Hay una diferencia entre estar en un país y ser parte de él.
Después de más de ocho décadas en la Argentina, Coca-Cola es parte de una trama productiva que se construye todos los días y en todo el territorio. Está en las plantas donde producimos, en las economías regionales donde compramos nuestros insumos y en los comercios de barrio que forman parte de la vida cotidiana de millones de argentinos.
Esa presencia tiene una escala que muchas veces no se ve detrás de una bebida.
Hoy, el Sistema Coca-Cola cuenta con 12 plantas de producción y 92 centros de distribución, desde los que llegamos a cada rincón del país. Nuestros productos se comercializan en 264.000 comercios, y nueve de cada diez de nuestros clientes son pequeños negocios de barrio. Son almacenes y kioscos que conocemos, que generan empleo y que sostienen buena parte de la actividad económica de sus comunidades.
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Nuestra actividad aporta USD 4.300 millones a la economía argentina, equivalentes al 0,7% del PIB nacional
Pero nuestra presencia en la Argentina empieza mucho antes de que una bebida llegue a una heladera.
Cada año adquirimos cerca de USD 260 millones en insumos producidos localmente y somos uno de los principales compradores de jugos y derivados de fruta del país.
Son vínculos que conectan nuestra actividad con distintas regiones productivas argentinas y que se sostienen a lo largo del tiempo.
Cuando uno mira el conjunto, la dimensión es todavía mayor.
Según el Estudio de Impacto Socioeconómico realizado por Steward Redqueen, la cadena de valor del Sistema Coca-Cola involucra a más de 150.000 personas. Es decir, uno de cada 310 argentinos trabaja directa o indirectamente dentro de este ecosistema productivo.
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El mismo estudio estima que nuestra actividad aporta USD 4.300 millones a la economía argentina, equivalentes al 0,7% del PIB nacional.
Cuando pensamos en nuestro impacto, no lo pensamos solamente en términos de cuánto producimos o vendemos
Los números ayudan a dimensionar el impacto. Pero para mí hay algo más importante detrás de ellos: muestran hasta qué punto el crecimiento de una empresa puede estar conectado con el crecimiento del país.
Porque producir en la Argentina también implica elegir proveedores argentinos, desarrollar relaciones de largo plazo y generar oportunidades allí donde operamos. Significa que detrás de cada planta hay una comunidad; detrás de cada insumo, una economía regional; y detrás de cada producto que llega a una mesa, hay trabajo argentino.
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Esa es quizás la parte de nuestra historia que menos se conoce.
Y es justamente lo que buscamos hacer visible: el impacto que va mucho más allá de elaborar bebidas y, sobre todo, las personas que lo hacen posible todos los días.
La empresa está presente en la Argentina desde hace más de 80 años. Atravesamos distintas etapas del país, seguimos produciendo, invirtiendo y adaptándonos, y construimos una relación que ya forma parte de nuestra propia identidad.
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Por eso, cuando pensamos en nuestro impacto, no lo pensamos solamente en términos de cuánto producimos o vendemos. Lo pensamos en cuánto valor somos capaces de generar alrededor nuestro y en la posibilidad de que ese valor llegue cada vez más lejos.
Ser parte de la Argentina también significa contribuir, todos los días, a construir el país que queremos.
La autora es Directora Senior de Asuntos Públicos, Comunicación y Sustentabilidad de Coca-Cola para Argentina y Uruguay
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