Después de una elección, el mercado suele cambiar rápidamente de pregunta. Durante meses, la atención estuvo puesta en quién ganaría y qué podía implicar cada escenario. Con el nuevo gobierno en funciones, esa incertidumbre quedó atrás — pero no la exigencia. Empieza otra discusión, más difícil: traducir expectativas en resultados.
Las primeras señales son positivas. Según Datum, el 84% de los ciudadanos encontró favorable el mensaje presidencial inaugural, con expectativas concentradas en mayor empleo, inversión privada y orden público. Es un punto de partida sólido, aunque el capital político generado en los primeros días tiene una característica conocida: se acumula rápido y se erosiona más rápido aún si los resultados no lo respaldan.
Los primeros 100 días y el cierre de año serán, por eso, determinantes. Tres variables concentrarán la atención del mercado: la respuesta ante un eventual Fenómeno del Niño; la negociación de delegación de facultades en un Congreso donde el oficialismo no tiene mayoría en la Cámara de Diputados; y la capacidad de convertir compromisos en resultados medibles antes de que termine el año.
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La conformación del equipo económico ha sido la primera referencia relevante. La llegada de Elmer Cuba al MEF, con metas explícitas — crecimiento del PBI de 4% anual entre 2026 y 2031, reducción de la pobreza de 28% a 15% e informalidad a 50% para 2031 — establece un marco de rendición de cuentas inusualmente preciso. Las acciones anunciadas apuntan en la dirección correcta: simplificación tributaria, limitación del gasto del Congreso, saneamiento de Petroperú y reactivación del Fondo de Estabilización Fiscal. La calidad técnica del equipo importa, aunque siempre tanto como el espacio político que tenga para sostener sus decisiones.
Los activos peruanos ya han absorbido una parte significativa de estas expectativas. El sol cotiza por debajo de S/3.40 por dólar y la BVL acumula más de 25% en lo que va del año. Desde esos niveles, el espacio adicional de apreciación o ajuste dependerá de los resultados concretos del gobierno y de la intensidad de factores exógenos — tasas globales, precios de commodities, volatilidad geopolítica — que escapan al control de la política doméstica.
El estudio Pulso del Inversionista de Alto Patrimonio Latam de SURA Investments encontró que el 86% de los inversionistas peruanos tiene hoy el contexto político y económico más presente en sus decisiones de inversión que seis meses atrás, mientras que el 71% se declara optimista o cautelosamente optimista respecto de los próximos seis meses. Esa combinación dice bastante sobre el momento actual. No estamos necesariamente frente a un inversionista paralizado por la incertidumbre, sino frente a uno que mira con mayor atención las condiciones antes de comprometer capital.
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Podemos afirmar lo siguiente: (i) el cambio de gobierno redujo una fuente importante de incertidumbre y los activos locales ya lo han incorporado en precios; (ii) el equipo económico ofrece metas concretas y acciones iniciales que apuntan en la dirección correcta, pero el espacio político para sostenerlas está por probarse; y (iii) el optimismo moderado del inversionista peruano es consistente con este diagnóstico — no es euforia, es una apuesta condicionada a resultados que todavía no llegan.
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