Desde que finalizó la convertibilidad, la inflación volvió a ser un problema permanente en la Argentina. El Gobierno festeja que se crearon casi medio millón de puestos de trabajo informales, pero esa no es una solución ni siquiera transitoria.
Con tasas de variación de precios que amenazaban con desembocar en una megainflación o hiperinflación, cualquier discusión sobre crecimiento, inversión o productividad quedaba relegada a un segundo plano.
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El Gobierno de Javier Milei logró reducir la tasa de inflación heredada, aunque todavía sigue siendo alta. Tomando el Índice de Precios al Consumidor (IPC), el último dato, que fue del 1,7%, proyecta una inflación anual del 22,4% y acumula en los últimos doce meses un aumento del 33,5 por ciento.
No obstante, como mínimo, todavía tenemos una inflación que es ocho veces mayor que la de Uruguay, Chile y Brasil, y aún más alta que la de Paraguay.
De todos modos, tener menor inflación no significa que sea condición suficiente para crecer.
Los últimos datos del nivel de actividad empiezan a mostrar con mayor claridad dónde está el nuevo desafío. Según el Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec), en el segundo trimestre de 2026 el PBI cayó 0,6% respecto del trimestre anterior en términos desestacionalizados, aunque todavía registró un crecimiento interanual del 2 por ciento. El consumo privado retrocedió 2,4% frente al trimestre anterior y la inversión disminuyó 0,8 por ciento.
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Se sabe que los países crecen con inversiones y que las inversiones llegan cuando hay baja inflación que permite hacer cálculo económico
Se sabe que los países crecen con inversiones y que las inversiones llegan cuando hay baja inflación que permite hacer cálculo económico, pero también tiene que haber seguridad jurídica, previsibilidad en las reglas de juego y un horizonte político que permita vislumbrar la continuidad de políticas públicas cualquiera sea el gobierno que gane las próximas elecciones.
Esos datos también muestran que la inversión lleva dos trimestres consecutivos en caída. En el primer trimestre disminuyó el 12% respecto al primer trimestre de 2025 y en el segundo trimestre bajó el 11,1 por ciento respecto al mismo período de 2025.
Estos datos incluyen a Vaca Muerta y la minería, lo que deja en claro que, por ahora, ni estos sectores estrella tienen un caudal de inversiones que genere más empleo y mejores salarios.
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Una economía no puede mantener durante mucho tiempo un proceso de estabilización basado únicamente en el orden fiscal y monetario. En algún momento tiene que aparecer la inversión privada que permita aumentar la productividad, generar empleo y elevar el ingreso real.
Una economía no puede mantener durante mucho tiempo un proceso de estabilización basado únicamente en el orden fiscal y monetario
Hay otro dato que es clave: el deterioro en la calidad del crédito. Según el último informe monetario del Banco Central de la República Argentina (BCRA), la irregularidad de los préstamos a las familias alcanzó el 12,9% en julio, frente al 12,8% de junio. Un año antes estaba en 5,6 por ciento. En los préstamos personales, la mora llegó al 16,7 por ciento.
Estos números muestran que una parte de las familias está teniendo crecientes dificultades para hacer frente a las obligaciones que asumieron.
La economía argentina necesita pasar de un programa solo destinado a estabilizar la macroeconomía a otro que, preservando esa estabilidad, genere las condiciones para una fuerte expansión de la inversión privada.
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Y en este punto se presenta otro debate.
Desde el Gobierno se argumenta que las empresas cierran porque son ineficientes al abrirse la economía. Ya no tienen mercado cautivo.
Como soy un ferviente defensor de la apertura de la economía, el paso previo a la apertura económica debería ser la liberación del mercado de cambios, la reducción de impuestos, la reforma laboral y la baja de costos de transporte.
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Desde el Gobierno se argumenta que las empresas cierran porque son ineficientes al abrirse la economía
Según datos del Observatorio de Empleo y Dinámica Empresarial (OEDE), dependiente del Ministerio de Capital Humano, entre fines de 2023 y fines de 2025, entre las empresas que abrieron y las que cerraron quedó un saldo neto negativo de 27.154 empresas.
El Gobierno dice que es porque son ineficientes y no saben competir con los productos importados.
Sin embargo, si se observan los cierres netos por sectores, la industria está en el puesto seis dentro de las diez que más cierres netos tienen. La mayoría corresponde a sectores de servicios.
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Los sectores que más empresas cerraron en términos netos tienen que ver con los servicios. En los países desarrollados, los servicios representan el 60% del PBI y los puestos de trabajo se generan en ese sector.
Pero el dato relevante es que la apertura de la economía afecta a la industria, aunque este sector está en el sexto lugar en cierre neto de empresas. El problema es otro, y tiene que ver con el atraso del tipo de cambio, dado que no existe un mercado de cambios libre, además de la caída del salario real y la pérdida de puestos de trabajo.
El Gobierno dice que los 247.000 puestos de trabajo menos en el sector formal de la economía fueron más que compensados con la creación de puestos en el mercado informal y que el salario informal está volando.
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El problema es otro, y tiene que ver con el atraso del tipo de cambio, dado que no existe un mercado de cambios libre, además de la caída del salario real y la pérdida de puestos
Sin embargo, el dato relevante es que el salario informal es casi la mitad del salario formal, de acuerdo con la última Encuesta Permanente de Hogares (EPH) del Indec.
Sobre 9,7 millones de asalariados, la remuneración promedio es de $1.136.558, que se desagrega en $1.375.143 para los que tienen descuento jubilatorio y $731.150 para los que no lo tienen.
Los que tienen descuento jubilatorio están en el sector formal de la economía, y los que no lo tienen pertenecen al sector informal. Como se puede ver, el salario informal puede estar volando, pero el último dato muestra que un asalariado informal gana la mitad que uno formal, con el agravante de que no tiene obra social ni aporte jubilatorio, aunque a decir verdad el tema jubilatorio es una estafa en la Argentina.
El salario informal puede estar volando, pero el último dato muestra que un asalariado informal gana la mitad que uno formal
Así, a pesar de haber bajado la inflación y de contar con las joyas de Vaca Muerta y la minería, todavía falta un largo camino por recorrer en términos de estabilidad económica, crecimiento, más puestos de trabajo y mejores salarios reales.
El tema es si la gente aguanta seguir soportando el ajuste sin ver frutos de mejora personal en el horizonte.
Si se diera este caso, el riesgo que se corre es que errores de implementación de política económica pavimenten el camino para que vuelva el populismo K, o que tengamos la suerte de que surja una tercera fuerza de centro derecha que encamine el proceso de estabilización y crecimiento.
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