“Mi idea era hacer algo lúdico que ayudara a los chicos a sobrellevar el momento lo mejor posible”.
“Mi idea era hacer algo lúdico que ayudara a los chicos a sobrellevar el momento lo mejor posible”.

María Belén di Gregorio (38) tiene una gran historia, pero no es algo de lo que se jacte ni cuente demasiado. La desliza con timidez sólo cuando se le pregunta. Cuenta que se crió con una abuela enfermera y un bisabuelo, y prefiere no dar más detalles ni hablar de la situación de sus padres.

"Yo tuve una infancia difícil, con cosas lindas pero con momentos muy duros. Mirando desde el abismo que la separa a mi vida de hoy, sentía que tenía que devolver algo", explica Belén.

"Yo siempre tuve un costado social: iba a comedores y estaba metida en cosas que tenían que ver con chicos, se ve que por mi historia me llegaba desde ahí", se acuerda.

Según Belén, a su abuela –que fue un poco una madre– le debe mucho más que sus primeras idas al hospital: "Ella fue la que me explicó que siempre hay un otro, y que ese otro tiene una historia". Después de casarse y haber tenido dos hijas (Lara de 20 y Sofía, de 15 años), cuando ya se había recibido de comunicadora y trabajaba con su padre en su empresa de seguridad, Belén llevó la decisión de ayudar un paso más adelante y fundó Creando Luz, un programa por el que hace y distribuye pelucas de género y disfraces a chicos en tratamiento oncológico.

Cambiar la historia. María Belén di Gregorio se inspiró en unas pelucas de lana que se hacían en Alaska. Pero las cambió por algodón, que es un material más fresco y lavable.
Cambiar la historia. María Belén di Gregorio se inspiró en unas pelucas de lana que se hacían en Alaska. Pero las cambió por algodón, que es un material más fresco y lavable.

Lo que empezó como una iniciativa particular hace tres años, hoy tiene unas trescientas pelucas entregadas y una comunidad de casi 9 mil seguidores en Facebook que, además de seguir las historias de los pacientes, se reúnen en talleres a hacer e intervenir las pelucas.

La idea de Belén fue seleccionada por la señal de cable History como finalista en la quinta edición del concurso Una idea para cambiar la historia, y viajará a Colombia con Facundo Noya, otro argentino seleccionado, el 6 de diciembre.

-¿Cómo nació la idea de Creando Luz?

-La realidad es que yo, al haber tenido una infancia muy dura, sentía que tenía que devolver un poco de todo lo que hoy tengo y dedicar aunque sea un día de la semana a tratar de ayudar a esos chicos que la tienen más difícil. Una vez leí una frase que decía "sé el adulto que vos necesitaste cuando eras chico", y me quedó grabada. Cuando empecé la facu me puse a buscar un lugar para poder acercarme a ayudar y llegué a Make a wish, una fundación de la que soy miembro activo hace seis años y trabaja justamente con niños que son pacientes oncológicos. Make a wish nos dio la posibilidad de tener un orden y un horario, yo trabajaba con mi papá que tiene una agencia de seguridad y entonces podía arreglarme para tener mi día o mi mañana dedicada a eso. Después de años ahí sentí que necesitaba algo más y así fue que empecé.

Su proyecto fue seleccionado por History para un concurso, su caso llegó a oídos del elenco de Cien días para enamorarse, que incentivó a la gente a apoyarla con su voto a través de las redes.
Su proyecto fue seleccionado por History para un concurso, su caso llegó a oídos del elenco de Cien días para enamorarse, que incentivó a la gente a apoyarla con su voto a través de las redes.

-¿Por qué pelucas?

-Siempre supe que mi segmento eran los chicos: hay una sinceridad y transparencia en ellos que es increíble. Un niño no piensa, dice lo que siente y eso para mí es algo increíble. Yo soy muy agradecida con las familias que me permiten compartir ese momento. Es algo que te cambia la vida, la cabeza, las prioridades. Dentro de eso, me parecía que lo que yo quería hacer venía por el lado del juego: hacerlos pasar lo mejor posible ese momento difícil. Mirando, llegué a un proyecto parecido a lo que ahora hago, que eran unas pelucas de lana que hacían en Alaska. Después fue una búsqueda para ver el mejor modo de adaptar esa idea a nuestras condiciones.

