La medicina atraviesa una etapa de rápida transformación. Nuevos medicamentos, terapias más específicas y avances científicos han ampliado las posibilidades de tratamiento para enfermedades que hasta hace pocos años tenían alternativas limitadas. Sin embargo, en América Latina la innovación convive con un problema que permanece sin resolver: no todos los pacientes acceden a ella en las mismas condiciones.
Durante el 1° Summit Adium de Periodistas Latinoamericanos, Claudio Beramendi, gerente general de Adium Argentina, sostuvo que la desigualdad sanitaria sigue atravesando a la región y afecta especialmente a los sectores más vulnerables. Según explicó, no existe una única causa: intervienen la cobertura de salud, el conocimiento sobre las alternativas disponibles y las propias capacidades de los sistemas sanitarios.
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A este escenario se suma otro desafío. Las personas viven más años y, al mismo tiempo, aparecen nuevas alternativas terapéuticas que pueden requerirse durante periodos prolongados. Esto obliga a sistemas de salud con recursos limitados a responder a una demanda cada vez más compleja.
“La problemática es multifactorial”, señaló Beramendi. Para el ejecutivo, la discusión no debería concentrarse únicamente en incorporar nuevos tratamientos, sino también en la capacidad para prevenir, diagnosticar y mantener la adherencia de los pacientes a las terapias indicadas.
Innovar no basta si el tratamiento no llega al paciente
Uno de los puntos centrales planteados por Beramendi fue la diferencia entre desarrollar una innovación médica y conseguir que esta genere un impacto real en las personas.
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“La innovación per se no significa nada si no tiene un propósito”, afirmó. Ese propósito, explicó, es lograr que el paciente pueda acceder efectivamente al medicamento. “Si tenemos ciencia y no la conectamos con el paciente, en definitiva no logramos el objetivo”, añadió.
Para que esa conexión ocurra, sostuvo, deben intervenir distintos actores: los sistemas de salud, las autoridades, las compañías que desarrollan o acercan nuevas terapias a la región, los profesionales médicos y también los propios pacientes.
El conocimiento cumple un papel importante. Beramendi señaló que todavía existen enfermedades o condiciones que permanecen subdiagnosticadas, lo que puede retrasar el acceso al tratamiento incluso cuando ya existen alternativas disponibles.
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El problema adquiere especial relevancia para América Latina porque la llegada de una innovación a un país no significa necesariamente que todos los pacientes puedan utilizarla. Disponibilidad y acceso efectivo no siempre avanzan a la misma velocidad.
Producción regional y dependencia del exterior
A la brecha de acceso se suma otra discusión: qué capacidad tiene América Latina para producir sus propios medicamentos y reducir su dependencia de centros de fabricación ubicados fuera de la región, como en China e India.
Consultado sobre este punto, Beramendi afirmó que contar con capacidad productiva propia resulta importante para Latinoamérica y utilizó incluso el concepto de “soberanía” en la producción de medicamentos. “Nosotros entendemos que tener capacidad productiva propia es muy importante para la región”, señaló.
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Desde su perspectiva, el modelo debería combinar la llegada de innovación desarrollada por compañías internacionales con una mayor capacidad regional para desarrollar, producir y abastecer tratamientos.
Adium opera actualmente en 18 países latinoamericanos, cuenta con más de 7.300 colaboradores y dispone de plantas productivas en cinco países. Su centro logístico se encuentra en Uruguay.
En el caso del Perú, Beramendi confirmó que la compañía no cuenta actualmente con una planta de producción en el país, aunque el mercado peruano es abastecido desde su red regional.
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La empresa señala además que desde su centro de distribución puede transportar medicamentos hacia distintos puntos de América Latina en plazos estimados de entre uno y tres días. Dentro de ese circuito se encuentran también productos oncológicos, tratamientos para enfermedades raras y terapias biológicas que requieren procedimientos específicos de cadena de frío.
Sin embargo, la rapidez logística es solamente una parte del recorrido. Que un medicamento pueda trasladarse en pocos días no significa necesariamente que el paciente pueda acceder a él con la misma velocidad.
Ese es uno de los desafíos que quedan abiertos para Perú y el resto de América Latina: conseguir que los avances científicos no terminen únicamente en nuevos medicamentos disponibles en el mercado, sino que logren traducirse en tratamientos que efectivamente lleguen a quienes los necesitan.
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