Entre cifras memorizadas y debates vacíos: elegir a ciegas en medio del ruido

Con candidatos que repiten cifras y evitan explicar el “cómo”, los peruanos se acercan a las urnas con más incertidumbre que convicción, atrapados en un debate sin contenido

Guardar
Vista de la sala donde se realiza el debate presidencial
Los candidatos repiten cifras en los debates electorales sin explicar planes concretos para el Perú. (JNE)

Los debates electorales de hoy parecen seguir un mismo guion. Los candidatos desfilan con cifras aprendidas de paporreta: tantos puntos de anemia, tantos colegios en mal estado, tantos niveles de inseguridad, tantos asesinatos al día. Los números se repiten con precisión, casi como si bastara enunciarlos para demostrar conocimiento de la realidad. “Todo suena posible en el discurso, pero nadie - absolutamente nadie - explica cómo ni con qué se hará realidad.”

En ese vacío, lo que crece es el ruido. Los insultos baratos, las puyas y las descalificaciones ocupan el espacio que deberían tener las propuestas. El debate se convierte en un espectáculo donde importa más el golpe mediático que la solidez de las ideas. Y mientras tanto, el ciudadano mira, escucha… y no encuentra respuestas. Aspirar al llamado “Sillón de Pizarro” debería implicar algo más que buena memoria y frases efectistas. Gobernar no es repetir cifras, es resolver problemas. Es saber priorizar, gestionar recursos y tomar decisiones difíciles. Pero nada de eso aparece con claridad en los debates.

Silueta oscura de un presidente con traje y corbata, luciendo la banda presidencial de Perú con su escudo, frente a la fachada del Congreso peruano
Sillón de Pizarro: aspirar a la presidencia exige más que memorizar datos y prometer cambios sin sustento. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Por el contrario, lo que vemos es una preocupante homogeneidad. No importa si los candidatos van de rojo, amarillo, verde o negro; todos parecen haber estudiado el mismo libreto. Un libreto repetido, predecible, que promete mucho y explica poco. El mismo cuento de siempre, contado con distintas voces, pero con idéntico vacío. Y mientras ellos actúan, los peruanos nos preparamos para una elección que, más que una decisión informada, parece un acto de fe. Porque encima de todo, vamos a tener que buscar entre un “papelote” interminable a algún candidato que nos genere, al menos, una mínima confianza. No solo eso: al ritmo que vamos, votar será casi como jugar al “una, de dos, tres” esperando no equivocarnos.

La gran pregunta es inevitable: ¿cuántos peruanos tienen realmente claro por quién votar? ¿Un tercio? ¿Menos? La sensación general no es de convicción, sino de incertidumbre. Y eso debería ser una señal de alarma. Porque el problema ya no es solo de los candidatos, sino del sistema que permite que el debate se vacíe de contenido sin consecuencias. Un sistema donde decir cualquier cosa parece suficiente, donde prometerlo todo no cuesta nada y donde explicar el “cómo” sigue siendo opcional.

Los debates de antes —con todos sus defectos— al menos intentaban contrastar ideas. Hoy, en cambio, predominan las frases, los ataques y las cifras recicladas. Mucho diagnóstico, cero aterrizajes. El Perú no necesita más números ni más espectáculo. Necesita claridad, propuestas viables y, sobre todo, respeto por una ciudadanía que ya está cansada de lo mismo.

Porque si algo ha quedado claro, es que los peruanos no solo están indecisos. Están agotados. Y con razón.

Guillermo Gonzales