Coco Sily con María Laura Santillán: “Mi reclamo fue: basta de la cosita chiquita del Instituto Patria”

Qué piensa de Cristina y La Cámpora. La necesaria autocrítica política. Por qué tiene miedo de los que se ponen obtusos. La emoción fácil después del COVID. El porteño calentón que nunca tiene vergüenza de pedir perdón

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María Laura Santillán, a solas con el Coco Sily

Es de los que hablan cuando quiere y de lo que quiere. Después se arma lío, hace ruido, pero él sabe explicar lo que piensa y lo que dice. Es conductor, actor, guionista, multifacético y talentoso. No le escapa a ningún tema por más polémico que sea. A Fernando Coco Sily la mayoría de la gente lo asocia con el humorista, con el genial contador de anécdotas, el creador de “La cátedra del Macho” que en estos tiempos de deconstrucción se reinventa. Coco conserva esa mezcla de sabiduría y picardía de barrio que hace que la charla sea divertida. Leal militante del peronismo de Perón, su mirada crítica sobre quienes hoy levantan sus banderas resulta además de interesante, enriquecedora.

-Sos de los que hablan cuando quiere y de lo que quiere. Después hay que sostenerlo...

-Sí, le gana la entraña al pensamiento, le gana la sangre a la lógica. Trato de cuidarme, el oficio me dio cierto cuidado, pero sigo derrapando como hace diez años.

-¿Por qué hablás de derrapar? ¿No es acaso decir lo que pensás?

-Es que en este oficio ser políticamente correcto parece que fuera más sustentable. Por eso a veces es preferible no decir lo que se piensa porque después quizás viene una revuelta, a veces es mejor flotar… Yo no soy de los que piensan así. Como soy me cuesta salud.

-¿Por qué? ¿Te amargás?

-Sí, sobre todo por las redes. Antes no tenías la inmediatez de lo que pensabas en la respuesta de la gente. A lo sumo era el rating o algún comentario en el supermercado pero no pasaba más.

-Hoy siempre hay alguien que te insulta, siempre hay alguien al que le cae mal lo que uno dice. A pesar de eso, sos uno de los pocos que circula en todos los canales de TV, no solo a los afines.

-No tengo problemas, salvo algún caso en particular y son contados con los dedos de una mano. Siento que soy un tipo querido y quiero a mis compañeros. Me siento parte de la industria. No tengo problemas. Las repercusiones fuertes que tuve más que nada fueron cuando fui autocrítico de mi propio espacio de pensamiento. Yo no soy militante politico, tengo una ideología política.

-Muchos del Frente de Todos no se animan a hablar. ¿Le tienen miedo a Cristina Kirchner?

-En general los que no militamos, no. Yo no le tengo miedo a Cristina, le tengo mucho respeto pero no miedo.

Su crítica a Cristina y La Cámpora

-En la oposición están discutiendo. Los radicales entre sí, hay halcones y palomas en el PRO, pero en el Frente de Todos parece que está prohibido discutir a Cristina o a alguna de sus ideas.

-No sé. Habló desde mi subjetividad. El último revuelo que tuve mediático fue por un comentario autocrítico que hice hacia Cristina y hacia el sector más cerrado del Kirchnerismo. No puedo decir que tenga miedo a ninguna repercusión personal, pero sí mediáticas.

-Dijiste que la militancia tanto de Cristina Kirchner como la de Máximo Kirchner tenía “mucho fervor, pero cabeza de termo”.

-Sí, fue un término del cual me arrepiento. Y muchos me dijeron ‘está bien porque lo hiciste con humor’. Sí, pero es un poco despectivo. Para mí la interpretación literal de “cabeza de termo” es: cerrado, más obtuso, más concentrado en su propio pensamiento.

-¿Están negando lo que pasa alrededor, sin escucharlo?

-Eso es lo que yo quise expresar, simplemente eso. Empecemos a escuchar lo que pasa alrededor, empecemos a abrir. Si querés que haya un proyecto tenés que sostener el proyecto más allá de las personas. Cuando se ponen muy obtusos, se pierde un proyecto. Yo le tengo miedo a un proyecto más cerrado como el macrismo. Quizás no al larretismo, que todavía no existe pero ya va a existir.

-¿Qué es lo que no quieren escuchar?

-Me parece que el poder es un veneno complicado de sobrellevar. Hay venenos que curan y matan. Yo no lo termino de entender. No sé si entran en el famoso diario de Irigoyen… Es más fácil de leer el macrismo, sabes, cuales son sus intereses, a quien piensan en beneficiar… En el caso del peronismo que esencialmente debería ser redistributivo, industrializador, colaborador del que menos tiene para que tenga un poco más, si perdés la mirada sobre los otros muy rápidamente la empezás a chingar. Mi reclamo fue ese “vamos a abrir la mirada”. Basta de la cosita chiquitita del Instituto Patria.

-Hubo una derrota contundente y a pesar de eso el oficialismo salió a las calles a festejar.

-Se achicó la brecha en las elecciones generales de la provincia de Buenos Aires. No lo viví como un festejo necio. La política tiene que ver un poco con el “para afuera” y con el relato que se establece de los dos lados. Cada cual con sus intereses y su mirada. Yo no tenía nada para festejar, me da pena que se haya perdido como se perdió, pero sí valoro un montón de cosas de este gobierno, esencialmente desde la mirada catastrófica de una pandemia, que es algo que se olvida desde el otro lado. Este es un hecho histórico, es un ritmo con el que nadie ha bailado nunca. Eso tiene que tener una valoración. De esta nadie sabía nada. Y hubo que bailarla. Por eso banco muchas cosas de este gobierno en cuanto a la salud. Con muchísimos errores : larga la cuarentena, la foto.. Si hay algo que tengo es necedad.

