En Panamá la mayor parte de la basura marina corresponde a botellas plásticas PET (29.5%), foam/poliestireno (17.2%), envases plásticos HDPE (6.1%), textiles/ ropa (5.3%) y otros desechos (41.9%).
Esta situación coloca a la basura marina como un desafío ambiental y económico para las comunidades costeras y los sectores productivos del país.
El predominio de plásticos de un solo uso en playas y costas panameñas pone a la nación frente a una problemática que comparte con la mayoría de los países de la región.
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Digna Barsallo, directora nacional de Costas y Mares de MiAmbiente, expresó que se requiere de una formación técnica sobre basura marina para mejorar el manejo de residuos y la protección de ecosistemas marinos.
“La contaminación marina afecta la biodiversidad, los recursos pesqueros y la calidad ambiental de nuestras costas. Estas actividades de capacitación ayudan a que instituciones vinculadas al tema manejen herramientas y conocimientos necesarios para la prevención y mitigación de esta problemática”, dijo Barsallo.
Según reportes recientes citados por Phys.org, los desechos vinculados a alimentos y bebidas, como envases, tapas y botellas, representan la mayor proporción de la basura recolectada en los litorales.
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La presencia de plásticos en el entorno marino afecta el equilibrio de los ecosistemas y repercute en actividades fundamentales como la pesca y el turismo.
De acuerdo con el informe global, Panamá figura entre los países donde los residuos de envases alimentarios y botellas plásticas se encuentran entre los tres tipos de basura más abundantes.
Esta tendencia se observa también en otras naciones de alta densidad poblacional y actividad comercial, lo que sugiere un patrón de consumo y disposición similar en las costas panameñas.
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Las playas de Panamá, reconocidas por su biodiversidad y atractivo turístico, enfrentan una presión creciente debido al incremento de residuos sólidos. Las organizaciones ambientales y las autoridades nacionales han advertido sobre el impacto negativo de la basura marina en la fauna local.
Entre los principales afectados se encuentran las aves marinas, tortugas y peces, que confunden fragmentos plásticos con alimento, lo cual puede derivar en lesiones o muerte.
Esta problemática no solo tiene un componente ecológico, sino que también implica consecuencias económicas para las comunidades que dependen de la pesca y el turismo.
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El Ministerio de Ambiente de Panamá (MiAmbiente) ha desarrollado campañas de concienciación y jornadas de limpieza en colaboración con organizaciones no gubernamentales y empresas privadas.
El objetivo de estas iniciativas es reducir la cantidad de residuos que llegan al mar, promover el reciclaje y fortalecer la educación ambiental.
Según cifras oficiales divulgadas por MiAmbiente, en diversas campañas de recolección realizadas durante 2025 se extrajeron varias toneladas de desechos de los principales balnearios del país, con predominio de plásticos de un solo uso.
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El informe de Phys.org advierte que la mayoría de los residuos plásticos encontrados en costas panameñas provienen del consumo nacional, aunque una fracción considerable tiene origen internacional, debido a corrientes marinas y actividad portuaria.
El Canal de Panamá, una de las rutas marítimas más transitadas del mundo, incrementa la exposición del país a residuos de origen externo. Las autoridades han señalado la necesidad de reforzar los controles en puertos y de coordinar acciones con otros países de la región para limitar el flujo de basura marina.
Diversas comunidades costeras han implementado programas locales de monitoreo y limpieza, favoreciendo la participación ciudadana y el trabajo conjunto con instituciones públicas.
En algunos casos, los residuos recolectados se destinan a proyectos de reciclaje o reutilización, generando alternativas productivas para la población local.
El sector pesquero también se ha visto impactado. La presencia de microplásticos en las aguas costeras y en especies de consumo humano ha generado preocupación entre los expertos.
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Investigaciones recientes han detectado trazas de plásticos en peces capturados en el Pacífico panameño, lo que plantea desafíos sanitarios y comerciales para la industria.