El vocero presidencial, Adrián Ravier, es el primer funcionario del gobierno argentino que da alguna muestra de querer desescalar el tono de la discusión con la administración de Lula da Silva, la cual se deterioró aún más luego de que el presidente Javier Milei tratara de “basura” y de “presidiario” a su par brasileño el sábado pasado en San Pablo.
“No es la intención que esto afecte las relaciones comerciales entre dos pueblos hermanos que coexisten y de hecho se tienen como socios comerciales principales”, afirmó esta mañana el portavoz del Presidente durante una conferencia de prensa que encabezó en la Casa Rosada.
El mandatario argentino fue uno de los invitados estelares de la Convención Nacional del Partido Liberal (PL) que proclamó como candidato a presidente a Flávio Bolsonaro, principal rival político de Lula de cara a la primera vuelta del 4 de octubre.
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No fue la primera vez que el libertario viajó a Brasil para tener algún tipo de demostración con la oposición al Partido de los Trabajadores (PT), pero los insultos que propinó en su discurso generó un tembladeral en el vínculo de ambos países, al punto que Itamaraty -la Cancillería brasileña- llamó a consultas al embajador en Argentina, Julio Bitelli, y citó al enviado argentino en Brasilia, Daniel Raimondi, a dar explicaciones.
En la Casa Rosada afirman que el Presidente no está arrepentido, por lo que sus dichos podrían continuar en entrevistas posteriores. Es algo que ratificó un día después de su discurso contra Lula, cuando participó el domingo de un reportaje radial en La Rural y detalló que su enojo estaba fundado, en parte, en una presunta participación de Brasil en la denominada “campaña antiargentina”. Aun así, en el entorno de Milei creen que no hay mayores incentivos a seguir escalando la situación diplomática.
Desde Brasil decidieron dejar asentado el malestar por lo acontecido el último fin de semana, pero importantes fuentes diplomáticas confiaron a Infobae que no romperán el vínculo con Argentina y que tienen intenciones de reconstruir el diálogo con la Casa Rosada y la Cancillería Argentina.
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Aún así, avisan que esto no se concretará en el corto plazo y que las demostraciones que ha dado el Gobierno todavía no son suficientes.
“Se nota el esfuerzo. Pero se insiste en una equivalencia de actitudes que no corresponde la realidad. Necesitamos identificar a las personas dentro del gobierno para reconstruir la relación en el medio plazo. Antes de octubre no va a pasar, pero después es indispensable”, afirmó una fuente inobjetable.
Hasta el año pasado, Brasil contaba con múltiples terminales al interior del Gobierno. En ese entonces, oficiaban como interlocutores confiables Guillermo Francos, Patricia Bullrich y hasta Daniel Scioli, quien fue embajador en ese país durante la presidencia de Alberto Fernández. Lo que sucedió con los cambios ejecutivos que se dieron hacia final del 2025 es que no quedaron funcionarios de trayectoria y con experiencia en la rosca con el país vecino.
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En ese entramado que busca reconstruirse, Itamaraty maneja su política diplomática ante la posibilidad de que surjan diversos escenarios. Uno de ellos, hoy en día el más probable, es que tanto Lula como Milei sean reelegidos. “Si eso sucede, esa relación va a tener que ser reconstruida”, sentencian.
Los interlocutores de Brasil con Argentina ven que los diálogos que puedan llegar a tener con el canciller Pablo Quirno pueden ser más afables en privado, pero que el funcionario libertario busca mostrarse muy alineado a los modos del Presidente para seguir ganando consideración en el esquema de poder.
Aunque Quirno todavía no dio declaraciones públicas, Ravier justificó las declaraciones de Milei en que las diferencias son solo “ideológicas” y “políticas”, pero que la Argentina “nunca ha llevado esas diferencias al plano diplomático, con lo cual vamos a seguir en este rumbo. Son diferencias que hay claramente entre los dos mandatarios”.
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“Javier Milei es un presidente líder de un movimiento que trata de llevar adelante ideas promercado. Los Bolsonaro en Brasil, son amigos de esta idea. Lula se enfrenta hacia esta idea. Creo que las diferencias están claras y son parte de una cuestión ideológica y política, pero no creemos que esto vaya a impactar en el plano diplomático. No al menos desde el lado argentino”, concluyó.
La crisis diplomática entre Javier Milei y Luiz Inácio Lula da Silva tiene raíces profundas que superan el episodio reciente, cuando Milei respaldó en San Pablo la candidatura de Flávio Bolsonaro y lanzó críticas directas al presidente brasileño y a miembros del Supremo Tribunal Federal.
La tensión actual se remonta a 2023, cuando Lula manifestó abiertamente su preferencia política en la campaña presidencial argentina, apoyando a Sergio Massa en un intento de evitar el triunfo de Milei. Esta intervención política consolidó un trasfondo personal y político en la relación, con Milei señalando reiteradamente la injerencia de dirigentes del Partido de los Trabajadores en su contra.
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El conflicto también responde a dinámicas internas de Brasil. Lula enfrenta una campaña de reelección marcada por la polarización y aprovecha la disputa con Milei para fortalecer su discurso de defensa de la soberanía brasileña ante presiones externas. La respuesta diplomática brasileña, aunque firme en condenar las declaraciones de Milei, evitó medidas extremas como la retirada de embajadores. Brasil busca mantener el diálogo y resalta la importancia estratégica del vínculo bilateral, sin dejar de elevar el costo político de la confrontación.
En el plano internacional, la crisis refleja dos modelos opuestos de inserción global. Mientras Milei refuerza el alineamiento argentino con Estados Unidos e Israel, Lula promueve una mayor autonomía internacional y profundiza la relación con China y otros actores globales.