El cambio de calendario encontró a Patricio Quiñones en movimiento. El bailarín peruano, conocido como Pato Quiñones, recibió el Año Nuevo 2026 sobre uno de los escenarios más visibles del Caribe, integrando el elenco del espectáculo que Daddy Yankee ofreció en Puerto Rico.
El concierto, concebido como una gran fiesta de despedida de año, fue transmitido a nivel internacional y reunió música, danza y celebración colectiva.
Para Quiñones, la noche representó algo más que una actuación: fue la confirmación de una trayectoria construida fuera del país, sostenida por disciplina, persistencia y una presencia escénica que hoy lo ubica junto a figuras centrales de la música urbana.
Una noche de Año Nuevo frente al mundo
El Distrito T-Mobile de San Juan se convirtió en el epicentro de la celebración de fin de año. Allí, Daddy Yankee encabezó un espectáculo que combinó su repertorio con una puesta en escena diseñada para una audiencia global. En ese contexto apareció Pato Quiñones, integrado al grupo de bailarines que acompañó cada bloque musical del reggaetonero.
La presentación fue retransmitida por la cadena estadounidense ABC, lo que amplificó su alcance más allá de Puerto Rico. Para el público peruano, la presencia de Quiñones tuvo un valor adicional: uno de los suyos formaba parte de un evento de alto perfil internacional. El bailarín se movió entre luces, pantallas gigantes y coreografías precisas, en una noche marcada por la cuenta regresiva y la energía del cierre de año.
El espectáculo no fue un concierto convencional. Estuvo concebido como una celebración colectiva, donde la música urbana funcionó como lenguaje común para despedir un ciclo y abrir otro. En ese escenario, Quiñones recibió el 2026 bailando, sincronizado con un equipo que ensayó durante semanas para una noche sin margen de error.
De la televisión a los grandes escenarios
Antes de pisar escenarios internacionales, Quiñones construyó su reconocimiento en la televisión peruana. Su participación en programas de competencia como El Gran Show y Esto es Guerra lo posicionó como un bailarín versátil, capaz de adaptarse a distintos ritmos y formatos. Esos espacios no solo lo expusieron al público masivo, también le exigieron disciplina y constancia.
El salto hacia una carrera fuera del país llegó tras participar en eventos de mayor escala, como presentaciones vinculadas a los Juegos Panamericanos junto a Luis Fonsi. A partir de allí, Estados Unidos se convirtió en su nuevo eje de trabajo. Instalado en Miami, Quiñones comenzó a integrar elencos de artistas consolidados del género urbano y tropical.
Su recorrido incluye colaboraciones con Daddy Yankee durante su gira de despedida, además de trabajos con Don Omar, Manuel Turizo y participaciones en producciones audiovisuales de Farruko y Nicky Jam. Cada experiencia amplió su rango profesional y lo acercó a un circuito donde la exigencia física y artística es constante.
La vida en Miami y los desafíos del oficio
Radicarse en Miami significó un cambio profundo. Lejos de los reflectores de la televisión peruana, Quiñones enfrentó una dinámica distinta, marcada por audiciones, entrenamientos y periodos de incertidumbre. Además de presentarse en giras, comenzó a dictar clases en academias de baile, diversificando su actividad profesional.
El camino no estuvo libre de obstáculos. El bailarín atravesó lesiones que lo obligaron a detenerse y replantear rutinas. También enfrentó el impacto de la pandemia, que paralizó espectáculos y redujo oportunidades laborales en la industria del entretenimiento. Aun así, mantuvo una presencia activa en redes sociales, donde compartió avances, retrocesos y reflexiones sobre su proceso.
En ese espacio digital también habló recientemente sobre una enfermedad de la piel que afecta su día a día. Reconoció que no todas las jornadas son favorables, pero dejó en claro que continúa trabajando y cumpliendo compromisos profesionales. Esa exposición, lejos de debilitar su imagen, reforzó una narrativa de esfuerzo y resiliencia.