El cambio de color del mar en Lima ha sorprendido a los ciudadanos en medio de el Fenómeno El Niño. El almirante Jorge Vizcarra, director de Hidrografía y Navegación de la Marina de Guerra del Perú, dio detalles de lo que se debe y por qué continúa presentándose con esta característica.
Las aguas frente a la Costa Verde cambiaron de tonalidad en los últimos días y adquirieron un color turquesa poco frecuente en el litoral de Lima. Detrás de la imagen, que fue comparada con paisajes del Caribe, hay señales de un proceso oceanográfico asociado al calentamiento del mar.
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El cambio responde al ingreso de masas de agua cálida que alteraron las condiciones habituales del sistema de la Corriente de Humboldt. Además, responde al ingreso de masas de agua cálida que alteraron las condiciones habituales.
Con menos fitoplancton y menor cantidad de partículas en suspensión, el agua gana transparencia y refleja tonalidades azules y verdosas.
El Comité Multisectorial encargado del Estudio Nacional del Fenómeno El Niño (ENFEN) mantiene la alerta por El Niño costero, ante la persistencia de temperaturas por encima de los valores normales en la región Niño 1+2, que comprende el sector marítimo próximo a Perú y Ecuador.
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¿Por qué el mar turquesa no siempre es señal de aguas más limpias?
En condiciones habituales, el mar peruano recibe agua fría desde el fondo. Esa agua trae nutrientes que alimentan a pequeños organismos llamados fitoplancton. Como hay mucho fitoplancton, el mar suele verse más verdoso y también se favorece la presencia de peces.
Cuando la superficie del mar se calienta, ese movimiento de agua fría y nutritiva pierde fuerza. Entonces llegan menos nutrientes a la superficie y disminuye el fitoplancton. Por eso el agua puede verse más clara o de color turquesa.
Que el mar tenga un tono turquesa no significa necesariamente que esté más limpio. Puede indicar que hay menos organismos y menos nutrientes. Además, el color del agua no permite saber si existen contaminantes invisibles, como microplásticos, sustancias químicas o desagües.
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¿Qué sucede con las especies marinas?
La anchoveta necesita aguas frías y abundante alimento. Si el mar se calienta, suele buscar zonas con mejores condiciones: puede bajar a mayor profundidad o desplazarse hacia el sur. El Comité Multisectorial Encargado del Estudio Nacional del Fenómeno El Niño alertó que el calentamiento modifica la ubicación de este recurso en el norte y centro del litoral peruano.
Este cambio afecta sobre todo a la pesca industrial, que usa la anchoveta para producir harina y aceite de pescado. También obliga a vigilar con más atención a los ejemplares jóvenes, para evitar una pesca excesiva que dificulte la recuperación de la especie. Aunque pueden aparecer con más frecuencia peces de aguas cálidas, como el perico y el atún de aleta amarilla, estos no reemplazan el peso económico de la anchoveta para varias comunidades costeras.
La reducción de anchoveta también perjudica a animales que se alimentan de ella, como pelícanos, guanayes y lobos marinos. Cuando los cardúmenes se alejan, estas especies deben recorrer más distancia para encontrar comida, lo que puede afectar su salud y reproducción. Los mariscos, erizos y algas enfrentan otro problema: no pueden trasladarse fácilmente y quedan expuestos a cambios en la temperatura, la salinidad y el oxígeno del agua.
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