-¿Los chicos no usan pelucas de pelo verdadero?

-A los nenes no les gustan las pelucas de pelo, si se las das te miran con impresión y preguntan "¿de quién es ese pelo?"

“Nunca había visto algo igual, ¡en un par de horas se habían duplicado los votos!”, cuenta Belén. Para ver los proyectos y votar: https://unaidea.tuhistory.com/
“Nunca había visto algo igual, ¡en un par de horas se habían duplicado los votos!”, cuenta Belén. Para ver los proyectos y votar: https://unaidea.tuhistory.com/

-Tampoco creo que les guste estar pelados.

-No, es tremendo, sobre todo para las mujeres. Si te fijás, todas las princesas tienen el pelo larguísimo: Rapunzel, Cenicienta… todas. Yo veía que cuando las chicas se iban a hacer la quimio y se ponían el disfraz de princesas, ya con poco o sin pelo, la imagen que el espejo les devolvía era una imagen rota y evidente. Los varones lo viven distinto, porque los superhéroes no tienen pelo y porque hay más hombres pelados. Por ahí sufren más el no poder correr o jugar al fútbol, pero en las mujeres el pelo es todo. Es increíble ver el impacto que tiene en lo anímico algo tan chiquito como una peluca. Igualmente, lo que yo siento es que todo esto tiene más que ver con ayudarlos a generar resiliencia. A mí me encantaría que el día de mañana, cuando la enfermedad pase y la vida les presente otras dificultades, puedan llevarse esa actitud de intentar atravesar del mejor modo posible una situación.

-¿Cómo llegás a esos chicos?

-En general me contactan, pero lo que siempre hago es primero darme a conocer con los médicos y directores del hospital. Más allá de que uno quiera ayudar, hay chicos con situaciones delicadas y familias que están atravesando el peor momento de sus vidas, con lo cual el límite entre ayudar y ser invasivo es muy delgado. En general, el contacto viene por parte de la familia y de ahí es también un boca en boca. A veces voy a llevar una peluca y ahí hay otros chicos y me dicen que ellos también quieren.

-¿Con quién lo hacés?

-Empecé con una mamá del colegio de las chicas que hizo conmigo la primera peluca que le regalamos a Luz, una chiquita que hoy está bien. Por Luz quedó el nombre y hace unos días me mandó un video invitando a la gente a votar por el proyecto. Casi me muero. Después esa mamá siguió su camino y yo continué por las mías.

-¿Cosés vos las pelucas?

-Claro, lo hago con Mary (N. de la R.: una señora que vino con ella) que es una genia y me ayuda con la parte de costura. Después tengo la ayuda de todos los que se acercan a los talleres.

Una de las chiquitas que recibieron una de sus pelucas. GENTILEZA DI GREGORIO
Una de las chiquitas que recibieron una de sus pelucas. GENTILEZA DI GREGORIO

-¿Cómo es el tema de los talleres?

-Los talleres no son algo pautado ni fijo porque surgieron como respuesta a las consultas de la gente que me preguntaba cómo ayudar. Me pareció que estaba bueno abrirlo, ya que no todos pueden ir a la sala por diferentes motivos. Después me empezó a pasar que me llamaron de algunas empresas para hacerlo como programa de responsabilidad social empresarial y lo hicimos, pero en general son más los que hacemos con voluntarios.

-¿Cómo se financia hoy Creando Luz?

-Por ahora el costo de las pelucas lo asumo yo, si tengo que comprar tela y demás, y después la gente me ayuda a hacerlo. Cuando me preguntan puntualmente qué necesito les digo que si quieren compren telas o que traigan goma eva a los talleres. Los programas con empresas también son buenos en ese sentido, el problema es que los chicos en esta situación no son prensables, son una realidad que se oculta.

-En ese sentido, ser seleccionada puede ser una gran ayuda.

-¡Sí! Me postuló mi familia y quedar elegida ya me parecía un montón. Lo gracioso es que venía re abajo y un amigo empezó a armarme una campaña con los actores de Cien días para enamorarse: y así, de un día para el otro, pasé de novena a cuarta. La verdad que ganar uno de los premios sería buenísimo porque siempre ayuda, pero ya estoy contenta de haber llegado hasta acá.

Texto: Lucía Benegas. Fotos: Alejandro Carra