El crudo diagnóstico que hacen en Washington sobre las elecciones y el futuro de la Argentina

El proceso electoral es seguido con intriga desde los círculos de poder de los EEUU. El análisis de las figuras de Milei, Massa y Patricia Bullrich, las dudas sobre la dolarización, la necesidad de un acuerdo social, el “efecto Macri” y una alerta sobre el plan de expansión de China en Latinoamérica

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Una postal típica del Monumento a Washington en la capital de los Estados Unidos (Foto: Reuters / Jon Cherry)
Una postal típica del Monumento a Washington en la capital de los Estados Unidos (Foto: Reuters / Jon Cherry)

(DESDE WASHINGTON DC) “El próximo Presidente argentino deberá tomar decisiones muy difíciles, tendrá que estar dispuesto a perder capital político para aplicar medidas que encaucen la economía”. La sentencia resuena por estas horas en Washington, donde la mirada sobre el futuro del país recorre la sinuosa frontera de la bipolaridad.

En la ciudad epicentro del poder de los Estados Unidos hay dos visiones bien dispares sobre la Argentina que viene: la optimista destaca la riqueza de recursos naturales, de capital humano y hasta de ubicación geográfica (lejos de los escenarios bélicos) que le dan una enorme chance de lograr a mediano plazo un despegue económico sostenible en el tiempo. “Es un país que debería nadar en dólares si aprovechara las necesidades globales de energía y alimentos”, resumen sin pestañear desde el círculo de poder norteamericano.

Sin embargo, en un parpadeo la perspectiva se carga de escepticismo con un dato que consideran irrefutable: el historial de recaídas de una dirigencia política que -entienden- siempre elige recalcular el rumbo cuando llega el momento de avanzar con reformas de fondo. En ese momento apelan a fórmulas cortoplacistas y agravan un cuadro económico y social desesperanzador que, aun en el mejor de los casos, no se revertirá rápidamente.

La frase que mejor resume esa sucesión de ilusiones que mutan en decepción la pronunció Alejandro Werner, ex director del Departamento del Hemisferio Occidental del FMI, quien en 2018 supervisó el acuerdo de préstamo por 57 mil millones de dólares que se le otorgó al gobierno de Mauricio Macri.

“El de Argentina es un tema que genera muchas divisiones dentro del propio staff del Fondo; por eso se cambian los equipos (negociadores) cada cinco años… Es un caso profesionalmente fascinante, uno (se involucra porque) cree que ahora sí el país va a poder romper esa dinámica de inflación y tú de alguna manera periférica vas a ser parte de esto. Luego te das cuenta de que no es el caso y tu reputación se ve afectada”, resumió entre risas y resignación el economista durante una charla con periodistas que se realizó en la Universidad de Georgetown, en el marco de la 14 edición del programa Key Opinión Leaders organizado por AmCham Argentina en Washington.

Cómo ven en Washington a Milei, Massa y Bullrich

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En el centro del poder político de los Estados Unidos repiten casi como un mantra que el gobierno de Joe Biden no tiene un favorito. Garantizan que la relación bilateral con Argentina se mantendrá y se trabajará con el que gane las elecciones, sea quien sea. Sin embargo, hay un perfil definido de cada uno de los candidatos.

En Washington apelan a la cautela cuando se pide una definición sobre la figura de Javier Milei. La tentación de hablar de un “little Trump” en gestación es grande, pero por ahora se evita para no apresurarse en colocar etiquetas ideológicas; sobre todo porque el líder libertario es todavía una verdadera incógnita.

En su diálogo con el FMI, que fue público tras las PASO, el candidato de La Libertad Avanza hizo un diagnóstico realista de la actualidad y presentó un plan que apunta a consolidar las cuentas con una drástica reducción del gasto público en el primer año de gestión; cómo lo logrará es la gran duda. ¿La dolarización? Esa idea genera mucha incredulidad en varios sectores que tienen aceitados vínculos con el poder en los EEUU: “Una cosa es estar en campaña y otra muy distinta es gobernar”, coinciden.

Los analistas que siguen la dinámica de Latinoamérica tienen curiosidad por conocer cuál será la estructura política que respaldará al líder libertario en caso de llegar a la presidencia. Además aguardan mayores precisiones sobre la hoja de ruta que utilizará para alcanzar rápidamente metas ambiciosas, con medidas que, tal vez, una parte importante de la sociedad no estará dispuesta a acompañar.

En el caso del proyecto de Patricia Bullrich, el desembarco de Carlos Melconian fue visto como una señal importante. El economista visitó personalmente las oficinas del FMI en el 700 de la calle 19th NW, y en esa reunión quedó claro que su plan no contempla dolarizar. Uno de los ejes centrales de su propuesta estará enfocado en el aspecto fiscal para ordenar el gasto público.

El desafío de la candidata de Juntos por el Cambio será encontrar la llave para salir de esa encerrona en la que se encuentra desde el día después de las PASO: su discurso quedó a mitad de camino en un escenario de grieta que hoy tiene como referentes de cada extremo al líder de La Libertad Avanza y al referente de Unión por la Patria.

