La reciente noticia de que Kevin Warsh es el candidato de Donald Trump para sustituir al actual presidente de la FED, Jerome Powell, tuvo, tal como se esperaba, impacto y relevancia fundamentalmente en las expectativas, que a su vez influyen de manera determinante en tasas de interés global, valoración del dólar, flujos de capital y, en general, en la valorización de todos los activos financieros en el mundo. La noticia trasciende el ámbito político, inclusive el geopolítico, y permite a los hacedores de política económica establecer los lineamientos de largo plazo para las políticas económicas que se implementarán en la mayoría de los gobiernos y en especial a los que se instalarán este año en América Latina.
Warsh tiene un discurso más centrado en el cumplimiento estricto de la política monetaria y, a su vez, una visión de cómo ir reduciendo las tasas de interés reales en Estados Unidos en medio de una desaceleración del crecimiento global, elevados niveles de endeudamiento público-privado y una inflación que aún está por encima del rango meta objetivo. En este entorno, cualquier percepción de los movimientos de la política monetaria genera ajustes en portafolios, tasas de interés y flujos de capital en el mundo y, cómo no, a los países emergentes. Lo relevante no es solo el nivel de la tasa de interés sino la trayectoria futura que se espera de la política monetaria: su discurso por una menor restricción a la reducción de tasa y más preocupación por los niveles de crecimiento y empleo va a afectar la lectura de las principales variables financieras de Estados Unidos y del mundo.
Es conocido que la FED tiene un mandato dual: por un lado, estabilizar los precios, pero, por otro lado, es también responsable del nivel de empleo y del crecimiento de la economía americana. Con su nombramiento, los agentes de mercado podrían asumir que las tasas de interés reales tenderán gradualmente a reducirse en una especie de soft landing monetario. Una política monetaria más proclive a ser expansiva —pero disciplinada monetariamente— puede acompañar mejor los retos de crecimiento a largo plazo de la administración actual, de una manera más sólida. Los cambios no serán rápidos ni agresivos, y el hecho de tener un decisor de la política monetaria más ortodoxo ha sido absorbido por el mercado como una señal de menor riesgo a largo plazo, dados los altísimos niveles de endeudamiento soberano de USA.
A primera vista, los primeros movimientos del mercado de renta fija muestran una reducción de los rendimientos de los tramos medios y largos de la curva del Tesoro estadounidense, sugiriendo una reducción del term premium y de la tasa neutral de largo plazo.
Este ajuste tiene implicancias directas sobre el costo de capital global, pues una menor tasa libre de riesgo cambia los valores en los modelos de valuación de activos de riesgo al reducir la tasa de descuento utilizada para traer a valor presente cualquier flujo de caja futuro, por lo que hay un mecanismo de transmisión entre la curva de rendimientos y el costo de capital global.
El cambio de expectativas monetarias afecta a los mercados de renta variable, buscando activos de mayor calidad, invirtiendo en acciones de empresas con flujos de caja más estables, gran visibilidad de ingresos y poder de mercado para fijar precios. Esto reduce la prima de riesgo exigida por el inversor. No obstante, la mayoría de estas empresas generan flujos de caja a largo plazo, que podrían concentrarse en sectores como tecnología, consumo discrecional líder e infraestructura; pero sus valoraciones también son muy sensibles a variaciones de las tasas de interés, que afectan a la tasa de descuento, lo cual se traduce en ajustes significativos de sus múltiplos de valuación ante esta variación.
Para los países emergentes, adicionalmente, una variable sumamente importante es el efecto que tienen estas medidas sobre el mercado cambiario. La política económica americana —conducente a una expansión industrial futura que sustente el crecimiento a largo plazo— requiere un dólar débil frente a otras monedas. Con un menor diferencial esperado entre la tasa de interés de Estados Unidos y la del resto del mundo, se mejora el perfil de la deuda denominada en moneda extranjera y se facilita la entrada de capitales hacia activos con mayor riesgo esperado. En el mediano plazo, una mejora en la capacidad productiva y en la oferta agregada puede reducir las presiones inflacionarias, aunque en el corto plazo, el encarecimiento de las importaciones en Estados Unidos podría elevarlas temporalmente.
Y para Perú los ciclos de política monetaria expansiva en Estados Unidos han sido muy favorables, con efectos directos en el tipo de cambio porque las mayores tasas de interés relativas que en algún momento se tengan generarán flujos de inversiones especulativas de corto plazo, que tenderán a mantener un dólar barato, siempre que haya estabilidad económica y regulatoria.
Analizando la economía peruana, a pesar de la inestabilidad política y de los últimos ruidos fiscales generados por déficit y gasto fiscales sin ejecución óptima, el hecho de tener una inflación controlada, reservas internacionales en un nivel importante y un marco monetario absolutamente prudente nos da una gran oportunidad (condicionada a mantener estas condiciones inalteradas).
Posiblemente en el corto plazo podríamos ver un contexto donde se demanden más bonos soberanos locales de moneda local, reduciendo el costo de la deuda pública y perfilando un mejor ambiente para emisiones corporativas locales. Sin embargo, no podemos dejar de señalar la gran incógnita: el riesgo en Perú no es económico sino político-social, por lo que las decisiones que tomen los ciudadanos en los próximos meses serán relevantes no solo para los próximos 5 años, sino para aprovechar la oportunidad geopolítica que tiene el Perú frente al contexto internacional.
De igual manera, hay amenazas globales: el hecho de que exista una política monetaria suficientemente expansiva que detone presiones inflacionarias muy fuertes, impactando en la estructura de tasas, la asignación de portafolios y las expectativas sobre todo el ciclo monetario global es muy importante. Otra variable de riesgo son los niveles de endeudamiento altos en varios países del mundo que ante una crisis de deuda podría tener efectos multiplicadores en todo el mundo y especialmente en países sobreendeudados (Argentina, Brasil y México)
“Esto está en un marco para lograr la solidez de la institucionalidad en el Perú.” Estas son tareas importantes que no son renunciables en el corto plazo si queremos aprovechar este ciclo importante de beneficios tanto por una política monetaria expansiva como por un mundo que requiere mayor cantidad de nuestras materias primas por el auge de la IA y el ciclo expansivo mundial.
La capacidad que tengan los gobernantes de alinear al sector privado para cambiar la matriz productiva y encajarla de una manera más eficiente en la economía digital del siglo XXI dependerá del futuro de largo plazo del país.