
En el distrito de Barranco, existe un colegio que lleva el nombre de un poema del ilustre escritor peruano que revolucionó el mundo de la poesía en las primeras décadas del siglo XX. Esta institución educativa se denomina “Los Reyes Rojos”, un rótulo que rinde homenaje al literato desde 1978.
Habiendo mencionado el nombre de este poema, es fácil identificar al escritor. Si echamos un vistazo a nuestra etapa escolar, recordaremos cómo nuestro profesor de Literatura nos explicaba uno de los emblemáticos poemas de ese autor, e incluso se aventuraba a declamarlo. “Hoy vamos a conocer la vida y obra de José María Eguren”, podría haber sido el discurso inicial de un maestro que se enfrentaba a un público que aún no había conectado plenamente con la poesía.
Independientemente de tu pasión por la literatura, es vital conocer la trayectoria de este vate y su aporte a la cultura peruana. Si en algún momento pensaste que el poeta que revolucionó la poesía fue César Vallejo, no estabas tan alejado de la verdad. Sin embargo, se podría precisar que primero destacó Eguren y luego surgió la figura del vate universal. Ambos poetas peruanos contribuyeron al mundo de las letras, cada uno dejando su propia huella en la tradición poética del país.

El orden en que cada uno brilló en la literatura está determinado por la cronología. Eguren nació antes que Vallejo, por lo cual tiene varios años de ventaja dedicados al arte de escribir y, en consecuencia, sus obras se publicaron primero. Sin embargo, en la época en que vivió el escritor, existían jóvenes escritores que también destacaban en la literatura, como es el caso de Abraham Valdelomar o Martín Adán.
Ahora bien, ¿quién es José María Eguren y por qué es considerado un ilustre escritor en el mundo de las letras peruanas? Para empezar, es preciso indicar que es el único representante del simbolismo en el Perú. Como es sabido, esta corriente literaria surgió a mediados del siglo XIX en Francia con el objetivo de contrarrestar al Naturalismo y el Realismo, tendencias que destacaban la objetividad.
Si hacemos algunas sumas y restas, podemos percatarnos de que el simbolismo llegó a Perú de manera tardía. No es una novedad, ya que la mayoría de los movimientos literarios ejercieron su influencia en Latinoamérica décadas después de su aparición en Europa. Nuestro país no fue la excepción, ya que el primer libro simbolista de José María Eguren fue publicado en 1911. Este retraso cronológico no disminuye la importancia de la contribución del autor peruano al Simbolismo, destacándose como un pionero en esta corriente literaria en la escena peruana.
El hecho de ser el único representante del simbolismo en el Perú nos invita a pensar que los escritores que intentaron crear una obra simbólica no lo lograron. Al margen de ello, es necesario indicar que el autor de “La canción de las figuras” no copió el estilo de grandes simbolistas de Europa como Arthur Rimbaud o Stéphane Mallarmé, sino que asimiló los conocimientos de la tendencia europea para luego crear su arte. En cuanto a su creación poética, Ricardo Silva-Santisteban le dedicó varias páginas al destacado literato en su libro “Antología comentada”.

En los poemas de Eguren, es habitual encontrarnos con un término particular: niña. Este vocablo podría evocar en nosotros recuerdos de la infancia, los cuales van desde la amistad con una compañera hasta el enamoramiento o ilusión de un menor. Por ejemplo, en el poemario “La canción de las figuras” (1916), existe un poema titulado “La niña de la lámpara azul”.
En el pasadizo nebuloso
cual mágico sueño de Estambul,
su perfil presenta destelloso
la niña de la lámpara azul.
Ágil y risueña se insinúa,
y su llama seductora brilla,
tiembla en su cabello la garúa
de la playa de la maravilla.
Con voz infantil y melodiosa
con fresco aroma de abedul,
habla de una vida milagrosa
la niña de la lámpara azul.
Con cálidos ojos de dulzura
y besos de amor matutino,
me ofrece la bella criatura
un mágico y celeste camino.
De encantación en un derroche,
hiende leda, vaporoso tul;
y me guía a través de la noche
la niña de la lámpara azul.
En este poema, se hace evidente el lenguaje sugerente y musical, así como la representación de un mundo de ensueño y visiones infantiles. El yo poético podría ser un niño que necesita una guía para transitar por esta vida opacada por la oscuridad. Sobre la creación de este poema, se pueden hacer algunas conjeturas. Algunos dirán que se inspiró en sus recuerdos de la infancia; mientras que otros, más osados, afirmarían que este poema lo dedicó a su primer amor de la infancia. En última instancia, la belleza de la poesía de Eguren radica en su capacidad para permitir diversas interpretaciones.

