Cuando el papa León XIV regrese a Chiclayo en noviembre próximo para su visita pastoral, lo hará a una ciudad que ya conoce de cerca: la misma que lo recibió como obispo, lo envolvió en su fervor religioso y le ofreció una mesa que, según la agencia Andina, dejó una huella profunda en la vida de Robert Prevost. La “Capital de la amistad”, como se la conoce en el Perú, concentra una identidad forjada durante siglos que ningún visitante olvida con facilidad.
Esa identidad comienza por las personas. La hospitalidad chiclayana no es un rasgo superficial: se expresa desde el primer saludo del día, en la manera de atender al visitante, en la disposición permanente de sus habitantes. El entonces obispo Robert Prevost la experimentó desde su llegada a la Diócesis y la llevó consigo cuando, años después, fue elegido máximo líder de la Iglesia Católica.
En su primer mensaje tras asumir el pontificado, León XIV saludó con especial afecto a los fieles que conoció durante su misión pastoral en Lambayeque, una región que marcó su vida espiritual de manera indeleble.
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Fe en las calles y santuarios
La fe religiosa de Chiclayo y Lambayeque no se circunscribe a los templos: desborda hacia las calles, los santuarios y las rutas de peregrinación. Tres festividades concentran el fervor de miles de devotos de todas las edades y condiciones: el culto a la Santísima Cruz de Motupe, al Jesús Nazareno Cautivo y al Divino Niño del Milagro de Ciudad Eten. Fieles de todo el Perú y de otros países acuden a estas celebraciones a lo largo del año, en procesiones, misas y peregrinaciones que definen el calendario espiritual de la región.
Esa impronta religiosa fue uno de los elementos que más marcó la experiencia pastoral del pontífice en la zona. De acuerdo con lo reportado por Andina, la fe lambayecana forma parte del ADN de la comunidad, un rasgo que el papa León XIV reconoció públicamente al dirigirse a los fieles tras su elección.
La dimensión espiritual de Chiclayo se complementa con un patrimonio arqueológico e histórico de alcance mundial, que convierte a la región en uno de los destinos culturales más relevantes de América del Sur.
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Sipán, Túcume y el legado precolombino
Lambayeque fue epicentro de dos de las culturas más avanzadas del antiguo Perú: la Mochica y la Sicán, también conocida como Lambayeque. Sus huellas persisten en construcciones monumentales y en colecciones museísticas que concentran algunos de los hallazgos arqueológicos más valiosos del continente. El complejo de Túcume, situado a 33 kilómetros al norte de Chiclayo, reúne los restos de numerosas pirámides o huacas de adobe en torno al Cerro La Raya, en el valle de La Leche. Fue centro administrativo y ceremonial de la cultura Sicán desde el siglo XI, luego integrado al reino Chimú y al Imperio Inca.
El hito mayor de la arqueología regional llegó el 20 de julio de 1987, con el descubrimiento de la tumba del Señor de Sipán, un hallazgo equiparable a la tumba del faraón Tutankamón a inicios del siglo XX. Los tesoros recuperados en esa excavación se exhiben hoy en dos museos de la ciudad: el museo Brüning, inaugurado el 10 de julio de 1921 y el más antiguo del norte peruano, y el museo Tumbas Reales de Sipán, abierto en 2002 y dedicado a los ajuares funerarios de la élite mochica.
El primero lleva el nombre de Hans Heinrich Brüning, ciudadano alemán que llegó al Perú a principios de 1870 y dedicó más de 50 años a la defensa del patrimonio cultural precolombino de la región.
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El Bosque de Pómac y las playas del norte peruano
La riqueza natural de Chiclayo añade otra dimensión al atractivo de la región. La playa de Pimentel, con el muelle más largo del Perú, combina el paisaje costero con una oferta gastronómica basada en pescados y mariscos. Más al interior, el Santuario Histórico Bosque de Pómac protege casi 6.000 hectáreas de bosque de algarrobo, especie endémica de la costa norte peruana, y alberga la mayor cantidad de pirámides prehispánicas de Sudamérica, además de diversas aves endémicas.
El santuario acaba de obtener la Jerarquía 4, el máximo reconocimiento turístico del Perú, que lo coloca al nivel de Machu Picchu, el lago Titicaca, el Cañón del Colca, el río Amazonas y las Líneas de Nasca. En el primer trimestre de 2025 registró 2.433 visitas, según datos del Ministerio de Comercio Exterior y Turismo (Mincetur). El área enfrenta amenazas de tala y agricultura ilegal, frente a las cuales el gobierno nacional, regional y local, junto al sector privado y organizaciones no gubernamentales, trabaja en la recuperación de 1.706,47 hectáreas de ecosistemas afectados.
De acuerdo con Andina, la proyección turística de Lambayeque se refleja en las cifras: la región recibió cerca de 1,2 millones de visitantes hasta septiembre de 2025, impulsada en parte por la Ruta Caminos del Papa León XIV, según datos de Promperú.
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La gastronomía que cautivó al papa León XIV
La mesa chiclayana es uno de los vínculos más concretos entre el pontífice y la región. La cocina de Lambayeque, heredera de la cultura Mochica y enriquecida con aportes de la conquista española, tiene en el zapallo loche su ingrediente más emblemático, un fruto originario cultivado en los valles de Mórrope, Túcume, Íllimo y otros, cuya existencia se remonta a 3.000 años atrás, según testimonian semillas y ceramios hallados junto al Señor de Sipán.
Entre los platos que definen esa cocina figura el cabrito a la chiclayana, señalado como uno de los favoritos del papa León XIV, y el arroz con pato, reconocido por el portal Taste Atlas como uno de los mejores platos del mundo preparados con esa ave. La lista se extiende con el espesado, la tortilla de raya, el chinguirito, la parihuela chiclayana y el chirimpico, entre otros. En los postres, el King Kong, turrón relleno de manjar blanco y mermeladas de frutas, es el producto más representativo y exportado de la región.
Chiclayo se conecta con Lima por vía aérea en 1 hora y 15 minutos desde el aeropuerto internacional Jorge Chávez hasta el aeropuerto internacional Capitán FAP José A. Quiñones Gonzales, o por carretera a través de 771 kilómetros de la Panamericana Norte, con un recorrido de entre 12 y 14 horas dependiendo del medio de transporte y las paradas intermedias.
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