Agregar Infobae enGoogle

La conversación entre Milei y Maquiavelo

Faltan 14 meses para un referéndum sobre esta gestión. Y hay un auditor disponible, de trayectoria tan extensa como peliaguda, que podría darle algo de luz al jefe de Estado.

Una caricatura sitúa a Javier Milei en un debate político junto al filósofo Nicolás Maquiavelo. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Las últimas semanas dejaron una fila de números en la misma dirección. En silencio, le avisan al Gobierno de una crisis que pareciera no encontrar piso

Opina Argentina relevó esta semana que el 60% cree que su situación personal va a empeorar, siete puntos más que hace un mes y el peor registro desde el final del gobierno de Alberto Fernández. Casi la mitad no llega a fin de mes.

Giacobbe & Asociados lo ubica en 57,2% de imagen negativa, cuando en mayo de 2024 tenía 58,7% de positiva. Y QSocial Big Data agregó el dato que ordena a todos. El 63% cree que el Gobierno no puede resolver los problemas del país y un récord del 73% cree que gobierna solo para algunos.

PUBLICIDAD

Ese 73% es la elección de 2027 escrita con anticipación. No dice que le vaya mal. Dice que no es para ellos.

Faltan catorce meses para un referéndum sobre esta gestión. Y hay un auditor disponible, de trayectoria tan extensa como peliaguda, que podría darle algo de luz al jefe de Estado.

En Davos, el 21 de enero, Milei abrió su discurso anunciando que Maquiavelo ha muerto. Pero enterró al equivocado. Ese Nicolás Maquiavelo que separa la moral de la política y aconseja manipular no existe fuera de los manuales de secundaria. El verdadero fue funcionario republicano durante 14 años y escribió los discursos para defender el gobierno mixto y los contrapesos.

PUBLICIDAD

Imaginemos la mesa. Dos cafés y el florentino que abre por la peor puerta. La plata.

Le recuerda el capítulo XV, donde avisa que no habla de las cosas imaginadas sino de la verdad efectiva de las cosas. Un índice de precios no es la verdad efectiva de un hogar. Hoy son las cuotas vencidas.

Según el Banco Central, la mora de las familias llegó al 12,8% en junio, tras diecinueve meses de suba. Un año antes era 3,7% y desde 2010 nunca había superado el 5,1%. Zentrix le pone rostro. El 61,9% se endeudó en los últimos seis meses, la mayoría porque el sueldo no alcanzaba. El país se financió con tarjeta.

Maquiavelo cierra el tema con el capítulo XVII. Un príncipe puede ser temido, jamás odiado. Por eso debe abstenerse de tocar los bienes de sus gobernados. Ninguna ofensa se perdona menos que la del bolsillo.

Milei se levanta antes de que termine y pone la inflación sobre la mesa. Del 211,4% en 2023 al 31,5% en 2025, la caída más veloz en décadas. Y después lo cita a favor. En los discursos, Maquiavelo sostiene que las peleas entre la plebe y el senado no debilitaron a Roma, la volvieron grande.

Pelearse no es un defecto de carácter, puede ser un método.

Por eso el florentino le concede el punto y hace la distinción que cambia todo. En Roma el conflicto tenía cauce, tribunos, leyes, magistraturas, y servía porque corría por adentro.

Y Milei tiene ese cauce. Hizo votar el Presupuesto, consiguió la Ley Laboral y esta semana ganó en Diputados, con 67 pliegos aprobados en el Senado. El problema está en el otro tablero. Desde febrero todas las consultoras marcan la misma bajante, incluso entre quienes van a seguir votándolo.

Ganar adentro mientras se pierde afuera es gastar el cauce cuando más lo va a necesitar.

Pasan al globo terráqueo, que fue su oficio, y arranca elogiando al león. El capítulo XXI dice que un príncipe se hace estimar mostrándose amigo o enemigo verdadero, porque el neutral termina despreciado por los dos bandos. Eso es el alineamiento con Washington, que en 2025 le salvó el programa.

El golpe llega con el XIII. Las tropas auxiliares, las que presta un poder más fuerte, son las más peligrosas. Si pierden, quedás deshecho. Si ganan, quedás preso.

Esta semana el representante comercial adjunto de Estados Unidos se sentó con Quirno y Caputo, elogió la transformación fiscal y pidió ratificar el acuerdo bilateral. Puede ser una gran noticia. ¿Cuáles serán las condiciones? Un intercambio es, en definitiva, eso: un intercambio.

Queda la lección que le costó el exilio. Italia no cayó por débil, cayó por dividida. Cada príncipe que llamó a un extranjero para ganarle al vecino terminó entregando todo.

Alinearse con el fuerte de afuera y romper con el de al lado es la misma jugada dos veces. Milei viajó a Brasil a tratar a Lula de ladrón y presidiario junto al opositor Flávio Bolsonaro. Brasil vota el 4 de octubre y el resultado no depende de él.

Llega el último tramo y Maquiavelo baja la voz.

Un Estado apoyado en la virtud de un solo hombre es frágil, porque una república se adapta mejor al tener muchos ciudadanos entre quienes elegir. Y este gobierno no cuenta con nadie más. La Universidad de San Andrés midió a once funcionarios del Ejecutivo y ninguno con saldo favorable. Lo dejaron solo. La historia del poder ultra presidencialista argentino se repite.

Milei contesta que ese fue siempre el diseño. Lo eligieron a él, no a un partido, y el desgaste no encontró beneficiario. Pero ahí se abre una ventana. Un informe de esta semana calcula que cerca del 40% rechaza al mileísmo y al peronismo por igual. No vuelven, no se resignan y no tienen a quién votar.

Y el Presidente repite que no vino a armar un partido sino a cambiar una cultura. Un Estado hypeado del posthumanista, que ve en los LLM, que desconoce, la ventana al futuro presente.

El italiano se queda pensando. Porque él escribió doscientas páginas sobre lo que pasa cuando un poder confía su suerte a fuerzas que no controla.

Nostálgico, Maquiavelo mira por la ventana del lugar y recuerda su despacho junto a lo último que vio antes del exilio. El David.

Y el tema estaba robado. Los David de Donatello y Verrocchio eran encargos de los Medici y vivían en el patio del palacio de los banqueros. Miguel Ángel lo agrandó a cinco metros y en 1504 lo plantaron frente al Palacio de la Señoría, mirando hacia Roma, donde los Medici esperaban con un cardenal moviendo los hilos.

Una advertencia con dirección postal, firmada por dos hombres que trabajaban por una república libre. Uno con el cincel, el otro con la pluma. Pero los Medici regresaron igual, en 1512. La República cayó. A Maquiavelo lo echaron, lo acusaron de conspirar y lo torturaron.

El David siguió en la plaza. Porque los hombres pasan, incluso los que ganan. Queda lo que se construyó o destruyó.

Maquiavelo murió en 1527, sin trabajo y desprestigiado, y la Iglesia prohibió sus obras. Doscientos sesenta años después, su querida Florencia pagó su tumba con una colecta pública. Está en la Santa Croce, basílica franciscana. El autor prohibido, en la casa de la orden de la pobreza.

La inscripción no la eligió él. La escogió el pueblo que cargaba su memoria en el corazón. “Tanto nomini nullum par elogium” (“Ningún elogio está a la altura de semejante nombre”, por su traducción al español).

PUBLICIDAD