Para no ahondar en especulaciones, recordaremos algunos pasajes de la vida del escritor. La mayor parte de su niñez y adolescencia la pasó en la hacienda familiar Chuquitanta, ubicada a orillas del río Chillón. Este lugar era propicio para que el entonces niño agudizara sus sentidos y leyera grandes obras en medio de la naturaleza. Jorge, su hermano mayor, lo sumergió en el mundo de la literatura y le tradujo obras que estaban escritas en francés.
Eguren tuvo dos hermanas, Susana y Angélica, quienes habían heredado el carácter de su madre. Eran dulces en el trato y acompañaron al escritor en todo momento. Cabe destacar que ambas mujeres nunca se casaron ni tuvieron hijos, situación que les permitió pasar mucho tiempo con su hermano en la casa de Barranco, un lugar frecuentado por Abraham Valdelomar, Martín Adán, entre otros escritores destacados de la época.
En cuanto a su amor en la infancia, no afirmó haberlo tenido. Sin embargo, escribió un texto que podría tener más de una interpretación.

De acuerdo con Silva-Santisteban, este pasaje escrito por el autor fue eliminado o excluido de sus obras. “Un episodio imposible de datar, y que se convierte obsesivo a través de toda la poesía y la prosa de Eguren, es el de una amada muerta. En dos pasajes suprimidos del motivo “Visión nocturna”, el poeta ha dejado vívidos y reveladores pasajes de un erotismo transmutado por la imaginación poética”, señaló.
Otras facetas de José María Eguren
José María Eguren no solo destacó como escritor. En su juventud, se dedicó a la pintura, un arte que le sirvió para plasmar los símbolos de sus versos. La verdad es que la literatura y la pintura se complementan entre sí. Prueba de ello es observar libros ilustrados que atraen la atención de las nuevas generaciones. En su caso, sus creaciones artísticas favorecieron a los lectores de su obra, quienes conocieron un poco de su mundo abstracto representado en sus poemas.
Sobre esta faceta del escritor, Ricardo Silva-Santisteban escribió en su libro lo siguiente:

Pero, ¿qué dijo Castillo? El investigador, al que mencionamos anteriormente, incluyó en su libro las observaciones del crítico sobre las creaciones artísticas de Eguren: “Sus paisajes limeños son tan auténticamente limeños, que resultan únicos, cual jamás los ha visto nadie. Creo que ningún pintor, sea nacional o extranjero, ha llegado a dar con mayor exactitud y justeza la nota pictórica del cielo de Lima y su campiña que Eguren”.
Por otro lado, es importante mencionar que el pintor y literato también fue un inventor. Su invención, como era de esperar, se relacionó con el arte. En 1923, fabricó una cámara fotográfica muy pequeña con la cual produjo una variedad de fotografías. A pesar del paso del tiempo, estas se encuentran en buen estado.

La diminuta cámara fotográfica, con un tamaño de dos centímetros, se encuentra en el Instituto Riva-Agüero. Este objeto está en este lugar porque, en 2011, la familia de Eguren donó varios artículos del poeta a este centro cultural. Para apreciar las fotografías, podemos acercarnos a la Biblioteca Nacional del Perú. Otra opción sería esperar a que la Casa de la Literatura realice una actividad en honor a Eguren.
Eguren es uno de los escritores inmortales que tiene el Perú, y nadie podría refutarlo. Sus poemas, a pesar de no ser comprendidos a primera lectura, atraen a los lectores debido a que están cargados de una infinidad de símbolos. A esto se suma la musicalidad, el cromatismo de sus versos y su ambiente de ensueño. Hay más de un motivo para leerlo, y uno de ellos podría ser el deseo de recordar nuestra infancia.
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