El Gobierno de Panamá presentó un plan de licitaciones eléctricas de largo plazo que busca reforzar la seguridad del suministro, reducir la exposición del sistema al mercado ocasional y avanzar hacia un esquema de precios más estables para los usuarios.
La estrategia contempla cuatro procesos de contratación entre 2026 y 2028 y combina nueva generación renovable, contratos para plantas existentes y el uso planificado de respaldo térmico, bajo la coordinación de la Empresa de Transmisión Eléctrica (ETESA), con aprobación del regulador y alineado a la política pública definida por la Secretaría de Energía.
Según explicó el secretario de Energía, Rodrigo Rodríguez, el objetivo central es disminuir la dependencia del mercado spot o mercado ocasional, un segmento del sistema eléctrico donde la energía se compra y se vende en el corto plazo, generalmente día a día, y cuyos precios dependen de la oferta y la demanda del momento.
En condiciones normales, este mercado permite balancear el sistema, pero cuando hay escasez de agua, aumento del consumo o fallas operativas, los precios pueden subir con rapidez y trasladar esa volatilidad a las tarifas finales. La apuesta del Gobierno es sustituir parte de esa exposición por contratos de largo plazo, con precios fijos y previsibles.
El cronograma prevé dos licitaciones en 2026, una en 2027 y otra en 2028. La primera, identificada como licitación 01-25 y prevista para marzo, contempla contratos de hasta veinte años para proyectos nuevos de generación renovable, principalmente eólicos e hidroeléctricos.
Para plantas existentes, los contratos serán de diez años tanto en energía como en potencia, y se incluye un bloque especial de doce años destinado a la reconversión de plantas térmicas, con el propósito de contar con respaldo suficiente y flexible ante eventos imprevistos del sistema.
Además, se permitirá que plantas térmicas que no entren en procesos de reconversión puedan aportar respaldo operativo bajo condiciones reguladas, como parte del esquema de seguridad del suministro.
La estrategia se apoya en la estructura actual del sistema eléctrico panameño, que cuenta con una capacidad instalada cercana a los 4,500 megavatios y una demanda promedio que ronda entre 1,400 y 1,500 megavatios, dependiendo de la época del año y el comportamiento económico.
Esta diferencia entre capacidad y demanda ha permitido al país operar con márgenes de seguridad y, en algunos momentos, incluso generar excedentes exportables.
Sin embargo, el crecimiento sostenido del consumo, la mayor electrificación de actividades productivas y el impacto de eventos climáticos extremos han llevado a las autoridades a reforzar la planificación de mediano y largo plazo.
Generación hidroeléctrica domina la matriz energética
En términos de matriz energética, Panamá sigue dependiendo principalmente de la generación hidroeléctrica, que es la mayor fuente de electricidad del país.
En períodos favorables, las fuentes renovables han llegado a cubrir casi la totalidad de la demanda interna, con la hidroelectricidad como pilar del sistema, complementada por energía solar y eólica.
En los últimos años también ha crecido con fuerza la generación solar distribuida, con miles de usuarios residenciales, comerciales e industriales que aportan capacidad al sistema, aunque su peso todavía es menor frente a las grandes centrales hidroeléctricas.
Este crecimiento de las renovables ha mejorado el perfil ambiental del sistema, pero también ha puesto de relieve la necesidad de contar con respaldo firme.
La generación hidroeléctrica depende del régimen de lluvias, mientras que la solar y la eólica son intermitentes por naturaleza. En ese contexto, el respaldo térmico planificado cumple un rol clave para garantizar continuidad y estabilidad, especialmente en momentos de alta demanda o baja disponibilidad de fuentes renovables.
El plan de licitaciones también se inserta en un entorno regional cada vez más integrado. Panamá forma parte del Sistema de Interconexión Eléctrica de los Países de América Central (SIEPAC), que permite la compra y venta de energía entre los países de la región a través del Mercado Eléctrico Regional.
Esta interconexión ha facilitado intercambios de electricidad en momentos de excedentes o déficits, fortaleciendo la seguridad energética regional y ofreciendo una válvula de ajuste adicional al sistema panameño.
A ese esquema se suma el proyecto de interconexión eléctrica con Colombia, que busca conectar a Panamá con el sistema sudamericano y ampliar las opciones de intercambio energético.
Aunque se trata de un proyecto de largo aliento, su desarrollo es visto como estratégico para diversificar fuentes, mejorar la resiliencia del sistema y potenciar el rol de Panamá como nodo energético regional.
No obstante, las autoridades han sido claras en que la prioridad del plan de licitaciones es atender la demanda interna y garantizar estabilidad para los usuarios locales.
Rodríguez insistió en que el diseño de los procesos responde a criterios técnicos y regulatorios, con reglas uniformes y sin adaptaciones coyunturales.
El enfoque, señaló, es reducir la exposición a precios altos y variables mediante energía a precio fijo, sin indexaciones, y con respaldo térmico planificado. En ese marco, aclaró que la exportación de energía no es el objetivo principal del plan y que cualquier excedente solo podría destinarse a mercados externos una vez cubierta la demanda nacional.