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Argentina necesita una estrategia de Inteligencia Artificial

La iniciativa sugiere elegir cada año entre 10 y 20 desafíos medibles y convocar a universidades, startups y organismos públicos, con compras por resultados, créditos de cómputo y sandboxes regulatorios

Guste o no, la IA se convierte en una cuestión de Estado. Estados Unidos, China, los países del Golfo y las principales economías asiáticas están tomando decisiones estructurales sobre cómputo, energía, datos y talento. La "Argentina eligió temprano atraer la frontera tecnológica a nuestro territorio. Pero atraer la IA es la mitad de la tarea; la otra mitad es usarla", señala Regazzoni (Imagen Ilustrativa Infobae)

La inteligencia artificial transforma empleos, empresas y profesiones, pero falta una instancia concreta de gestión dentro del Estado. Esto abre una pregunta: si existiera un responsable nacional de IA, ¿qué función tendría? La respuesta menos interesante sería otro ministerio tecnológico;** sin claridad en los resultados esperables sería contraproducente. Tampoco otra agencia regulatoria. Regular antes de comprender, en este caso nos llevaría a actuar por temor. Lo que falta es una capacidad que el Estado argentino no posee: organizar el uso público de la IA para aumentar comprensión, anticipación y poder de decisión en función del bien común.

Guste o no, la IA se convierte en una cuestión de Estado. Estados Unidos, China, los países del Golfo y las principales economías asiáticas están tomando decisiones estructurales sobre cómputo, energía, datos y talento. La Argentina eligió temprano atraer la frontera tecnológica a nuestro territorio. Pero atraer la IA es la mitad de la tarea; la otra mitad es usarla.

El presidente Javier Milei junto a Demian Reidel propusieron su teoría sobre escala mínima viable. Si el crecimiento moderno está gobernado por rendimientos crecientes, el tamaño y la capacidad de una economía determinan si prospera o se apaga. Pero en esta era, la escala mínima viable no es solo económica, sino también epistémica. Una nación que no comprende sus propios datos decide con información incompleta, arranca en seria desventaja, gasta mal, y pierde productividad. Y la inteligencia artificial sería un enorme potenciador de rendimientos crecientes. El poder de esta tecnología consiste en su capacidad de transformar información, en predicciones, recomendaciones y decisiones (es decir inferencia) a escala industrial. Y la verdadera pregunta para nosotros será entender cómo apoyarnos en ella para prosperar en libertad. Es en este contexto que cobra relevancia la inquietud por una estrategia nacional de la IA; para fortalecer la capacidad pública de decisión.

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Carlos Regazzoni

A hombros de gigantes

Soberanía no significa pretender fabricar en la Argentina lo que producen OpenAI, Google o los grandes laboratorios chinos. La mejor estrategia para un país de nuestras dimensiones será construir a partir de ellos, las capacidades inferenciales propias. Necesitamos desarrollar aquello que ningún laboratorio extranjero podrá hacer por nosotros: modelos adaptados a nuestros problemas, instituciones capaces de utilizarlos, datos públicos de calidad y una arquitectura nacional para convertir información en mejores decisiones para el desarrollo.

Una estrategia nacional sobre IA debería centrarse en aumentar la capacidad del Estado y de la sociedad argentina para convertir datos en mejores decisiones ayudados por la inteligencia artificial, preservando la responsabilidad humana, el control republicano y la soberanía. Tendría que ser transversal a toda la Administración Pública y articular con universidades, empresas y sistema científico en dirección de la mayor adopción posible de IA. El proyecto de gemelo digital social va en esta dirección. Consideremos ahora seis misiones.

Primera misión: Mapa Nacional de Decisiones Públicas optimizables por IA

Antes de comprar un solo modelo habría que identificar dónde decide el Estado. ¿Cómo se determinan prioridades sanitarias? ¿Cómo se decide una prestación? ¿Dónde se inspecciona una empresa? ¿Cómo se decide reparar una ruta? ¿Dónde se identifica una familia vulnerable? ¿Dónde se asigna una vacante? El Mapa de Decisiones Públicas identificaría los sitios donde la IA podría informar, anticipar, recomendar o automatizar alguna parte del proceso.

