ese teatro de la calle Corrientes. Y pocos días antes, se conocieron y charlaron por primera vez en este segundo episodio de Pogo o Nada.

La conexión entre ellos fue instantánea y parecían conocerse de toda la vida. Incluso, Zoe contó que unas vacaciones suyas estuvieron signadas por la música de Diego. “Traje muchas preguntas para hacerle”, avisó ella antes de que las cámaras comenzaran a registrar todo lo que dejó este encuentro: de la importancia de bajar la velocidad en esta era llena de ansiedad y la magia de ser parte de la vida de su público a través de las canciones, hasta del rol de sus madres como gurúes y la necesidad de llorar.

Diego Torres y Zoe Gotusso se encuentran por primera vez y a través de Pogo o Nada (Fotos: Massta)
Diego Torres y Zoe Gotusso se encuentran por primera vez y a través de Pogo o Nada (Fotos: Massta)

D: —Hola Zoe, un gusto conocerte. Bueno, la vida nos encontró acá...

Z: —Mano a mano.

D: —”Mano a mano hemos quedado”, como dice el tango.

Z: —Es mi primer mano a mano, te diría. Y me propusieron hablar con vos, así como a vos te propusieron hablar conmigo. ¿Por qué aceptaste?

D: —Porque te siento como una especie de sobrina. Yo tengo una familia grande, con muchos sobrinos y sobrinas, todos tienen vocación artística: el que no toca el piano, canta; el que no baila, pinta… Por más de que estudien otras cosas ¿no? La que no escribe y es escritora... Tengo una relación muy linda con mis sobrinos, o busco tenerla. Y creo que ellos conmigo. Entonces, también sentí esa afinidad que podía llegar a tener con vos. ¿Y vos por qué dijiste que sí?

Z: Siento que sos cálido, que sin conocerte podía hablar con vos. Me gusta conversar y sentía que podíamos disfrutarlo. Claro que te conozco: hay un disco tuyo que sonó en unas vacaciones familiares, que mi mamá había llevado, entonces me encariñaba esa idea. Y soy como una curiosa y una esponja en este momento de mi vida, me parecés una referencia y me gusta mucho que podamos hablar, también, de cómo llevar la bandera latinoamericana. Me encanta. Siento que nadie en Suiza o en otro lugar va a poder hacer esta música mejor que nosotros. Te siento re latinoamericano… Lo sos, pero también no solo que lo sos, sino que lo elegís. Lo llevás con orgullo y eso también me encariñaba.

"Siento que sos cálido, que sin conocerte podía hablar con vos", le dijo Zoe Gotusso a Diego Torres
"Siento que sos cálido, que sin conocerte podía hablar con vos", le dijo Zoe Gotusso a Diego Torres

D: —¿Y cómo te trata de Córdoba a Buenos Aires esta aventura?

Z: —Es una buena aventura que la estoy disfrutando. Yo soy de Córdoba, mi familia está allá, tengo 24 años, me vine a Buenos Aires hace tres años y medio, cuatro. No sé ni siquiera si decir que me vine por la música: creo que la música me trajo acá, pero después como que me doy cuenta de que la música es mi medio de transporte.

D: —¿Vos naciste en una familia de músicos? Porque leí que creciste entre pianos, guitarras.

Z: —No. La música estaba en mi casa pero no hay nadie en mi familia que haya dicho: “Yo voy a hacer esto de mis días”. Mi madre es docente y es un personaje muy creativo. Sería injusto solo limitarla como docente, porque es como una gurú espiritual para mí. Yo también estudié un poco de vos y viendo entre tu historia, apareció tu madre, de quien yo, sin faltarte el respeto, no sé mucho. Porque es de otra generación. Incluso, a mí me llegó tu madre por tu sobrina (Ángela) que la conozco y es una querida amiga y la vi una vez en la tele haciendo un homenaje, que fue bastante emotivo para mí.

D: —Sí, fue buenísimo.

Z: —Y ahí me llega tu madre.

D: Mamá fue una madre muy especial. Una madre presente. Un espíritu muy especial ¿no? Con una vida muy intensa para bien y para mal. Y creo que eso la hacía ser un espíritu muy fuerte, muy sólido. Muy sabia.

Z: —Esto que te digo de mi mamá, como que las madres son como medio gurús, ¿viste?

