La alopecia no tiene una única causa ni un mismo pronóstico, y esa diferencia determina si el cabello puede recuperarse con tratamiento, si la pérdida avanzará de manera gradual o si un trasplante capilar resulta una alternativa viable. En diálogo con Exitosa, el especialista en cabello y piel, Doctor Augusto Cáceres, explicó que existen tres formas principales: la alopecia no cicatricial, la androgenética y la cicatricial.
La caída no cicatricial suele asociarse con factores que pueden corregirse, como dermatitis seborreica, reacciones a tintes, dermatitis química o enfermedades que afectan al organismo. En estos cuadros, el folículo piloso conserva su capacidad de producir cabello. Por eso, si se identifica el origen del problema y se aplica el tratamiento correspondiente, existe posibilidad de recuperación.
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El escenario cambia en las alopecias cicatriciales. En esos casos, el proceso afecta de forma permanente al folículo y el pelo deja de crecer en la zona comprometida. Cáceres incluyó dentro de este grupo enfermedades autoinmunes, oncológicas e infecciosas, como el carbunco. La evaluación médica permite distinguir entre una pérdida reversible y otra que deja áreas sin posibilidad de regeneración.
La alopecia androgenética depende de la sensibilidad heredada del folículo
La alopecia androgenética, antes conocida como calvicie masculina o hereditaria, responde a una predisposición genética y no a un exceso de testosterona. Según Cáceres, las personas con este tipo de pérdida tienen un receptor en el folículo piloso que reacciona ante la dihidrotestosterona, conocida como DHT.
El especialista describió ese receptor como una estructura heredada que capta la DHT y altera el ciclo de crecimiento del cabello. El proceso no suele expresarse a través de mechones visibles en la ducha o en la almohada. La señal más frecuente es otra: la persona advierte que tiene menos densidad, que las entradas se profundizan o que el cuero cabelludo empieza a verse con mayor facilidad.
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“El que sufre de caída de cabello, de calvicie, de pérdida de cabello por genética pura, no tiene caída de cabello, sino que cada día nota que tiene menos cabello”, sostuvo Cáceres. Para el médico, esa diferencia explica por qué muchas personas postergan la consulta hasta que la pérdida ya es evidente en el frente o la coronilla.
La zona dadora define cuánto puede cubrir un trasplante capilar
El cuero cabelludo puede tener entre 100.000 y 150.000 cabellos, de acuerdo con la explicación del especialista. Sin embargo, en el área donde suele concentrarse la calvicie puede haber alrededor de 20.000 cabellos. Esa relación condiciona las expectativas frente a un implante, sobre todo en personas con una pérdida extensa.
Un trasplante capilar no crea nuevos folículos. El procedimiento consiste en extraer unidades foliculares de una zona que no presenta sensibilidad al mecanismo vinculado con la DHT y trasladarlas hacia las áreas despobladas. Si esos folículos conservan esa característica, pueden mantener su crecimiento después de la intervención.
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Cáceres indicó que la técnica de extracción de unidades foliculares, conocida como FUE, permitió mejorar el resultado estético respecto de métodos anteriores, como la técnica FUT, que se basaba en retirar una franja de cuero cabelludo. Aun así, remarcó que el resultado depende de la cantidad y calidad de los folículos disponibles, de la distribución de la pérdida y de la planificación del procedimiento.
Un implante no siempre devuelve la densidad original del cabello
En los casos de calvicie avanzada, el médico debe explicar que no siempre será posible cubrir toda la superficie con la densidad que tenía el paciente antes de iniciar la pérdida. El objetivo puede concentrarse en las zonas más visibles, como la línea frontal, las entradas y la parte superior de la cabeza, para modificar la apariencia general y el perfil del rostro.
El costo de un trasplante con una técnica adecuada puede rondar los 10.000 soles, según señaló Cáceres. Tras la cirugía, el paciente suele requerir seguimiento durante al menos seis meses. Ese período permite controlar la evolución del implante y definir si necesita tratamientos complementarios para preservar el cabello que aún conserva.
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El especialista recomendó que estos procedimientos queden en manos de médicos con formación y certificación específica. También advirtió sobre el intrusismo en este tipo de prácticas, que puede afectar tanto el resultado estético como la salud del paciente. La evaluación previa debe incluir el diagnóstico de la alopecia, el estado de la zona dadora y una conversación clara sobre las posibilidades reales de cobertura.
Tratamiento contra la alopecia
Los tratamientos médicos para la alopecia androgenética existen desde fines de los años 80. Cáceres mencionó opciones como el minoxidilo, el finasteride y el dutasteride, que pueden frenar el avance de la pérdida o mejorar el crecimiento en determinados pacientes. No representan una cura definitiva y su indicación depende de cada diagnóstico.
El médico relató que sufrió caída de cabello tras atravesar un cuadro de COVID-19 que requirió hospitalización. Durante su recuperación utilizó minoxidilo, dutasteride, plasma rico en plaquetas y equipos de luz orientados a estimular la actividad del colágeno. Según contó, ese abordaje contribuyó a la recuperación de su pelo, aunque cada caso requiere una evaluación individual.
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La alopecia también afecta a las mujeres. Cáceres señaló que puede presentarse con mayor frecuencia cuando disminuyen las hormonas femeninas y se produce un predominio relativo de hormonas masculinas. A eso se suman cuadros dermatológicos, alteraciones hormonales, enfermedades sistémicas y factores que deben ser identificados antes de definir un tratamiento.
En materia de cuidado cotidiano, recomendó que las personas con cabello graso lo laven todos los días y utilicen un champú acorde con sus necesidades. Perder cerca de 50 cabellos diarios puede formar parte del recambio normal, ya que otros folículos inician un nuevo ciclo de crecimiento. Si una persona no se lava durante varios días, verá más cabellos desprendidos en un solo lavado porque se acumulan los que ya estaban destinados a caer.
Cáceres remarcó que la consulta temprana puede marcar una diferencia, especialmente en quienes empiezan a perder cabello a edades jóvenes. Según indicó, cuanto antes aparece la alopecia androgenética, mayor suele ser la carga genética y más rápida puede ser su progresión. El especialista estimó que cinco de cada 10 varones presentan algún grado de este cuadro a lo largo de su vida.
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