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No todas las decisiones pueden delegarse de la misma manera; se requieren niveles de delegación: organizar información, recomendar acciones, priorizar alternativas, ejecutar políticas o desarrollar autonomía operacional. Todo dependerá de la convivencia de principios republicanos y soluciones tecnológicas disponibles.

Segunda misión: el Estado como primer usuario de IA

El Estado argentino debe convertirse en el primer gran usuario de inteligencia artificial, y en un cliente exigente. Cada año podrían seleccionarse diez o veinte desafíos nacionales mensurables y convocar a universidades, startups, empresas y organismos públicos a resolverlos: reducir abandono escolar, anticipar demanda hospitalaria, detectar fraude, prevenir inundaciones, mejorar compras públicas, reducir tiempos administrativos o identificar deterioros de infraestructura. El Estado plantea el problema y paga por resultados; el mercado produce la solución innovadora.

El Estado debería crear las condiciones para que aparezcan actores privados. Universidades, CONICET, startups y empresas deberían poder concursar por challenge grants, créditos de cómputo, sandboxes regulatorios y contratos de compra pública. Esto potenciaría un mercado interno de innovación.

Tercera misión: Red Federal de Inferencia Pública

La Argentina necesita garantizar acceso distribuido a capacidad computacional e inferencial. Serviría una Red Federal de Inferencia Pública: infraestructura nacional y regional de cómputo, universidades, centros científicos y capacidad privada interconectados bajo estándares comunes. Gobiernos, hospitales y universidades podrían acceder mediante esa red a cómputo, modelos, almacenamiento seguro y herramientas de IA que individualmente no podrían financiar. Esto creará escala e igualará el acceso de las jurisdicciones a las potencialidades de la IA.

Cuarta misión: Estado que anticipa

La información no debe servir para describir el pasado, sino para anticipar. El INDEC podría tener un proyecto especial de inteligencia demográfica; el Servicio Meteorológico podría modelar sequías, inundaciones e incendios; y el Ministerio de Salud podría desarrollar vigilancia epidemiológica inteligente o estimar la demanda futura de insumos. El salto institucional consiste en pasar a estimar responsablemente futuros posibles antes de decidir.

Quinta misión: monitoreo de la frontera tecnológica

La velocidad de la innovación obliga a abandonar la lógica administrativa convencional. El país necesita un Monitor Nacional de Innovación en IA, dedicado a identificar nuevos modelos, técnicas, arquitecturas, riesgos, aplicaciones y cambios económicos. No podemos regular en 2028 la tecnología que conocíamos en 2026.

Sexta misión: agenda de atracción

Inversión en centros de datos, energía de Vaca Muerta y nuclear, capital de frontera y la agenda de adopción son dos caras de la misma moneda. Si el país logra exportar energía convertida en inteligencia, que a su vez usa para volver al propio Estado más eficiente, cierra un círculo virtuoso.

Salvar la República

Siguiendo a Montesquieu, para que libertad y poder coexistan, este debe dividirse. Los sistemas algorítmicos utilizados por el Estado deben ser vigilados, tener mecanismos de apelación y una comisión permanente del Congreso ante la cual comparecer regularmente.

Además, así como el principio de subsidiariedad procura que las decisiones se adopten en el nivel más próximo posible a las personas afectadas, podríamos hablar de subsidiariedad inferencial: ninguna comunidad debería entregar a una instancia superior o distante toda la capacidad de comprender los datos sobre los cuales toma sus decisiones. Un gobierno, una universidad o un hospital, necesitan acceso al cómputo, a sus datos y a los modelos para comprender, cuestionar y corregir las inferencias que los afectan.

La Argentina hoy no necesita fabricar el próximo GPT para beneficiarse de esta revolución. Necesita población educada, universidades conectadas con la frontera tecnológica, empresas innovadoras, infraestructura computacional, datos utilizables y un Estado que sepa plantear problemas y adquirir soluciones. Nuestra ventaja estará en aprender antes que otros países comparables a utilizar modelos extraordinariamente poderosos para resolver problemas reales de desarrollo. La pregunta argentina debería ser: ¿qué país podríamos construir si utilizáramos esta extraordinaria capacidad para decidir mejor? Y la estrategia nacional de inteligencia artificial debería comenzar por responderla. El objetivo final no es tener más IA, sino construir una sociedad capaz de florecer gracias a ella.

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