La figura de Sergio Massa es la más conocida de las tres en Washington. Y aunque nadie lo admita en público, eso le da una luz de ventaja en la comparación con Milei y Bullrich. Allí destacan su carisma y habilidad para construir puentes diplomáticos y sellar acuerdos. Sin embargo, se sabe que afronta un desafío muy complejo porque hoy, más que pensar en el diseño de un plan de futuro, el candidato de Unión por la Patria compite con el lastre (y el desgaste) que significa ser ministro de Economía en un contexto de crisis profunda. La potencial influencia de Cristina Kirchner en su proyecto presidencial se tiene en cuenta, pero confían en que Massa sabrá hacer equilibrio en esa compleja relación de poder.

Claro que las buenas relaciones no alcanzan para maquillar la lectura fría de la realidad: quienes conocen por dentro los pasillos de los organismos multilaterales coinciden en que, hasta ahora, los resultados de los ajustes económicos que se hicieron luego de las PASO -con devaluación incluida- no han sido los esperados porque el impacto inflacionario fue mayor al que calculaban y la brecha cambiaria no se redujo del modo que preveían.

Aún en ese escenario, se especula con que la corrección cambiaria de agosto no fue suficiente y diagnostican que, a corto plazo, el tipo de cambio actual no será consistente con un plan serio de acumulación de reservas. Algo similar pasa con los precios de las tarifas que, en ese contexto, deberían incrementarse para ayudar a ordenar las cuentas.

Un análisis coincidente que se oye en Washington es que, para que la recuperación de la Argentina sea posible y perdure, es obligatorio tener una mirada de mediano plazo y será imprescindible sellar un acuerdo político y social que permita mantener el orden en las calles durante la primera etapa del próximo gobierno.

Una marcha de piqueteros frente al Ministerio de Desarrollo (Foto: Franco Fafasuli)
Una marcha de piqueteros frente al Ministerio de Desarrollo (Foto: Franco Fafasuli)

Un aporte final interesante al análisis de cómo ven en EEUU a la Argentina surge de boca del referente de un importante think tank demócrata, quien asegura que hoy no hay tantas expectativas sobre lo que puede pasar en el país tras las elecciones: “Existe el ‘Efecto Macri’, que afecta a Milei, a Bullrich e incluso a Massa”;. ¿A qué apunta la definición? A que en 2015 el triunfo de Cambiemos -en combo con el fin del mandato de Cristina Kirchner- se vio como un quiebre positivo que podía marcar un antes y después en la dinámica política local, pero esa esperanza se evaporó cuando Macri no pudo ser reelecto y se fue del poder sin realizar las reformas de fondo que se esperaban. “Por qué sería diferente ahora”, pregunta la misma fuente con una sonrisa.

El avance de China en Latinoamérica y el rol de Brasil

Más allá del diagnóstico que puedan realizar diversas voces influyentes sobre las elecciones en Argentina, en los Estados Unidos hay una serie de temas que están muy por encima en la escala de prioridades: la economía local, en el marco de la competencia con Donald Trump que se avecina por las elecciones del año próximo; y la feroz pulseada geopolítica con China, una pelea que convive en la agenda con la invasión de Rusia a Ucrania que, estiman, podría extenderse aún más en el tiempo.

Xi Jinping y el presidente de Brasil, Lula Da Silva, se saludan durante un acto que se realizó en abril en Beijing (Foto: Ricardo Stuckert/Brazil Presidency)
Xi Jinping y el presidente de Brasil, Lula Da Silva, se saludan durante un acto que se realizó en abril en Beijing (Foto: Ricardo Stuckert/Brazil Presidency)

La mirada sobre Latinoamérica recobra relevancia por dos aspectos: 1) el avance del régimen de Xi Jinping en la zona; 2) las crisis migratorias que se registran en la región, que pueden afectar de modo directo el futuro de los Estados Unidos. Las más importantes son la venezolana, con más de siete millones de expatriados. Y los movimientos que se registran en países del Caribe y en México, que generan zozobra en la frontera sur de los EEUU. El martes pasado, el presidente Joe Biden recibió en la Casa Blanca a su par de Costa Rica, Rodrigo Chaves, al que le agradeció su colaboración en el control de los flujos migratorios.

La pelea con el régimen de Xi Jinping se libra a toda hora y en todos los territorios donde se ponga en juego el liderazgo global del próximo siglo: posicionamiento territorial; competencia por el 5G; acceso a fuentes de energía y a minerales estratégicos como el litio.

En ese contexto preocupan algunos gestos de la política internacional de Lula, que acaba de promover el ingreso de la Argentina al bloque BRICS, el grupo de países conformado por Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica, al que en EEUU consideran un foro político con estándares poco rigurosos en materia de defensa de la democracia y de los derechos humanos.

En el caso de Argentina, confían en que el nuevo gobierno (gane quien gane) tomará distancia de ese espacio, sin importar los acuerdos que haya cerrado la administración saliente.

En Washington están convencidos de que China lleva adelante un plan de expansión global con fuerzas militares, que tiene como último fin llegar a un enfrentamiento directo con los Estados Unidos.