Panamá ya cruzó el punto de no retorno. Tras meses de monitoreo de las temperaturas del océano Pacífico tropical, el Instituto de Meteorología e Hidrología de Panamá (IMHPA) confirmó que el fenómeno de El Niño ya está en marcha y que las condiciones observadas indican que continuará fortaleciéndose durante el resto del año.
La principal incertidumbre ya no es si ocurrirá, sino cuán intenso llegará a ser y qué tan severos serán sus efectos sobre el país.
La advertencia llega en momentos en que el país experimenta elevadas temperaturas y sensaciones térmicas extremas. Sin embargo, para los especialistas, el verdadero desafío apenas comienza.
PUBLICIDAD
Los modelos climáticos apuntan a una reducción de entre 10% y 20% de las lluvias durante el trimestre comprendido entre mayo y julio, una disminución que podría agravarse a medida que el fenómeno alcance su máxima intensidad hacia finales de año.
“Ya no hay marcha atrás”, afirmó Berta Olmedo, subdirectora general del IMHPA, quien explicó que la entidad decidió declarar formalmente el fenómeno debido a que los indicadores utilizados por Panamá ya superaron los umbrales establecidos para confirmar el desarrollo de El Niño.
ales como la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos (NOAA) continúan monitoreando la evolución del evento, para las autoridades panameñas el calentamiento del océano ya alcanzó un nivel que hace irreversible el proceso.
PUBLICIDAD
El Niño es un fenómeno climático global que se origina por el calentamiento anormal de una extensa zona del océano Pacífico tropical.
Aunque ocurre a miles de kilómetros de Panamá, altera la circulación atmosférica y modifica los patrones de lluvia en gran parte del planeta. En el caso panameño, históricamente se ha asociado con una reducción de las precipitaciones, temperaturas más altas y una mayor evaporación de las fuentes de agua.
Los primeros efectos ya comienzan a reflejarse en las proyecciones climáticas. El IMHPA estima que durante los próximos tres meses habrá menos lluvias de lo habitual en prácticamente todo el territorio nacional. No obstante, la disminución no será uniforme.
PUBLICIDAD
Mientras algunas regiones podrían registrar reducciones cercanas al 10%, otras podrían enfrentar déficits de 25% o incluso 30%, dependiendo de la evolución del fenómeno.
La preocupación aumenta porque estas cifras corresponden únicamente a la etapa inicial de El Niño. Según Olmedo, el océano Pacífico continúa acumulando calor en capas profundas que servirán de combustible para el fenómeno durante los próximos meses.
Eso significa que las reducciones de lluvia observadas actualmente podrían ser apenas un anticipo de condiciones más secas hacia finales de 2026.
PUBLICIDAD
Algunos centros de investigación internacionales incluso manejan escenarios en los que el evento podría alcanzar una intensidad elevada. Aunque todavía es prematuro determinar su categoría definitiva, varios especialistas consideran que podría tratarse de un Niño fuerte o muy fuerte.
La diferencia es relevante porque fenómenos más intensos suelen prolongar los períodos secos y aumentar los efectos sobre sectores sensibles de la economía.
Panamá ya conoce las consecuencias. El episodio de El Niño registrado entre 2023 y 2024 provocó una de las peores crisis hídricas de las últimas décadas.
PUBLICIDAD
La disminución de las lluvias obligó al Canal de Panamá por primera vez en su historia a reducir temporalmente el número de tránsitos diarios debido a la falta de agua en los lagos que alimentan la vía interoceánica. Aquella situación afectó el comercio marítimo mundial y evidenció la vulnerabilidad del país frente a los cambios climáticos.
Ahora las autoridades buscan evitar que la historia se repita. El sector agropecuario aparece entre los más expuestos. Menos lluvia implica menor disponibilidad de agua para cultivos y ganado, mayores costos de producción y posibles afectaciones en los rendimientos agrícolas.
Por ello, el IMHPA trabaja junto al Ministerio de Desarrollo Agropecuario en mesas técnicas agroclimáticas instaladas en las provincias del país, donde se analizan escenarios y se formulan recomendaciones para productores.
PUBLICIDAD
La generación eléctrica también podría enfrentar desafíos. Panamá depende en gran medida de la producción hidroeléctrica y una reducción prolongada de las lluvias suele traducirse en menores aportes a los embalses. De hecho, las empresas del sector ya comenzaron a ajustar sus estrategias operativas ante la posibilidad de un escenario más seco durante la segunda mitad del año.
Paradójicamente, un fenómeno de El Niño no significa ausencia total de lluvias. Los especialistas advierten que una de sus características es precisamente la mala distribución de las precipitaciones.
Puede ocurrir que llueva intensamente en períodos muy cortos y sobre áreas reducidas, provocando inundaciones repentinas, mientras otras regiones permanecen con déficits acumulados durante semanas o meses.
PUBLICIDAD
Otro efecto esperado es la prolongación del llamado “veranito de San Juan”, un período tradicionalmente seco que ocurre durante la estación lluviosa. Bajo condiciones de El Niño, ese lapso podría comenzar antes de lo habitual y extenderse por más tiempo, incrementando la presión sobre las actividades agrícolas que dependen del agua.
Para los expertos, el mensaje principal es que todavía existe tiempo para prepararse. La intensidad definitiva del fenómeno se conocerá en los próximos meses, pero la señal ya está clara:
La subdirectora del IMHPA señaló que estos datos permiten a los productores evaluar si deben ajustar sus actividades, cambiar fechas de siembra, reforzar sistemas de riego o incluso sustituir cultivos que demandan mucha agua por otros más resistentes a condiciones secas.
PUBLICIDAD
“La información es poder”, sostuvo Olmedo, al destacar que el objetivo es que cada sector pueda reducir pérdidas o, en algunos casos, aprovechar mejor los períodos secos previstos durante el avance de El Niño.