Uno de cada cinco hogares urbanos en Cusco utiliza principalmente combustibles contaminantes para cocinar

La masificación del gas natural resulta clave para acelerar la transición energética

En Cusco, uno de cada cinco hogares urbanos sigue usando leña o carbón para cocinar, superando la media nacional. REUTERS/Javier Corbalán

Cusco inició una nueva etapa en el proceso de masificación del gas natural: recientemente, se instaló la primera conexión domiciliaria a gas natural como parte de un proyecto piloto impulsado por el Fondo de Inclusión Social Energético (FISE). Este hito marca un giro respecto a intentos previos para llevar el gas natural al sur del país, como el proyecto de gasoducto que buscaba conectar siete regiones de la sierra centro y sur —entre ellas Cusco— el cual fue licitado en múltiples ocasiones sin éxito y actualmente permanece en la cartera de proyectos de Proinversión. No obstante, aún se requieren condiciones económicas y regulatorias que garanticen un crecimiento sostenible.

Por qué masificar gas natural en regiones es más complejo

El desarrollo de redes de distribución requiere inversiones iniciales elevadas, que solo son económicamente viables cuando existe suficiente demanda. En el Perú, los grandes consumidores de gas natural (las generadoras de electricidad y la gran industria) se concentran en la costa, donde también se ubica la mayor parte de la demanda energética y de la actividad productiva del país. Tan solo Lima y Callao reúnen más de la mitad de la capacidad de generación eléctrica a base de combustibles y cerca de un tercio de la demanda industrial. En cambio, en el sur el consumo es considerablemente menor, lo que ha dificultado la construcción de gasoductos. Por ejemplo, en 2024 las regiones que componían el Proyecto Siete Regiones concentraban apenas el 11 % de la demanda industrial y 3 % de la generación eléctrica a base de combustibles del país.

A esta concentración de la demanda se suma la estructura territorial de Cusco, caracterizada por una baja densidad poblacional y una alta dispersión geográfica. La región representa apenas alrededor del 3% de la población urbana nacional, lo que limita el tamaño de su mercado. Estas condiciones elevan el costo por conexión, ya que se requieren más kilómetros de red para atender a menos usuarios, encareciendo la provisión del servicio.

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El gráfico muestra que Lima concentra la mayor proporción de usuarios conectados y potenciales de gas natural en los segmentos industrial, residencial y de generación eléctrica en 2024, destacando la baja penetración en las siete regiones del sur del país. (IPE)

Agenda pendiente

Avanzar en la masificación del gas natural es importante porque permite acceder a los hogares a combustibles menos contaminantes y de menor costo. En Cusco uno de cada cinco hogares urbanos utiliza leña o carbón para cocinar, una proporción superior al promedio nacional (10 %). En este contexto, ampliar la cobertura del gas natural no solo facilitaría la sustitución de estos combustibles, sino que también podría contribuir a reducir el gasto de los hogares, particularmente el de los hogares más vulnerables. En Cusco, el gasto mensual en energía representó en promedio el 14 % del ingreso laboral de los hogares en 2024, pero alcanzó el 37% entre aquellos con menores ingresos, más de nueve veces la proporción destinada por los hogares de mayores ingresos (4 %).

Este mapa de Perú muestra el porcentaje de hogares urbanos que utilizan energías sucias como leña y carbón para cocinar, destacando regiones como Huancavelica y Ayacucho con un 43 %. (IPE)

Recomendaciones

La consolidación del gas natural en Cusco requiere reglas claras, estabilidad regulatoria y una adecuada articulación entre el sector público y privado. Para ello, será clave fortalecer la gobernanza y la capacidad técnica de Perúpetro, Osinergmin y el Minem, de modo que puedan cumplir su rol estratégico en la planificación del sector, la regulación y la promoción de inversiones. Al mismo tiempo, es importante reconocer que existen zonas, rurales o de difícil acceso, donde llevar gas natural resulta aún más complejo. En estos casos, la política energética deberá complementarse con instrumentos alternativos que permitan a los hogares acceder a fuentes menos contaminantes y a menor costo, como el Vale GLP financiado por el FISE. Para ello, es también importante garantizar que el programa cuente con los recursos necesarios para continuar ampliando el acceso a energías limpias a un bajo costo, lo que implica evitar contrarreformas que pongan en riesgo dicho objetivo —por ejemplo, aquellas que plantean limitar el uso de los recursos del FISE a un solo energético—.

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