El envejecimiento poblacional avanza de forma predecible en todo el mundo y, aun así, la respuesta política suele ser mirar a otro lado, sin importar el color ideológico del gobierno de turno.
Se prefiere gobernar pensando en lo que sucederá a fin de mes, antes de empezar hoy a resolver los problemas que aparecerán en la siguiente década.
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El Perú en el 2050 será muy distinto al país donde aprendí a caminar a fines de los sesenta. Para entender lo rápido que envejecemos, les propongo mirar cuántos potenciales trabajadores tendremos por cada adulto mayor.
En 1950, la proporción era de 9 a 1; hoy es 4 a 1; y en el 2050 será solo de 2 a 1. Así de diferente será nuestro país. Dicho de forma simple: cada vez serán menos los jóvenes y adultos encargados de sostener la economía, las pensiones y la salud de una población adulta mayor cada vez más grande.
Lo primero que debería estar en la mesa de discusión de los políticos y del gobierno son tres temas que requieren acción:
Cobertura previsional. Dado que no tenemos un sistema de pensiones que garantice pensiones universales, sino que únicamente Pensión 65 alcanza al 28% de adultos mayores, nos toca pensar quién va a financiar la vejez de todos nosotros. La solución tradicional de asumir que serán los hijos choca con la realidad demográfica: no habrá tantos hijos en edad de trabajar comparado con el número de adultos mayores. Mientras tanto, la reforma previsional ha quedado a medio camino.
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Enfermedades crónicas. El 79% de los adultos mayores ya padece al menos de alguna enfermedad crónica (hipertensión, diabetes, obesidad), lo que representa casi el doble comparado con la población total. Sin embargo, el sistema de salud sigue diseñado para atender episodios agudos y no para el manejo continuo de pacientes crónicos a escala. El anuncio de reorganización del MINSA debería tener esto en consideración; de lo contrario, el costo de atender nuestros problemas de salud, bajo el modelo actual, absorberá una parte creciente del presupuesto público.
Política de cuidados. Asociado a lo anterior, la combinación de una mayor esperanza de vida y familias más pequeñas hará que la solución habitual: hijos haciéndose cargo de sus padres en edad avanzada, será menos posible. Pensemos que hemos pasado de un promedio de cinco hijos por mujer a menos de dos.
Con una población que mayoritariamente no recibe el paquete de protección es difícil imaginar como saldrán adelante esas familias si sus adultos mayores requieren asistencia 24/7 por estar en condición de dependencia, porque no se pueden valer por sí mismos para atenderse.
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En Perú, ni siquiera medimos qué proporción de adultos mayores terminan en esa condición. En Chile es 1 de cada 5. En su familia, ¿han discutido cómo harán en esta situación? Lo complejo es cuando esa situación se prolonga.
Si optamos por una solución individual, solo lo resolverán las familias de altos ingresos. Sin embargo, si mutualizamos los potenciales gastos futuros -como en los seguros sociales- podríamos afrontar incluso gastos catastróficos. Es momento de repensar la seguridad social.
Al final, la longevidad solo es una buena noticia si va acompañada de calidad de vida, cobertura y dignidad. La pregunta ya no es si el Perú va a envejecer, sino qué tipo de país queremos ser cuando nos toque llegar a esa etapa. La respuesta no puede seguir esperando.
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