D: —Y sí. Sí. Yo creo que lo planeó, porque mamá era única hija y la luz de sus ojos era mi abuela, que se murió cuando mi mamá estaba por cumplir 15 años en un accidente trágico, resbalándose en una piedra por el verdín de las piedras que estaban en la Costa. Tuvo ese golpe y no lo superó. Mamá ya arrancó la vida con golpes duros. Única hija, deseaba tener muchos hijos y tuvo cinco. Fue una madre muy presente, contenedora. Pero siempre le decíamos que era como la serie Kung Fu, que era muy oriental, de un tipo que te observaba y que decía: “Cuando la montaña no viene a Mahoma, Mahoma va a la montaña”. Y te dejaba todas esas enseñanzas y vos decías: “¿Qué me habrá querido decir?”. Mamá era de esas personas que te acompañaba pero te dejaba. Y yo siempre cuento que cuando hice los primeros discos y después del segundo grabé “Penélope”, esa canción de (Joan Manuel) Serrat que fue como un homenaje en España, ella fue la primera vez que vino y me dijo: “Acá hay algo muy interesante en tu voz, en el color, en la colocación, esta canción te queda a medida. Es por acá”, me dijo. “Estate atento a esto”.

"Mamá era de esas personas que te acompañaba pero te dejaba", le contó Diego Torres a Zoe Gotusso acerca de su vínculo con Lolita Torres
"Mamá era de esas personas que te acompañaba pero te dejaba", le contó Diego Torres a Zoe Gotusso acerca de su vínculo con Lolita Torres

Z: —¿Y la escuchabas?

D: —¡La súper escuchaba!. Y en muchos momentos que me han pasado en la vida era: “Mamá, me está pasando esto, ¿qué opinas?”. “No, yo creo que tenés que pensarlo bien, tenés que ir, tenés que decir esto y preservarte vos”, me decía. Siempre muy educada, muy respetuosa, muy medida. Sí, fue un faro para todos nosotros en la familia.

Z: —Antes la llamabas y decías: “Mamá, me pasa esto”. Y ahora no llamas pero quizás sigue presente, ¿no?

D: La invoco, sí, sí. Van a pensar que estamos locos pero sí.

Z: —No, pero está bien.

D: —Hablemos de lo que decías antes, de tus vacaciones en que sonaba un disco mío. Siempre me encanta cuando me encuentro con familias donde los padres llevaban un disco y los chicos crecieron escuchándolo. Me pasó hace poco tiempo en Uruguay con una familia súper linda y me quedé hablando con ellos. Y me decían: “No, mis papás me internaron con tus canciones y después nos hicimos adictos a tu música”. ¿Cómo fueron esas vacaciones tuyas con mi disco?

Z: —¿Puedo buscar el nombre del disco? Porque no lo recuerdo, perdón.

D: —Sí, dale.

Z: —Es éste (le da play a una canción en su teléfono)

D:Andando.

Z: —Éste disco. Me acuerdo que le hacías así a la tapa y como que tenía…

D: —Un holograma.

Z: —Un holograma. Te lo cuento solo para condimentar la historia. Estaba en Traslasierra con mi familia, invierno, había nevado. Mi mamá elegía los discos, ella nos ponía música. Compró Andando, sonó en unas vacaciones mías… Yo iba atrás en el auto, me acuerdo de que iba sonando, iba sonando, y es como que sin darte cuenta, lo escuchás siete veces. Cuando uno escucha un disco una vez, quizás no lo entiende. La segunda decís: “Ah”. A la tercera, escuchas la tercera y cuarta canción, pero no le das bola a la séptima. Lo escuchás por cuarta vez y la canción número siete te seduce. Uno va entendiendo un disco. Y yo creo que en la infancia, cuando me hacían escuchar discos que sin darme cuenta sonaban en casa y daban tantas vueltas, hoy los escucho y me hacen sentir tantas cosas. Añoro mucho eso.

