Axel Kicillof consagra un poder alineado con Cristina Kirchner y escaso peso de los intendentes

El cuadro más visible quedará exhibido hoy con la jura de los ministros. El gobernador es acompañado por su núcleo de confianza. Y por viejos exponentes de la anterior gestión kirchnerista. El juego de Máximo Kirchner. Y el reparto en la Legislatura


Axel Kicillof, en su primer saludo como gobernador ante la mirada de María Eugenia Vidal (Nicolás Aboaf)
Axel Kicillof, en su primer saludo como gobernador ante la mirada de María Eugenia Vidal (Nicolás Aboaf)

Axel Kicillof acaba de asumir con discurso que aún exhibe su matriz de ex jefe de economía y que recién empieza a mostrar el papel más político que impone naturalmente gobernar la principal provincia del país. Pero en la práctica, no hay grises. Su mensaje ha sido persistente y acorde con el objetivo de asegurar espacios propios y blindar el distrito detrás de Cristina Fernández de Kirchner. Quedó claro en la difícil negociación por los cargos en la Legislatura bonaerense, con juego también de Máximo Kirchner. Y lo reflejará su gabinete, que asume hoy: básicamente, hombres de su confianza y figuras con sello CFK.

La postergación por un día del acto de asunción fue un paso decidido por el nuevo gobernador para asegurar ayer la presencia de Alberto Fernández y de la principal impulsora de su proyecto en la provincia. Fueron elocuentes los gestos de la ex presidente en la ceremonia. El acto diferido y un necesario trámite legislativo previo estiraron hasta hoy la puesta en marcha del gabinete local, que asoma como expresión, no la única, de la nueva edificación de poder local. Dato significativo: el escaso espacio de los intendentes peronistas.

La definición del equipo de ministros es notable por el modo en que fue resuelta y por el reparto de casilleros. El desarrollo fue bastante cerrado, casi hermético. Kicillof habló mucho con la ex presidente y actual vice, y poco con el resto. La curiosidad, no ya la participación, no encontraba respuesta en el PJ. Sólo tuvo juego Máximo Kirchner en parte del proceso, sobre todo en la Legislatura y para asegurar algún despacho en La Plata.

Kicillof junto a su jefe de Gabinete y hombre de confianza, Carlos Bianco
Kicillof junto a su jefe de Gabinete y hombre de confianza, Carlos Bianco

El repaso de carteras es bastante expresivo. Kicillof estará rodeado por los integrantes de su núcleo de confianza en cargos vitales, empezando por Carlos Bianco, seguramente el que más trabajó y apostó personalmente en su campaña, como jefe de Gabinete. También ocuparán lugares sensibles Federico Thea (secretaría General), Augusto Costa (Producción) y Pablo López (Hacienda). Llevan muchos años juntos.

Con relación más reciente y de articulación del vínculo con Cristina Fernández de Kirchner y el peronismo provincial, además de extenso recorrido político en la provincia, se suma Teresa García al frente del ministerio de Gobierno. Otros ministerios refieren directamente a la pasada gestión kirchnerista. En primera línea: Sergio Berni en Seguridad –con interrogante sobre la sintonía con las autoridades nacionales del mismo rubro- y Julio Alak, de ruidoso paso nacional y platense, en Justicia.

El kirchnerismo puro tiene alguna presencia directa. En esa línea significativa y hasta simbólica se destaca la designación de Fernanda Raverta en Desarrollo Social. En cambio, no hay rastros significativos de los intendentes del PJ. Se cuenta el gesto de presentación del gabinete y algunas pinceladas en la Legislatura.

En las negociaciones para resolver el nuevo esquema de autoridades en las dos cámaras provinciales también hubo que contar a un actor ajeno, es decir, la flamante oposición de Juntos por el Cambio. El paño legislativo es más complejo y, desde el lado del nuevo oficialismo, exhibió también a Máximo Kirchner en el juego político. No fue tarea fácil para ninguno, aunque hubo algo más de margen que en las conversaciones sobre el gabinete, acotada casi exclusivamente al gobernador y la ex presidente.


Kicillof con Máximo Kirchner y Andrés Larroque, en un acto inicial de campaña
Kicillof con Máximo Kirchner y Andrés Larroque, en un acto inicial de campaña

En el Senado, el peronismo kirchnerista enfrenta el cuadro más difícil. Es minoría frente a Juntos por el Cambio: son 46 bancas, y la oposición ocupa 26 contra 20 del oficialismo unificado. Allí, por ahora, no hubo fisuras en las filas de la coalición que ahora se estrena como opositora.

El máximo escalón allí es ocupado, claro, por la vicegobernadora Verónica Magario, que tiene antecedente territorial aunque genera recelos entre algunos intendentes del Gran Buenos Aires. El bloque oficialista quedó a cargo de Gervasio Bozzano, vinculado al “camporismo”.

Los colores y alineamientos no suelen ser puros en la provincia. Lo exhibió sobre todo la cámara de Diputados. Allí, la presidencia del cuerpo quedó finalmente para Federico Otermín, de excelente relación con Máximo Kirchner y de viejo vínculo con el intendente Martín Insaurralde, además de buen diálogo con la nueva oposición. No es un puro para Kicillof, que de todos modos se aseguró la vicepresidencia para Carlos “Cuto” Moreno, de línea directa con el gobernador y relación de años y actual con la ex presidente.

En la Legislatura, no sólo se trata de ocupar cargos por exhibición de poder o con ilusión de proyección electoral a futuro. Diputados muestra con claridad que pesa, mucho, el objetivo de garantizarse control administrativo –de manejo presupuestario, para empezar- y legislativo. Cuto Moreno tendrá así la segunda firma. Y la tercera, para completar el acuerdo, quedó para la oposición. Es un sistema presentado en la política bonaerense como de “triple firma”. Una definición elocuente.

El paño provincial muestra así todas las fichas. La lectura, en clave del oficialismo, es clara: territorio a cargo de Kicillof y con marca CFK por varias vías.

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