El Perú cuenta con ciudadanos dispuestos a aprender, proponer cambios y buscar nuevas soluciones, aunque todavía enfrenta una dificultad clave: transformar ese potencial en iniciativas concretas. Así lo revela el Índice de Innovación Ciudadana (IIC), desarrollado junto con Ipsos Perú, en el marco de los 30 años de Creatividad Empresarial, reconocimiento que destaca proyectos innovadores desarrollados en el país.
La investigación, realizada con la participación de la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas (UPC), recogió las percepciones de mil personas entre 18 y 45 años pertenecientes a la población urbana conectada. Esta primera medición muestra una ciudadanía con condiciones favorables para generar propuestas, pero también una brecha entre la creación de alternativas y su puesta en marcha.
Aprender existe, actuar todavía cuesta
Los indicadores reflejan una actitud positiva frente al aprendizaje. El 88 % de los consultados considera relevante adquirir nuevos conocimientos para su crecimiento personal, mientras que el 79 % sostiene que puede mejorar situaciones dentro de su empleo o comunidad.
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Además, el 80 % aprendió algo nuevo por iniciativa propia durante los últimos doce meses y casi ocho de cada diez consiguió utilizar ese saber en actividades personales o laborales.
La dificultad aparece cuando llega el momento de ejecutar. Solo el 49 % afirma que actúa frecuentemente para concretar una propuesta de mejora. En contraste, el 34 % señala que lo hace ocasionalmente y el 14 % reconoce que casi nunca lleva sus planteamientos a la práctica.
Para Jorge Bossio, director de Innovación Educativa e Internacionalidad de la UPC–Laureate Perú, estas cifras evidencian que el problema no está en la creatividad ni en el interés por aprender, sino en la distancia entre ambas capacidades y su aplicación.
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El especialista sostuvo que la formación debe acercar a los estudiantes a problemas reales, proyectos prácticos y desafíos sociales. Bajo esa perspectiva, innovar no consiste únicamente en imaginar alternativas, sino también en experimentar, probar respuestas y convertir conocimientos en resultados verificables.
Colaboración: una tarea todavía pendiente
Otro hallazgo corresponde al trabajo colectivo. Aunque el 76 % comparte con otras personas aquello que aprende y el 70 % plantea mejoras dentro de su empleo o entorno cercano, apenas el 56 % participa en proyectos colaborativos. La diferencia revela una oportunidad para impulsar espacios donde distintas experiencias puedan integrarse en iniciativas comunes.
En el ámbito comunitario, el 33 % asegura tener propuestas que aún no consigue implementar. Esta situación plantea la necesidad de fortalecer redes capaces de conectar ciudadanos, instituciones y organizaciones. Bossio señaló que las soluciones adquieren mayor alcance cuando existe intercambio de conocimientos y cooperación entre diversos actores.
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El IIC también identifica tres categorías: innovadores emergentes, en desarrollo y consolidados. Este último grupo destaca por combinar aprendizaje, colaboración y ejecución con mayor eficacia. Asimismo, registra una mayor presencia de educación superior, empleo formal y emprendimiento.
La primera edición del índice plantea así una conclusión central: el Perú posee capacidad para innovar, pero necesita mejores condiciones para convertir ese talento ciudadano en soluciones con impacto público y social.