Debates sin ciudadanos

La ciudadanía no tiene mecanismos que faciliten la articulación de una demanda propia, pero, al mismo tiempo, tampoco existe quien las reciba, las escuche y las resuelva

Guardar
Escenario de debate político en Perú con cinco candidatos. Un orador central y cuatro sentados. Pantalla con logo JNE, bandera peruana. Público y cámaras en primer plano.
Candidatos presidenciales participan en un debate crucial organizado por el Jurado Nacional de Elecciones (JNE) en Perú, con la bandera nacional y el logo del JNE visibles en el escenario. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Cada ciclo electoral, el Perú repite el mismo ritual: debates llenos de promesas, ataques cruzados y propuestas que suenan bien como titulares, pero sin contenido técnico. Pero más allá de la falta de propuestas técnicas, los debates han mostrado, también, que los políticos no escuchan al ciudadano, a quienes pretenden atender si acceden al puesto al que postulan. Ello fue evidente cuando muchos candidatos no contestaron con solidez –y en muchos casos ni siquiera trataron de contestar directamente– las preguntas formuladas por los ciudadanos durante el debate.

Esto es revelador de un problema que se viene profundizando en nuestro país desde hace varios años: la ciudadanía no tiene mecanismos que faciliten la articulación de una demanda propia, pero, al mismo tiempo, tampoco existe quien las reciba, las escuche y las resuelva. Los políticos no escuchan al ciudadano, por ello, difícilmente los candidatos articulan propuestas técnicas que puedan atender eficazmente sus problemas.

Ante ese vacío nació el año pasado Encontrarnos por el Perú, iniciativa de Es Hoy y Apoyo Consultoría. La iniciativa buscó generar medidas técnicas en seguridad, salud y empleo, pero partió de la premisa de escuchar a la ciudadanía para identificar y buscar atender sus preocupaciones. Ello se logró a través de encuestas con representatividad a nivel nacional (realizadas con Ipsos Perú) para conocer, desde la perspectiva de la población, las causas y posibles soluciones de los problemas que los aquejan en esos tres ámbitos.

El punto de partida fue la escucha ciudadana. Otro atributo importante fue la formación de consensos acerca de cómo atender lo revelado por el ciudadano. Para ello, reunimos a personas con miradas distintas, a veces contrapuestas, en 5 regiones que representan el 50% del electorado nacional, para escucharse, dialogar y construir propuestas concretas en los tres temas mencionados.

En un país marcado por la desconfianza no solo ante las instituciones sino entre personas, juntar en una misma mesa a sindicalistas, líderes gremiales, representantes de la sociedad civil, académicos, empresarios y representantes de partidos políticos parece insólito, pero es exactamente lo que sucedió. Además, que se hayan logrado consensos para atender lo revelado por la ciudadanía es, sin duda, una luz de esperanza.

Lo relevante no ha sido solo el resultado, propuestas validadas por expertos de distinto espectro para asegurar que sean viables y que están disponibles para cualquier candidato o funcionario en www.encontrarnosporelperu.pe; también es importante el proceso: encuentros improbables que partieron de escuchar a las personas y en donde se procuró entender y atender sus preocupaciones, no solo en Lima sino en otras de las principales regiones del país como Arequipa, Cusco, Loreto y La Libertad.

Por eso resulta tan revelador que en los debates los candidatos muestren que no escuchan a la población. La pregunta natural que surge es: ¿De dónde vienen sus propuestas? ¿Las construyeron poniendo al ciudadano al centro? ¿Han verificado si efectivamente atienden sus demandas? Lo que vimos en el debate sobre seguridad y corrupción, los principales dolores ciudadanos, por ejemplo, fue una mezcla de buenas intenciones y propuestas demagógicas que no atienden los dolores más inmediatos de la población.

Atender y escuchar a la ciudadanía debería ser una razón en sí misma para hacer las cosas de manera distinta. Pero, además, puede permitir que salgamos de la crisis de confianza en la que está inmerso nuestro país y que afecta nuestro desarrollo. Cuando el privado desconfía del Estado, no invierte. Cuando el ciudadano desconfía de las instituciones, evade las normas. Cuando el Estado desconfía del privado, regula de más o mal. No encontrarnos genera retrocesos. Encontrarnos, permite escucharnos, diseñar mejores soluciones y asegurar que su implementación sea posible y sostenible en el tiempo.

Imagen YKNK2I356VBTRLQFY32QTFHCHE