D: —Sí, obvio, porque me pasó lo mismo. Yo era el hijo más chico, tenía hermanos más grandes, crecí escuchando su música: Beatles, Queen, Rolling Stones, Stevie Wonder, un montón de música que venía de mis hermanos con los vinilos. Eso que describís está para siempre en un rincón de tus recuerdos. Ser parte, de alguna manera, de un pedacito de ese rincón de la vida de mucha gente, para mí, es de las cosas más lindas que pasan en nuestro oficio. Me imagino que con las canciones acompañamos la vida de gente y cuando pasa el tiempo, hay gente que hoy tiene tu edad y que de repente ya tiene un hijo y le pone la misma música, entonces ese chico va creciendo y te va escuchando… Ahí entendés un montón de cosas que me identifican de lo que leía de vos, de darle tiempo a las canciones. Los discos hay que escucharlos. Hay canciones que no tienen un efecto inmediato, como bien decías. La escuchas, la escuchas y después le empezás a interpretar cosas ¿no?

Zoe Gotusso le confesó a Diego Torres que un disco suyo la acompañó durante unas vacaciones familiares
Zoe Gotusso le confesó a Diego Torres que un disco suyo la acompañó durante unas vacaciones familiares

Z: —Sí. Me gusta. Yo siempre digo que voy a fuego lento: recién comienzo, tengo solista un disco que salió ya hace casi dos años y obvio que quiero meterme en el estudio, pero no tengo apuro. Y siento que el mundo va muy apurado y la industria también, y me vuelve loca en el buen sentido no seguir la agenda que se propone. La música no tiene agenda, un disco es para siempre. Puede llegarles a muchos jóvenes un disco de hace 70 años… es como una semillita que pones en el mundo y ni idea cuándo brota. Soy una joven que no está apurada y a la música no la apuro. Desde que saqué ese disco, seguí escribiendo y ya tengo veinte, treinta, cuarenta canciones y sigo… Y me gusta porque maduran, porque les doy el tiempo, porque el paso lento me hace pensar, frenar y sentir. Es como un proceso de la emoción al pensamiento, del aprendizaje.

D: —Qué bueno que digas eso a tu edad, porque yo siento lo mismo. A lo mejor, es por un cambio de los tiempos, de época, de la influencia de la tecnología. Eso que nos hace estar mucho más comunicados, por un lado, pero mucho más ansiosos y con ese ritmo rápido que vos decís. Y cuando supe que vos pensabas así, digo: “Qué bueno que sea tan joven y lo vea de esa manera, que se tome su tiempo para sacar las canciones”. Porque hoy cuando hacés un disco, lo entregás y te dicen: “Bueno, perfecto, ¿cuál es la canción nueva?”. Y vos decís: “No, yo estuve trabajando en treinta canciones para decidirme por estas diez que serán parte de este disco”.

Z: —¿Qué estabas haciendo a los 24?

D: —Estaba con “Tratar de estar mejor”, mi segundo disco. Me había ido a vivir a Mar del Plata. Mis abuelos tenían casa ahí, me crié ahí desde chiquito. En un momento tuve una novia marplatense, me fui a vivir allá, me hice una casa en el bosque, hice el estudio. Estaba a pleno, con mucho trabajo y mucho suceso. Necesitaba tomar aire y encontré fuera de la ciudad mi refugio, el poder ir al almacén del bosque, tomar mate con ellos, ir a comprar la carne, cocinar, ir a algún barcito a la playa, fuera de temporada, que es hermoso, a escribir letras.

Z: —¿Y disfrutabas a los 24?

D: —Sí, sí. Disfrutaba mucho. Tenía una gran banda de músicos que eran muy buenos y que habían tocado mucho con varios artistas, tenían mucho road. Cachorro (López) también estuvo en la banda: yo era súper jovencito y para mí tocar con él también era un sostén muy grande. Tocábamos mucho, hicimos vuelta a la Argentina por todos lados. “Tratar de estar mejor“ como canción fue una que yo siempre digo que es como la madre de “Color esperanza”, de ese tipo de canciones. Esa canción yo la escribí pensando en mi familia, habla de los seres queridos… Mi hermano más grande, médico, vivía en Estados Unidos, mi mamá empezó con problemas de salud... Era una familia que estaba atravesando esos dilemas, como a muchas otras les pasa. Por eso es una canción muy fuerte para mí, que los chicos la empezaron a cantar cuando egresaban, cuando se casaban. Empezó como a entrar en ese vínculo con la gente. También me acuerdo de que iba mucho a Gesell, ahí al Faro Querandí a pescar… fue la temporada del gomón, tenía muchos locos amigos ahí, que eran bravísimos. Fuera de temporada íbamos y nos metíamos. Los que cuidaban el faro, que no sé si eran de la Gendarmería, nos daban espacio para hacer un campamento ahí, llevarnos el gomón, salir a pescar... De hecho, muchas de las fotos son ahí, y después yo volví a hacer el video de “Color esperanza” en ese faro, también.

