
Alberto Fernández decidió mantener una postura “distante” de la crisis de Venezuela y avanzar hacia “una tercera posición”. Esta nueva estrategia del Presidente marcó desde ayer un primer distanciamiento del kirchnerismo duro que buscaba ratificar su alianza con el régimen de Nicolás Maduro y, al mismo tiempo, evitó quedar atado a las posiciones rígidas de Estados Unidos o el Grupo Lima ante Caracas.
Ayer por la tarde, cuando la crisis de Venezuela se salía de cauce y los militares chavistas impedían el ingreso de Juan Guaidó a la Asamblea Nacional para ratificarlo como presidente de ese cuerpo, en Buenos Aires el presidente Fernández tomaba una decisión que lo ubicó por primera vez en una posición ajena a la histórica postura de Cristina Kirchner de apoyo irrestricto al chavismo. El Presidente evaluó la situación con el jefe de Gabinete Santiago Cafiero, el secretario de Asuntos Estratégicos Gustavo Béliz y le ordenó al canciller Felipe Solá redactar el comunicado que se dio a conocer. Allí sostuvo que la Argentina lamentó “profundamente” los episodios de Venezuela y calificó los bochornosos hechos como “un nuevo obstáculo para el pleno funcionamiento del Estado de Derecho”.
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El comunicado difundido por la Cancillería fue monitoreado hasta su último detalle por Alberto Fernández, quien se cuidó de no herir demasiadas susceptibilidades hacia las filas del kirchnerismo duro. Evitó hablar de “un golpe” de Maduro. Pero fue tajante en un punto: calificó de “inadmisibles para la convivencia democrática los actos de hostigamiento padecidos por diputados, periodistas y miembros del cuerpo diplomático al momento de procurar ingresar al recinto de la Asamblea Nacional para elegir a las nuevas autoridades de su junta directiva”.
Puertas adentro, en la Casa Rosada allegados al Presidente explicaron los entretelones de ese comunicado y la decisión de la Argentina ante el caso Venezuela en adelante. “Todos actúan de mala fe y nadie quiere resolver nada en Caracas. Vamos a mantenernos distantes, no vamos a tomar partido por nadie y queremos seguir siendo interlocutores en el proceso de diálogo”, dijo un funcionario que habló anoche con el jefe de Estado.
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En este sentido, la postura de Fernández será la de insistir en que “la única salida es un diálogo con sacrificios de todos y con garantías para perdedores y no solo para ganadores de cualquier proceso que venga” en Venezuela. Esta es la directriz que marcó desde ahora Alberto Fernández ante la situación en Caracas.
Hasta anoche, el Presidente no había hablado por teléfono con Maduro. Tampoco dialogó con Guaidó a quien seguirá sin reconocer como presidente interino de Venezuela. Ni habrá un mínimo gesto del gobierno argentino hacia el chavista Luis Parra, que ayer tomó por atajos el poder de la Asamblea Nacional.
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Esta posición “distante” de Alberto Fernández ante la crisis de Venezuela resulta ser toda una novedad para el universo kirchnerista acostumbrado a aplaudir las bravuconadas del líder caribeño. Incluso algunos referentes del cristinismo puro ayer recordaban en estricta reserva que durante la campaña electoral en Argentina, Maduro había calificado de “estúpido” al entonces candidato presidencial que competía contra Mauricio Macri por haber mencionado la existencia de “abusos del Estado” en Venezuela. En definitiva, en el kirchnerismo siguen sin comprender el esquema diplomático que Fernández se propuso con la “tercera posición”. Es algo así como un esquema aggiornado al siglo XXI de aquel viejo neologismo peronista del “ni yankis ni marxistas”.
Está claro que el Presidente busca inaugurar una nueva etapa de relacionamiento de la Argentina con Venezuela que será totalmente diferente a la del macrismo que estaba alineado a Washington. Pero tampoco implicará esta línea sustentar el edulcorado discurso kirchnerista para adular al régimen de Maduro.
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En este engranaje de gestualidades de la diplomacia Alberto Fernández no quiere hacerle el juego a la oposición interna. Desechó por ahora la idea de Juntos por el Cambio que ayer le pidió al Presidente convocar a todos los países de la región para analizar el caso Venezuela. “No vamos a prestarnos a un circo”, dijo tajante un hombre que conoce bien al Presidente.
Esa “posición distante” de Alberto Fernández ante la crisis venezolana no implicará abrazar las duras posiciones de Estados Unidos o el Grupo Lima ni mucho menos seguir la línea crítica del secretario general de la OEA Luis Almagro en sus cuestionamientos a Maduro. De hecho, en la cumbre de la CELAC que se inicia mañana en México el canciller Solá se alineará con la administración de Manuel López Obrador para enfrentar a Almagro en la pulseada por la OEA y promover la postulación de la ecuatoriana Fernanda Espinosa.
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En este nuevo contexto, el comunicado de la Cancillería se ocupó por dejar en claro que el gobierno argentino haría “un llamado a las democracias del mundo a que ayuden a facilitar ese proceso de diálogo para que Venezuela pueda recuperar a la brevedad la normalidad democrática que históricamente ha caracterizado a ese país”.
Esta mención perseguía un objetivo concreto de parte del Presidente: dejar explicitada su posición ajena al Grupo Lima que condenó “el uso de la fuerza por el régimen dictatorial de Maduro”. El propio Fernández coordinó con el presidente de México no firmar ese comunicado a pesar de que ambos forman parte del Grupo Lima.
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Así, la Argentina se diferenció de los gobiernos de Bolivia, Brasil, Canadá, Chile, Colombia, Costa Rica, Guatemala, Guyana, Honduras, Panamá, Paraguay, Perú, Santa Lucía y Venezuela, países del Grupo de Lima. Todos estos países avalan la presidencia interina de Guaidó y denunciaron ante la ONU las graves violaciones a los derechos humanos por parte del régimen de Maduro. Alberto Fernández no comulgó nada de eso hasta ahora como decidió eludir el comunicado de ese tándem.
El Presidente cree que el Grupo Lima tiene una fuerte influencia de Washington y cree que la salida de Venezuela debe darse en el ámbito regional y no por mandato de Estados Unidos. Pero hay un dato clave: la Argentina no abandonará por nada el Grupo Lima.
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“No habrá un alejamiento del Grupo Lima ni nada que se le parezca”, subrayó anoche a Infobae un encumbrado funcionario del Gobierno. Se trata en definitiva de dar una señal de cierto alivio a Estados Unidos que ve con preocupación una eventual salida de la Argentina de ese club de países críticos de Venezuela.
Para Alberto Fernández resulta relevante en estos momentos no enfurecer los ánimos de Donald Trump para conseguir un apoyo de Washington en la dura pulseada que se avecina con el FMI por la renegociación de la deuda. Después de todo, se trata de establecer un equilibrio mayor que resulte beneficioso para el futuro de los argentinos más allá de los costos que esto implique en términos de geopolítica global.
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