El 15 de febrero del 2023, una ruta hacia el norte terminó en una tragedia cuando un autobús que transportaba a migrantes, mayoritariamente haitianos, perdió el control y cayó en Los Planes de Gualaca, Panamá, dejando un saldo de 39 muertos y una sobreviviente que narra cómo su vida cambió para siempre. Destina Dosiere, de 49 años, es una de las 27 personas que lograron sobrevivir. Desde el albergue La Medalla Milagrosa, ubicado en David, a 85 kilómetros de la frontera con Costa Rica, convive con las secuelas físicas y emocionales del accidente más grave en la historia reciente de la migración en el país.
Tras cuatro cirugías y una fractura de pelvis diagnosticada como “de libro abierto grado tres”, Destina puede volver a caminar, aunque a veces necesita un bastón. Junto a ella está su hijo Guty, que recientemente cumplió 14 años y también salió ileso de la tragedia. Ambos reciben ayuda de familiares que residen fuera de Haití, lo que les permite afrontar su día a día mientras permanecen en Panamá.
El viaje truncado y el sueño migratorio
Los sobrevivientes, entre los que se encontraban migrantes de siete nacionalidades: Ecuador, Haití, Brasil, Cuba, Colombia, Venezuela y Camerún, habían atravesado la selva del Darién, una de las travesías más peligrosas de la región. Destina recuerda que, tras dejar atrás esa frontera natural entre Colombia y Panamá, el ambiente era de euforia y esperanza.
“Todos estábamos felices para continuar el camino del sueño americano. El día que subimos al bus estábamos muy felices por seguir. Estábamos contando los días para llegar hasta México y todo estaba bien. Recuerdo que mi hijo venía durmiendo en mis piernas. No noté nada extraño”, relató Destina a la agencia EFE mientras intentaba reconstruir ese último instante de normalidad antes del desastre.
A medida que el autobús avanzaba, Destina y su hijo se durmieron. Despertó solo cuando ya se encontraba en el suelo del vehículo siniestrado. Al intentar levantarse, descubrió que no tenía movilidad en la parte inferior del cuerpo y el dolor comenzó a hacerse insoportable. Las voces de auxilio y los gritos de otros pasajeros marcaron el caos de los primeros minutos tras el accidente.
El proceso de sanación fue extenso y marcado por la incertidumbre. Destina permaneció cerca de cinco meses hospitalizada, una etapa que parecía no tener fin y donde, según su propio testimonio, “todo indicaba que nunca volvería a caminar”. Recuerda que su hijo se acercó caminando y le preguntó si estaba bien, a lo que ella respondió afirmativamente, a pesar de su grave estado.
Un médico le señaló la magnitud de su recuperación con palabras que no olvida: “Destina, tú eres un milagro de Dios”, frase que resume la sorpresa ante una mejoría que parecía improbable.
Desde su llegada al albergue en David, Destina relata que enfrenta una vida completamente distinta, lejos de lo que había planeado. Su deseo ahora es reunir a su familia y comenzar de nuevo.
Un pasado perdido y un futuro por definir
Antes de emprender la ruta migratoria, Destina vivió una década en Brasil, donde trabajó en una empresa de enlatados y luego abrió un negocio de pasteles y empanadas. El motivo de su viaje hacia Norteamérica era emprender nuevamente y buscar un futuro para ella y su hijo, un proyecto que compartía con el amigo que la acompañó en el trayecto pero perdió la vida en el accidente.
Durante los meses postrada en la cama del hospital, solo pensaba en volver a caminar. Ahora, con la movilidad recuperada pese a las secuelas, su mayor anhelo es dejar atrás el dolor y las pérdidas para reconstruir su proyecto de vida.
Las historias personales detrás de la tragedia de Los Planes de Gualaca siguen resonando en Panamá, advirtiendo sobre los riesgos que asumen quienes buscan un mejor destino, a menudo enfrentando peligros y poniendo en pausa sueños que quedan atados a una tierra inesperada.