Las lluvias previstas entre noviembre y enero podrían elevar el riesgo de inundaciones, huaicos y derrumbes en distintas zonas de Perú, según advirtió Isabel Ramos, especialista del Centro Nacional de Estimación, Prevención y Reducción de Riesgo de Desastres. El escenario está vinculado a las condiciones asociadas al fenómeno de El Niño, que favorecerían precipitaciones por encima de los valores habituales en sectores de la costa y la sierra norte.
La evaluación de riesgo, actualizada de forma mensual, estima que 8,5 millones de personas están expuestas a inundaciones. A esa cifra se suman más de cuatro millones de habitantes que viven en áreas susceptibles a movimientos en masa, como huaicos, caída de rocas y derrumbes. La amenaza alcanza zonas urbanas y rurales, con distintos niveles de vulnerabilidad según las condiciones del suelo, la cercanía a ríos y quebradas, y la calidad de la infraestructura.
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Las lluvias ya tuvieron presencia durante septiembre y octubre, un período que marca el inicio de la temporada de precipitaciones en varias regiones. Los pronósticos meteorológicos y los comunicados emitidos sobre El Niño planteaban la posibilidad de que esa tendencia se prolongara durante los meses posteriores, con episodios de mayor intensidad en áreas expuestas.
La costa y la sierra norte concentran la mayor probabilidad de lluvias intensas
Ramos Parado indicó que la mayor probabilidad de precipitaciones intensas se localiza a lo largo de la costa peruana, la sierra norte y el sector occidental de la sierra central. Las lluvias previstas para noviembre, diciembre y enero también pueden alcanzar zonas de la selva, dentro de los patrones estacionales que suelen registrarse en esa parte del país.
El comportamiento de El Niño no supone una distribución pareja de las lluvias. Mientras algunas zonas de la costa y de la sierra podrían recibir acumulados superiores a lo habitual, otras áreas podrían enfrentar déficits. La especialista señaló que esa posibilidad incluye sectores de la sierra sur, de la sierra central y de la selva, donde las precipitaciones podrían quedar por debajo de los promedios esperados.
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Las inundaciones tendrían una presencia mayor en la franja costera, aunque existen provincias amazónicas que figuran con riesgo alto y muy alto. Los movimientos en masa se concentran con frecuencia en la sierra por las características de sus laderas y quebradas, pero también pueden afectar a la costa y la selva cuando el agua satura los terrenos o altera el curso de los cauces. Más de cuatro millones de personas viven bajo exposición a estos fenómenos geológicos e hidrológicos.
Las alertas en el norte incluyen peligro de inundaciones y deslizamientos
El organismo meteorológico nacional mantenía un aviso por lluvias en la costa norte que podía llegar al nivel de peligro rojo. La advertencia abarcaba distritos con exposición alta y muy alta a inundaciones, activación de quebradas y deslizamientos, en un contexto en el que las lluvias pueden alterar la transitabilidad y afectar viviendas construidas en zonas de riesgo.
La posibilidad de eventos extremos obliga a considerar diferencias entre territorios. En áreas costeras, una lluvia de pocas horas puede generar aniegos si los sistemas de drenaje no tienen capacidad suficiente. En las zonas andinas, el peligro aumenta cuando se combinan precipitaciones persistentes, terrenos inestables y viviendas situadas cerca de quebradas. En la selva, las crecidas de ríos pueden afectar comunidades, vías de comunicación y actividades productivas.
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El Centro Nacional de Estimación, Prevención y Reducción de Riesgo de Desastres también remarcó que las condiciones de exposición cambian con el crecimiento urbano. La expansión de viviendas hacia laderas, márgenes de ríos o sectores sin obras de contención amplía la cantidad de población vulnerable. Las medidas preventivas, como la limpieza de cauces y la identificación de rutas de evacuación, reducen parte del riesgo, aunque no eliminan el impacto de una precipitación de gran magnitud.
Lima enfrenta riesgos por lluvias, crecidas de ríos y ocupación de zonas vulnerables
Lima podría registrar episodios de lluvia intensa si coinciden las condiciones oceánicas y atmosféricas asociadas a El Niño. La capital tuvo precipitaciones relevantes en 1970, cuando alcanzó un acumulado histórico de 17 milímetros, y durante el ciclón Yaku, en 2023. El antecedente muestra que las lluvias no son ajenas a la ciudad, aunque su efecto depende de la intensidad, la duración y las condiciones previas del territorio.
Ramos Parado sostuvo que la ciudad tiene hoy una población más numerosa y una ocupación urbana distinta a la de 1970. El impacto de una lluvia extrema dependería de factores como la ubicación de las viviendas, el estado de los techos, la capacidad de drenaje y la cercanía a zonas que suelen acumular agua. La vulnerabilidad urbana puede convertir una precipitación localizada en una emergencia para miles de personas.
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El análisis en Lima Metropolitana incluye la vulnerabilidad de puentes ante eventuales crecidas de los ríos y el estado de la infraestructura destinada a desviar aguas. Esa revisión toma en cuenta problemas registrados en el sur de la ciudad, donde el funcionamiento de canales y cauces resulta determinante durante los períodos de lluvias intensas.
Los distritos de San Juan de Lurigancho y Chosica figuran entre las zonas con alta exposición a movimientos en masa. Algunos gobiernos locales instalaron barreras y realizaron trabajos de limpieza en cauces y quebradas. La especialista advirtió que esas intervenciones pueden resultar insuficientes si se presenta un evento que exceda la magnitud prevista en los escenarios habituales.
Las temperaturas superficiales del mar se mantienen elevadas en distintas partes del mundo, una condición que aumenta la expectativa de precipitaciones importantes. Ramos Parado señaló que no puede descartarse un evento superior a los registros conocidos si se reúnen las condiciones oceánicas y atmosféricas necesarias. La evolución de los pronósticos durante las próximas semanas será determinante para precisar las zonas con mayor amenaza.
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