El fenómeno El Niño podría alcanzar su máxima intensidad en diciembre de 2026, en un escenario que genera preocupación por las temperaturas registradas en el océano Pacífico y sus posibles efectos sobre el clima peruano. La Organización Meteorológica Mundial (OMM), organismo especializado de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), advirtió que este evento podría prolongarse hasta febrero de 2027, con una probabilidad cercana al 100 %, según lo señalado en el reporte difundido.
El especialista en meteorología Abraham Levy sostuvo, en conversación con el programa 24 horas de Panamericana TV, que las dimensiones de este episodio no tienen precedentes en las últimas décadas. De acuerdo con el experto, las observaciones disponibles desde mediados del siglo XX permiten identificar una magnitud excepcional en comparación con los registros acumulados durante ese periodo.
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“Desde 1950, que es más o menos la época en que tenemos registros buenos, observaciones regulares de la temperatura del aire y la temperatura del mar, los que vivimos ahora, en estas generaciones, no hemos tenido un evento de este tamaño”, afirmó Levy.
Temperatura del mar supera los valores habituales en la costa peruana
Uno de los indicadores que permite evaluar la intensidad de El Niño es la temperatura superficial del océano. En ese contexto, el meteorólogo advirtió que las mediciones actuales muestran valores considerablemente superiores a los promedios habituales en distintos puntos del litoral nacional.
Frente al Callao, en la región Lima, el agua del mar registra aproximadamente siete grados por encima de los niveles normales, mientras que en Piura la diferencia oscila entre ocho y nueve grados, según las cifras mencionadas por el especialista.
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Estas condiciones también repercuten en las temperaturas del aire y contribuyen a explicar las jornadas de calor que experimenta la capital. Levy indicó que algunos distritos limeños alcanzaron los 27 °C o más, cuando, en condiciones habituales, los registros habrían sido considerablemente menores.
La diferencia entre las temperaturas observadas y los valores promedio evidencia la influencia de las condiciones oceánicas sobre el ambiente costero. Sin embargo, los efectos de El Niño no se distribuyen de la misma manera en todo el territorio, pues las precipitaciones pueden variar según la ubicación geográfica.
Menos lluvias en la sierra y posibles efectos sobre la electricidad
Mientras que este fenómeno suele asociarse con un incremento de las lluvias durante el verano en determinadas zonas de la costa, el comportamiento de las precipitaciones puede ser distinto en las regiones ubicadas al otro lado de la cordillera de los Andes.
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Levy explicó que los valles interandinos y las áreas de la selva podrían registrar una reducción de las lluvias. Esta situación tendría implicancias para la disponibilidad de agua, especialmente en un país cuya producción eléctrica depende en buena medida de los recursos hídricos.
“Si bien es cierto que El Niño está asociado a lluvias en el verano, estas son en la costa, pero detrás de la cordillera, hacia la sierra, en los valles interandinos y hacia la selva, llueve menos”, señaló.
El especialista advirtió que esta disminución podría comprometer la generación de energía eléctrica, debido a la dependencia de las centrales hidroeléctricas de la disponibilidad de agua. Por ello, las consecuencias del evento no se limitarían al aumento del calor en las ciudades costeras, sino que también podrían extenderse a sectores vinculados con los recursos hídricos.
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La previsión de una persistencia hasta febrero de 2027 mantiene la atención sobre la evolución de las condiciones oceánicas y atmosféricas. La intensidad que alcance El Niño y sus efectos en cada región dependerán del desarrollo del evento durante los próximos meses.
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