Receta del pollo al maní, el guiso cotidiano que une generaciones en la cocina peruana

Sin sofisticaciones ni técnicas complejas, este platillo ocupa un lugar estable en la mesa peruana. Es un plato aprendido mirando, escuchando y repitiendo, donde el sabor y la costumbre pesan tanto como los ingredientes

Receta de un delicioso pollo al maní

El pollo al maní ocupa un lugar habitual en las mesas peruanas, no por sofisticación ni por rareza, sino por cercanía. Es un guiso que acompaña almuerzos familiares, celebraciones sencillas y domingos de reunión. Su presencia atraviesa generaciones y regiones, con ligeras variaciones, aunque siempre mantiene una base reconocible: pollo bien sellado, un aderezo intenso y una salsa espesa donde el maní aporta cuerpo y sabor.

En la cocina cotidiana del Perú, este plato funciona como punto de encuentro entre lo práctico y lo sabroso. Se prepara con ingredientes accesibles y con técnicas que pasan de una persona a otra sin manuales formales. En muchos hogares, el pollo al maní forma parte del repertorio básico, ese que se aprende mirando y escuchando, más que leyendo recetas.

El interés por este guiso no solo responde al gusto. El maní, según la tradición popular, “contiene gran cantidad de vitaminas y minerales que ayudan al desarrollo de los niños”. Además, “ayuda a reducir las calorías y regenerar las células de la piel”.

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Ingredientes

  • 6 piezas de pollo
  • 150 g de maní tostado y molido
  • 1 taza de cebolla roja picada en cuadritos
  • 1 cucharada de ají amarillo molido
  • 2 cucharadas de ají panca molido
  • ½ cucharadita de comino
  • 1 cucharada de ajos molidos o rallados
  • 1 cucharadita de orégano seco y triturado
  • 1 cucharada de perejil picado
  • Agua o fondo de pollo en cantidad necesaria
  • Aceite vegetal
  • Sal al gusto
  • Pimienta al gusto

Preparación

El aderezo continúa su desarrollo con la recuperación de jugos mediante pequeños chorros de agua o fondo de pollo. Cuando el aceite se separa, se añaden el orégano, la sal y la pimienta. Las piezas de pollo regresan a la olla junto con sus jugos, y se cubren casi por completo con líquido.

La cocción se realiza a fuego bajo, primero por quince minutos y luego por diez más, con revisiones intermedias para ajustar el nivel de líquido y el punto de sal. Recién en la etapa final se incorpora el maní tostado y molido, no licuado, “para así poder sentir la textura del maní en la salsita”.

Tras unos minutos adicionales, el plato se completa con perejil fresco picado. El resultado, según la descripción original, deja un pollo “extremadamente jugosito y superdelicioso”, listo para servirse con arroz blanco y, en muchos casos, acompañado de una ensalada sencilla.

En esa combinación de técnica, costumbre y sabor cotidiano, el pollo al maní mantiene su lugar como uno de los guisos más reconocibles de la cocina peruana.

Un clásico de los hogares peruanos

Receta del pollo al maní, el guiso cotidiano que une generaciones en la cocina peruana

El pollo al maní se describe, en palabras de una de las voces que difunde esta receta, como “un platillo muy recurrente en los menús de los hogares peruanos”. Su preparación suele vincularse a momentos específicos: almuerzos dominicales, reuniones familiares o comidas que buscan rendir sin perder sabor.

Uno de los aspectos que más se repite en los relatos culinarios sobre este plato es la importancia del sellado del pollo. Este cumple una función concreta: conservar jugos y aportar una textura firme antes de la cocción prolongada en la salsa. El procedimiento se detalla paso a paso, con énfasis en el control del fuego y los tiempos. Primero, el pollo se sazona con sal y pimienta por ambos lados. Luego, se coloca en una sartén con aceite vegetal, con la piel hacia abajo, y se tapa para evitar salpicaduras.

Tras unos minutos por cada lado, las piezas se retiran y se reservan junto con el aceite de la cocción. Ese mismo aceite sirve como base para el aderezo, donde la cebolla roja picada se sofríe a fuego bajo hasta quedar transparente. A partir de allí, se incorporan el ajo, el comino, el ají amarillo y el ají panca, con pausas precisas para evitar que los ingredientes se quemen.

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