Z: —Si volvieras a los 24, ¿qué te dirías?

D: —“Uy, no sabés lo que te espera” (risas). Yo era muy impulsivo, iba, iba. No sentía ningún peso. Como mucha gente me decía: “Pero vos sos el hijo de Lolita”... y yo sinceramente no sentía ese peso, era muy desprejuiciado. Se nota dentro de ese horizonte amplio donde en un momento me decían: “Bueno, artista pop que tiene que ir por acá”. Yo no quería ni que las chicas griten, ni quería ser un baladista tradicional, porque me gustaba el reggae, me gustaba el funk y así fui incorporando otras músicas. Toda esa ensalada de corrientes musicales que yo quería fusionar, era como ir diciendo: “¿Estás o estás acá? ¿Es actor o es cantante?”. Y yo nunca sentí esa etiqueta, pero no por hacerme el rebelde sino porque iba. Iba para adelante como un loco. Entonces, agradezco. ¿Por qué? Hoy pensaría más las cosas y, de repente, no sé si estaría bueno pensarlo.

"Soy una joven que no está apurada y a la música no la apuro", se define Zoe Gotusso
"Soy una joven que no está apurada y a la música no la apuro", se define Zoe Gotusso

Z: —Vos me preguntabas por mi viaje de Córdoba a Buenos Aires y la música. Y ahora, claro… Yo a los 14, 15, me di cuenta de que me encanta la música porque me encanta, porque no lo pienso tanto. Pero ahora la música me trajo mucho más que la música: el vínculo mío con la gente es sagrado. Y está bien, el medio es la canción y la música es muy importante y yo soy una amante de las canciones, pero si yo saco la música, hay algo muy valioso igual, ¿no? El medio es la música, pero no sé si es solo la música.

D: —Pensando en eso y también entre los opuestos, entre la alegría y la tristeza, ¿qué es el éxito y el fracaso para vos?

Z: —Yo me siento muy exitosa por ejemplo, y no quiero ser soberbia diciendo esto. Tengo 24 y un hambre bárbara de vivir, de conseguir muchas cosas y de vivir muchas cosas, muchos sabores y personas. Pero digo que me siento exitosa porque creo que me habito de la manera que me gusta. O sea, me quiero. Saboreo la vida. Saboreo las conversaciones, las personas. Y para mí, eso es el éxito. Claro que me encantaría hacer un estadio, pero yo sé que eso va a ser consecuencia de cómo yo me siento. Y yo solo quiero sentirme en paz, tranquila, como saboreando la felicidad, la tristeza. ¿Vos qué pensas?

D: Creo que la alegría, la tristeza, el éxito, el fracaso, los buenos y los malos momentos, son estaciones de tren. Nosotros somos el tren y vamos adentro. El verdadero bienestar, llamémoslo, que convive con el éxito, es el “mientras tanto”. Cómo vas en ese tren. Indefectiblemente, vas a pasar por todas esas estaciones. La vida no es enteramente exitosa y tampoco es enteramente un fracaso.

Z: —Son como instantes.

D: —Son instantes, momentos. Por eso el “mientras tanto” es lo que te determina a vos cómo llegas de una estación a la otra. Vas a perder gente querida, que es una de las cosas más difíciles de la vida. Todos tenemos miedo a la muerte, decís: “A ver, por dónde me va a pasar la muerte”. Yo estaba esperando que se muera mi mamá o mi papá por problemas de salud que empezaron a tener y se mató un amigo en un accidente, en el mejor momento de su vida. Porque había pasado varios obstáculos y estaba pleno. Y en la vida, apareció la carta de la muerte… Yo estaba en México de gira y fue: “¿Cómo puede ser?”.

