El terremoto reportado en Panamá reabrió el debate sobre la preparación de los países ubicados en el Cinturón de Fuego del Pacífico ante eventos de gran magnitud. Para Darwin La Torre, experto en ingeniería civil y docente de la Universidad de Lima, este caso requiere todavía de mayor información técnica para precisar su origen, profundidad y daños, aunque las primeras hipótesis apuntan a una falla localizada dentro de la microplaca de Panamá.
En diálogo con Infobae Perú, el especialista señaló que Panamá se ubica sobre una microplaca que interactúa con las placas de Cocos, Nazca, Caribe y Sudamericana. Esa condición genera una dinámica tectónica compleja y explica la recurrencia de sismos en el país centroamericano.
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Una falla interna sería la principal hipótesis sobre el origen del sismo
La Torre explicó que los terremotos pueden originarse por el desplazamiento entre placas tectónicas o por la activación de fallas dentro de una misma placa. En el caso de Panamá, la segunda posibilidad cobraba fuerza en las primeras horas posteriores al movimiento.
“Hay dos tipos de fuentes de ocurrencia de un terremoto: las interplacas, cuando entre placas están colisionando, y las intraplacas, cuando dentro de una placa se activa una falla tectónica”, detalló.
De acuerdo con su análisis, el sismo podría estar vinculado al sistema de fallas Azuero-Toná, ubicado dentro de la microplaca panameña. Sin embargo, precisó que se trata de una hipótesis preliminar que debe ser confirmada con estudios posteriores.
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La profundidad será uno de los factores principales para establecer el alcance de los daños. “Ya sea a 10 o a 30 kilómetros, se constituye en un terremoto superficial y tiene la característica de ser muy destructivo”, afirmó.
Magnitud e intensidad no miden lo mismo
El docente diferenció la magnitud de un terremoto de la intensidad con la que se percibe en una ciudad o región. La primera mide la energía liberada; la segunda refleja los efectos del movimiento sobre la población, las edificaciones y el territorio.
Como ejemplo, mencionó el sismo de magnitud 7.2 ocurrido meses atrás en Ayacucho y el terremoto de 7.4 registrado en Venezuela. Ambos liberaron una cantidad comparable de energía, pero sus efectos fueron distintos debido a la profundidad.
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El evento peruano se produjo a unos 100 kilómetros de profundidad, lo que permitió que la energía se disipara a medida que viajaba. Por eso se percibió en zonas alejadas como Lima y Puno, aunque sin la intensidad de un movimiento superficial.
“Cuando la liberación es tan profunda, esta energía se disipa poco a poco, pero también cubre un área mayor”, indicó.
Perú enfrenta alto riesgo por informalidad y exposición poblacional
La Torre sostuvo que un terremoto de magnitud similar en Perú podría tener consecuencias graves debido a tres factores: alto peligro sísmico, vulnerabilidad de las viviendas y elevada concentración de población en construcciones precarias.
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Según sus estimaciones, entre 35% y 40% de las edificaciones del país son de albañilería. En Lima, agregó, más del 70% de las construcciones sería informal y no cumpliría con las normas de diseño sismorresistente.
El experto también alertó sobre las viviendas de adobe, que representan cerca del 30% de las construcciones a escala nacional. “En el Perú hay más de dos millones de casas de adobe, donde viven aproximadamente entre nueve y 10 millones de personas”, señaló.
“Tenemos un alto peligro sísmico, una alta vulnerabilidad y una alta exposición. El resultado es un alto riesgo sísmico”, concluyó La Torre.
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