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-Eso de “cabeza de termo” hizo mucho ruido. ¿Te llamaron? ¿Te putearon? ¿Te discutieron?

-No. Las veces que yo hice autocrítica, nunca tuve ningún llamado. Si Cristina me manda un mensaje o me dice algo, eso para mi sería muy grave. Te hablo con honestidad brutal. Nunca me han llamado. Se que se han sentido lastimados, más dolor que enojo. Muchos peronistas dijeron “dijiste lo que muchos piensan dentro del peronismo”.

-¿Cómo serán las discusiones entre Alberto y Cristina? Deben ser tremendas.

-A mí me parece fantástico que discutan. Ahora, si las discusiones llevan a un Chacho Álvarez renunciando a la vicepresidencia o a un Julio Cobos votando en contra a una ley, bueno, ahí estamos en problemas. La discusión de dos personas que ya habían discutido antes de ser presidente y vicepresidenta, yo eso lo valoro. Cuando lo veo en la oposición también lo valoro. Son más caretas, lo dibujan mejor. ¿Vos decís que Macri está encantado con Rodriguez Larreta? ¡No! Deben discutir como locos, hay una discusión de poder, de liderazgo y eso me parece bien.

-Le ponés voz a lo que piensa más de una persona y eso puede irritar. ¿Te arrepentís cuando decís que querés golpear a alguien?

-Lo digo, pero no es una acción que haría, no soy un tipo violento. No puedo recordar la última vez que me agarré a trompadas, debe haber sido en la cancha de Huracán cuando tenía 18 años. No ejerzo la violencia, sí tengo una manera barrial de hablar donde las palabras y las expresiones tienen otro peso. Soy verborrágico.

-Te enojaste públicamente con varias personas. Recuerdo una pelea con Andy Kustnezoff, otra con Abel Pintos…

-Son chistes. El día que me caliento, me caliento, pero después lo transformo en un chiste porque me río de mí mismo y me digo: “¿Gordo qué te sucede? ¿Estás loco?”. Los que me conocen se ríen. Con Abel pasó que no vino a una nota en la radio. Eso a mí me mata porque te estuve vendiendo toda la semana a mis oyentes y para mí ellos son mi vida. Entonces ahí me desboco y a veces, me equivoco.

-¿Y con Benjamín Vicuña?

-También. Uff, le tuve que pedir perdón de rodillas. Lo de Benjamín fue especial porque mentí. Empecé a decir que no vayan a ver su película y yo ni la había visto. Encima estaba producida y escrita por una persona que adoro que es Gabriel Rolón. Después no sabía dónde meterme. Al otro día salí en conferencia de prensa porque gracias a Dios tengo la capacidad de no seguir sosteniéndolo, eso sería lo peor. Así que enseguida salí al aire y dije “chicos mentí, nunca vi la película, no sé si es buena o mala y me fui de boca”. Y a mí el oyente me la perdona por empatía.

-¿Qué aprendiste en la pandemia? ¿Te quedaron manias? Yo estoy todo el tiempo lavándome las manos.

-Tuve COVID, fui uno de los primeros. Por suerte bastante asintomático, y eso que soy un fumador empedernido. Cuando me dijeron que tenía COVID que es un virus respiratorio me quería encadenar a un respirador, tenía mucho miedo. Por suerte lo superé. Pero me quedaron otras cosas que no sé si son del virus, por ejemplo, un estado emocional mucho más vulnerable que antes. Lloro por cualquier cosa. Me acaban de nombrar Personalidad destacada de la Cultura en la Legislatura. Es un mimo. De solo pensar que van a estar mis hijos ahí, que me van a dar el diploma, que ellos lo van a guardar , que mis nietos un día van a decir “el abuelo…” me voy a lo emocional inmediatamente.

Qué piensa de Cristina y La Cámpora. La necesaria autocrítica política. Por qué tiene miedo de los que se ponen obtusos. La emoción fácil después del COVID. El porteño calentón que nunca tiene vergüenza de pedir perdón

-La pandemia también nos dejó la moda platinada. Hoy está de moda ser canoso, como vos.

-Sí, tengo una bendición con eso. Mirá que yo me “carmelié” en alguna época. Lo hice sin querer. Una vez me pegué un carmelazo tan feo que quedé todo amarillo. Te ponían un gorro de goma y con una aguja de crochet iban agujereando y sacando los mechoncitos de pelo, pero la tintura estaba vencida y en vez de rubio terminé amarillo. En esa época yo estaba en Animales sueltos y no podía no ir, tampoco ponerme una gorra porque era una ridiculez. Cuando me vi pensé “Fantino no me la perdona”, así que inventé que tenía que hacer una película y que el director me había pedido ese color de pelo para mi personaje

-Tu blanco blanco ¿es natural? Si es así hoy matás.

-Mato ahora. Es natural, gracias a Dios.

-Esa es otra de las cosas que nos dejó la pandemia. Las canas o estar en zapatillas y que esté todo bien, tu look está de moda.

-Es que yo tengo un look pandémico hace 20 años (risas). Me visto mal, uso zapatillas… Aunque para vos hoy me hubiera vestido mejor.

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