"Yo estaba esperando que se muera mi mamá o mi papá por problemas de salud que empezaron a tener, y se me mató un amigo en un accidente, en el mejor momento de su vida", contó Diego Torres
"Yo estaba esperando que se muera mi mamá o mi papá por problemas de salud que empezaron a tener, y se me mató un amigo en un accidente, en el mejor momento de su vida", contó Diego Torres

Z: —No lo había pensado nunca: ni siquiera es la parada del tren de la euforia o de la tristeza: es el “mientras” tanto para estar preparado para eso otro. Me gusta mucho. ¿Te gustó charlar conmigo?

D: —Me encantó. De verdad. Me encantó conocerte y encontré una persona linda. Me encanta que digas que sos optimista porque yo…

Z: —¿Sos optimista?

D: —Busco ser optimista, sí. Todo el tiempo. Soy un guerrero y creo que se traslada en lo que canto y en mi actitud de la vida. Pero también convivo con ese ser emocional, con ese tango que tenemos adentro y soy un hombre que llora mucho.

Z: —Yo también lloro mucho.

D: Vengo llorando mucho en este último tiempo de mi vida, por cosas que me vienen pasando. Este es un momento muy vulnerable de mi vida. Y también coincide con esta vuelta a nuestro oficio, de volver a cantar, volver a viajar. Fue muy duro para nosotros, los artistas, que viajábamos y que cantábamos, que a veces la gente piensa que somos marcianos y que vivimos en un planeta aparte. No, somos seres súper sensibles, emocionales, que nos afectó mucho todo esto, como a mucha gente le afectó en su vida.

Z: —Yo también estoy llorando mucho.

D: —¿Ah sí? ¿Querés que nos juntemos a llorar? (risas).

"¿Querés que nos juntemos a llorar?", le propuso, entre risas, Diego Torres a Zoe Gotusso (Fotos: Massta)
"¿Querés que nos juntemos a llorar?", le propuso, entre risas, Diego Torres a Zoe Gotusso (Fotos: Massta)

Z: —Sí. Mira, te voy a leer algo que escribí. Nunca leí algo, no escribo, eh, pero para es que entiendas y me creas…

D: —Mientras lo buscas, te voy a contar esto. El otro día me tuve que despedir de mi hija, que la llevé al colegio, y fue un mar de lágrimas. A ella se le caía la lagrimita porque le explicaba: “Bueno, papá empieza a viajar de nuevo, vuelve a cantar, estoy haciendo lo que hacía mi mamá”, porque ella sabe que su abuela era cantante. “Y por eso yo estoy feliz con vos, la persona que sos, que estudies, que hagas tenis, música, básquet, todo lo que hacés. Que seas buena amiga, que la gente te quiere. Todo el esfuerzo que papá hace y tu mamá también es para que vos valores todo esto”. Entonces, me voy y había una profe jovencita que ve la despedida, me mira y me dice: “¿Estás bien?”. Y yo le hice así, como diciendo: “¿Qué querés que te diga?”. Yo estaba hecho mierda. Y terminé abrazado con la maestra y ella consolándome diciéndome: “Tranquilo”.

Z: —Qué lindo. Cómo invita al otro la vulnerabilidad, ¿no? Esto que te leo es algo que escribí porque empecé a llorar tanto… Puse: “Lloro siete de cada diez días”. ¡Siete de cada diez días! “Viernes 6 P.M lloré. ¿Por qué? Algo parecido al estrés. Sábado 22 horas, lloré. En un concierto de un amigo abracé a su mamá y rebalsé de lágrimas por emoción”. “Domingo yendo a Mendoza, lloré en el avión. Veo mi equipo que se divierte, pienso en alguien que me quiere y yo también. Tengo un don para hacer bien a las personas. Y el martes también lloré”.... Y sigo relatando, voy poniendo todo por lo que lloro. Porque lloro mucho. Pero después digo: “Creo que es sano”. O sea, uno llora por tristeza, llora por una muerte, llora de las maneras que sea, llora por alegría, no importa qué. Siento que está bien que llore, ¿no?

D: —Me parece muy sano y te voy a transmitir algo porque tengo más años que vos. Me parece bueno que vayas llorando en un plan de cuotas. Porque acumular un montón de cosas, no tomar decisiones… La mochila se va haciendo muy pesada. Tarde o temprano, la factura te llega y vas a llorar el doble. Entonces, está bueno que llores (risas).

Z: —A llorar tranquilos (risas).

D: —Y riendo también.

Z: —Está bien, obvio. Gracias por charlar conmigo.

D: —No, un placer.

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