Cuando Alfredo Cornejo fue electo presidente del radicalismo hubo muchos en el Gobierno que celebraron. Lo consideran amigo de Mauricio Macri. Y un moderado. Sin embargo la imagen conservadora que caracteriza al mendocino contrasta con la dureza de algunos de los reclamos hechos a Cambiemos. Los repitió de nuevo hoy e incluso cada vez con más frecuencia y mayor énfasis. Hasta se atrevió a apuntar al corazón de la coalición: a Elisa Carrió, al ministro Juan José Aranguren (que acaba de ser defendido por el Presidente) y sin nombrarlo al cerebro publicitario del Gobierno, el ecuatoriano Jaime Duran Barba y su estrategia de promover la esperanza en la campaña electoral.

Cornejo viene subiendo la apuesta gradualmente. Ya varias veces se reunió con Macri y días atrás con Marcos Peña. Se apoya en reuniones periódicas con la cúpula radical, incluso esta tarde convocó al Comité Nacional a los 118 funcionarios de segundas y terceras líneas diseminadas por el Gobierno. Recoge del ala crítica el pedido de hacer más visible al partido y transmite el pedido para que se los consulte antes de tomar decisiones.

La charla que dio este mediodía en el almuerzo del Rotary Club Buenos Aires arrancó sin emoción y parecía no despertar mayor atención. Pero después de un par de generalidades habló de las promesas de campaña y sin dar nombres cuestionó a propios y adversarios. "De tanto transmitir esperanza y márketing hoy hay que explicar cosas difíciles de explicar", planteó antes de referirse al aumento de tarifas sobre las que solicitó mayor gradualismo al comparar cómo se subió el transporte en el área Metropolitana y cómo fue mucho más brusca el alza del gas.

"Pretendemos que la gente entienda con tranquilidad y se abonó en la campaña tremenda esperanza…", cuestionó. Incluso definió como "populismo" el discurso de Cambiemos y hasta dijo que entre los tres principales candidatos "nadie se atrevió a decir que se iba a terminar el Fútbol para Todos. Se hizo y aquí estamos, no ha habido ninguna revolución ni ningún estallido social".

En ese contexto Cornejo pidió "hablar muy claro". Y así lo hizo él para sorpresa de su auditorio por tanta sinceridad. "La reforma laboral no va a salir nunca" pronosticó y pidió acordar un proyecto "planteado desde las pequeñas empresas que necesitan tomar empleo y despedir con facilidad". Consultado por el periodismo aclaró un poco más: "En España es muy fácil tomar empleo y muy fácil despedir", ejemplificó y señaló la misma 'virtud' en Chile y Colombia. Apuntó también que "si no se hace esta reforma el que tiene empleo va a seguir estancado y el que tiene empleo en negro va a seguir así". Fiscalizar el trabajo no registrado apenas mejora los índices, acotó, por lo que propuso un cambio de legislación que contemple convenios colectivos por región.

Fiel a su origen radical, Cornejo defendió a la clase media. Criticó las subas de tarifas y fundamentalmente a su promotor, el ministro Aranguren, con quien su partido mantiene una disputa por la venta de acciones de Transener. Todo lo que dijo sobre él fue negativo:

-"El ministro de Energía explica con mucha racionalidad la suba de tarifas pero paralelamente dice que no va a traer sus recursos hasta que no haya credibilidad. No creo que haga bien para salir del populismo"

-"Es bastante difícil tener diálogo con Aranguren. Reuniones, muchas. Diálogo es interacción, no lo he visto ceder en todo este tiempo, sólo ceder porque lo obligó la Justicia"

-"Le ha hecho meter la pata a este Gobierno"

En otro momento y al ser consultado por Clara Mariño en el ciclo "Qué pretendo para la Argentina", Cornejo pidió implícitamente el silencio de Elisa Carrió. "No me consta nada" respondió sobre las denuncias de la diputada nacional respecto al presidente de la Corte Suprema Ricardo Lorenzetti. "No me parece serio que estemos con estos bombazos si queremos ser creíbles y darle un horizonte a los inversores. Si decimos que frente a la Corte tenemos un mafioso vamos a dar una imagen de una republiqueta bananera", se sinceró aunque repitió que no conoce al juez.

A quién defendió y elogió fue a Martín Lousteau, economista y diputado nacional por la Ciudad donde no se conformó Cambiemos. "Es un activo político" dijo sobre el recientemente afiliado al radicalismo.

Varias veces en la charla criticó que "se han tomado muchas decisiones sin que hayamos tenido opinión". Y las enumeró. Primero, la reforma previsional ("la plata del blanqueo se utilizó en la reparación histórica y lo que recibió la ciudadanía fue que había fondos  cuando seis meses después se metió una reforma previsional porque sabíamos que el sistema jubilatorio estaba quebrado"). Después advirtió sobre la compensación de $ 65.000 millones a Buenos Aires y sobre el gasto público tanto en las provincias como a nivel nacional.

Cornejo defraudó a quienes esperaban una definición concreta sobre el 2019. Se autoexcluyó aunque exigió "que el equipo del Presidente venga con mucha generosidad a integrar Cambiemos".

 
Cornejo con Luis Ovsejevich, de Rotary (Adrián Escandar)
Cornejo con Luis Ovsejevich, de Rotary (Adrián Escandar)

Sobre cuestiones partidarias, frente a unos doscientos empresarios, abogados, contadores y una decena de periodistas, Cornejo clausuró cualquier cuestionamiento a la UCR por su pasado en el Ejecutivo. "He visto a otros que han cometido grandes errores y que han dañado al país y no piden disculpas. Ratifico que se acabó la culpa del radicalismo acerca de sus posiciones económicas", defendió a los herederos de la Alianza y de Raúl Alfonsín.

Y sobre el peronismo señaló que "se acabó el mito de que es el único que puede gobernar" y fue prudente respecto al tema del día, la intervención de su Consejo Nacional. "Cómo línea general que la Justicia se involucre en la vida de los partidos no es bueno", evaluó y dejó una rendija a la duda porque no conoce en detalle los fundamentos de la intervención.