El sarampión vuelve a posicionarse como una amenaza sanitaria en la región de América Latina, lo que ha activado medidas preventivas en Panamá ante el riesgo de casos importados en medio del incremento de la movilidad internacional.
Aunque el país no registra contagios desde 1995, las autoridades sanitarias mantienen vigilancia epidemiológica permanente y refuerzan la vacunación como principal barrera para evitar la reintroducción del virus.
En ese contexto, el Ministerio de Salud ha aplicado más de 7 millones de dosis de vacuna contra el sarampión, estrategia que busca sostener la inmunidad colectiva en una población cercana a los 4 millones de habitantes. Panamá sigue los lineamientos d…
El plan nacional se desarrolla en respuesta a la alerta regional emitida por organismos internacionales ante el incremento de casos en el continente, fenómeno asociado a la disminución de coberturas de vacunación, la movilidad transfronteriza y brotes localizados en varios países.
Panamá ha intensificado acciones como vacunación intramuros y extramuros, campañas en aeropuertos, puertos y centros comerciales, así como la inmunización del personal que trabaja en puntos de contacto con viajeros, con el objetivo de reducir el riesgo de introducción del virus.
Entre las medidas destacadas se encuentra la oferta gratuita de la vacuna contra el sarampión a personas que solicitan el Certificado Internacional de Vacunación, generalmente asociado a la inmunización contra la fiebre amarilla.
Esta estrategia busca proteger a viajeros que se desplazan a destinos con circulación activa del virus, especialmente en el contexto del Mundial de Fútbol 2026, evento que incrementará la movilidad hacia países con reportes recientes de contagios.
A nivel regional, el repunte del sarampión se vincula con brotes registrados en países de América del Norte y América Latina, donde la reducción de la cobertura vacunal durante la pandemia de COVID-19 generó brechas de inmunidad.
Casos recientes detectados en Costa Rica evidencian la persistencia del riesgo en Centroamérica y la posibilidad de transmisión a través de viajeros, situación que mantiene en alerta a las autoridades sanitarias de la región.
En el escenario global, el sarampión continúa siendo una de las enfermedades infecciosas más contagiosas, con estimaciones que superaron los 9 millones de casos y más de 120 mil muertes en 2025, principalmente en regiones con sistemas de salud vulnerables.
Para 2026, organismos internacionales proyectan un aumento moderado de contagios si no se recuperan los niveles de inmunización previos a la pandemia, lo que ha motivado campañas masivas de vacunación y refuerzo en distintos países.
Síntomas
El sarampión se caracteriza por síntomas como fiebre alta, tos, secreción nasal, conjuntivitis y erupción cutánea, que aparecen tras un periodo de incubación de entre 7 y 14 días. La enfermedad puede derivar en complicaciones graves, incluyendo neumonía, encefalitis y desnutrición, especialmente en niños menores de cinco años y personas con sistemas inmunológicos debilitados.
La alta transmisibilidad del virus —capaz de permanecer en el aire durante varias horas— lo convierte en un patógeno de rápida propagación en comunidades con baja cobertura vacunal.
Panamá mantiene coberturas de inmunización históricamente elevadas, con niveles entre 80% y 94% en la primera dosis infantil, aunque las autoridades han señalado una leve reducción en la segunda dosis aplicada a los cuatro años.
En adultos, la vacuna se administra hasta los 64 años, con el propósito de reforzar la protección en grupos que podrían no haber completado el esquema o que requieren refuerzos ante viajes internacionales.
El Programa Ampliado de Inmunizaciones ha intensificado jornadas en empresas, ferias comunitarias y terminales de transporte, además de campañas informativas orientadas a viajeros. Estas acciones se complementan con la vigilancia epidemiológica que incluye monitoreo de casos sospechosos y protocolos de respuesta rápida ante eventuales importaciones del virus, con énfasis en la detección temprana y el aislamiento de contactos.
El repunte del sarampión en América Latina también se ha vinculado a la circulación del virus en países con cobertura vacunal inferior al umbral necesario para la inmunidad colectiva.
Entre los territorios que han reportado mayor incidencia se encuentran Estados Unidos, México, Brasil y Argentina, donde brotes focalizados han obligado a reforzar campañas de vacunación y vigilancia en zonas fronterizas y centros urbanos con alta movilidad.
Las autoridades sanitarias panameñas sostienen que la ausencia de casos autóctonos durante casi tres décadas es resultado del fortalecimiento del sistema de inmunización y la vigilancia epidemiológica. Sin embargo, el incremento de casos en la región mantiene el riesgo de importación, especialmente en un contexto de mayor movilidad internacional, lo que ha motivado la continuidad de campañas preventivas y la promoción de la vacunación como herramienta clave para evitar brotes en el país.