Argentina 2026 deja atrás el juego fácil de la renta

La adaptación empresarial exige inversiones, transformación digital y redefinición estratégica en un marco de alta presión tributaria, regulaciones complejas y necesidad de fortalecer la infraestructura para competir globalmente

Durante años, el mercado interno funcionó bajo un esquema donde la inflación elevada, las restricciones cambiarias y una política comercial cerrada generaban un entorno en el que la rentabilidad no dependía tanto de la eficiencia o la competencia, sino de capturar una renta implícita (Imagen Ilustrativa Infobae)

La economía ingresa en una transición profunda: cambia la lógica de generación de rentabilidad. Durante años, el mercado interno funcionó bajo un esquema donde la inflación elevada, las restricciones cambiarias y una política comercial cerrada generaban un entorno en el que la rentabilidad no dependía tanto de la eficiencia o la competencia, sino de capturar una renta implícita.

El mercado argentino operaba, en términos metafóricos, como si se jugara al “El Estanciero”: quien tenía activos, stock o posición dominante, ganaba casi por inercia. Ahora, ese escenario da paso a uno distinto, donde la lógica se asemeja al “Monopoly”: triunfan quienes gestionan mejor, invierten, innovan y logran eficiencia sostenida. Así, la rentabilidad deja de ser un subproducto de la macroeconomía y pasa a ser una construcción microeconómica.

Las reglas han cambiado. Con la apertura comercial, el aumento de la competencia y consumidores más exigentes, en un contexto de salario real deteriorado y alta morosidad en tarjetas, créditos personales, prendarios y fintech, el mercado ya no premia la mera tenencia de activos, sino la capacidad para adaptarse.

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La rentabilidad deja de ser un subproducto de la macroeconomía y pasa a ser una construcción microeconómica

Como argumentaba el economista austríaco Friedrich Hayek, el sistema de precios en mercados competitivos funciona como un mecanismo de información que obliga a las empresas a ajustarse constantemente. En sistemas cerrados, esa señal se distorsiona; en abiertos, se vuelve ineludible.

Milton Friedman, Nobel de Economía estadounidense, sostenía que la competencia mejora la eficiencia y protege al consumidor disciplinando márgenes y evitando abusos. Mejorar el consumo masivo y las ventas minoristas ahora requiere más que la recuperación del ingreso: demanda una transformación empresarial profunda. Se pueden identificar seis claves estratégicas:

Milton Friedman, Nobel de Economía estadounidense, sostenía que la competencia mejora la eficiencia y protege al consumidor disciplinando márgenes y evitando abusos
  • Precios inteligentes y financiamiento selectivo: Con los consumidores más restringidos, la elasticidad precio adquiere un papel central. Las empresas deberán dejar atrás la lógica de remarcar precios por inflación y avanzar hacia esquemas de precios dinámicos, promociones segmentadas y financiamiento estratégico. El objetivo no es vender más barato, sino vender mejor.
  • Productividad como condición de supervivencia: La baja de tasas es una señal positiva, pero el crédito continúa elevado respecto al Producto Bruto Interno. Mejorar la productividad resulta imprescindible: implica revisar procesos, automatizar, eliminar ineficiencias y ganar escala. Michael Porter, profesor emérito de la Universidad de Harvard, advertía que la competitividad procede de la capacidad de innovar y mejorar, no de la protección estatal.
  • Calidad y diferenciación frente a importados: La apertura comercial suma jugadores que suben la vara. Las empresas locales deben competir en precio, pero también en calidad, diseño y experiencia. Esto implica inversiones, pero sobre todo un cambio cultural: pasar de vender lo que se produce a producir lo que el consumidor realmente demanda.
Las empresas deberán dejar atrás la lógica de remarcar precios por inflación y avanzar hacia esquemas dinámicos, promociones segmentadas y financiamiento estratégico
  • Logística y distribución como ventaja competitiva: En un país con déficits estructurales de infraestructura, optimizar la logística puede generar una fuente clave de eficiencia. Reducción de tiempos, mejora en la última milla, integración de canales físicos y digitales, resulta relevante en un contexto de márgenes más exigentes.
  • Capital humano y transformación digital: El cambio tecnológico global redefine el mundo empresarial. Erik Brynjolfsson, profesor del MIT, ha enseñado que las empresas más exitosas son aquellas que conjugan tecnología y talento humano. No basta con digitalizar procesos: es crucial contar con equipos capaces de interpretar datos, adaptarse con agilidad y tomar decisiones rápidamente.
  • Foco estratégico y redefinición del negocio: En muchos casos, las empresas deberán repensar su posición en la cadena de valor. Ya no será eficiente abarcar todo el proceso productivo. Especialización, tercerización inteligente y enfoque en nichos pueden significar la diferencia entre permanecer o desaparecer.

Cambio de escenario

El modelo previo, basado en alta inflación, restricciones externas y protección, generaba una sensación de rentabilidad sostenida, pero esa rentabilidad no era producto de la competitividad, sino de distorsiones originadas en el esquema macroeconómico.

El modelo previo, basado en alta inflación, restricciones externas y protección, generaba una sensación de rentabilidad sostenida (Foto: Reuters)

El nuevo escenario exige competir. Y competir implica márgenes más bajos, pero genuinos; requiere inversión, innovación y asumir riesgos. Joseph Schumpeter, referente de la teoría del desarrollo económico, definía al capitalismo como un proceso de “destrucción creativa”, en el que las estructuras menos eficientes son desplazadas por otras más dinámicas.

El desafío argentino presenta condiciones propias: la transición afronta altos costos locales, presión tributaria significativa, regulaciones complejas y una infraestructura rezagada en transporte y comunicaciones. Esta situación genera tensión: se demanda competir globalmente con una coyuntura local que no acompaña todavía en todos sus aspectos.

Joseph Schumpeter definía al capitalismo como un proceso de “destrucción creativa”, en el que las estructuras menos eficientes son desplazadas por otras más dinámicas

Por eso, se entiende la apertura y la reforma estructural como un proceso de transición, no como un destino final. El fortalecimiento de la competitividad -mediante reducción de impuestos distorsivos, simplificación regulatoria y mejoras en infraestructura- será central para consolidar el cambio de paradigma. El sector privado, entre tanto, no dispone de margen para postergar la adaptación.

Peter Drucker, referente ineludible en management, sostenía: “La mejor forma de predecir el futuro es crearlo”. En Argentina de 2026, crear el futuro demanda abandonar la lógica de la renta y adoptar la lógica de la generación de valor. El paso de “El Estanciero” al “Monopoly” implica mucho más que un reemplazo de reglas: constituye un cambio profundo de mentalidad y construye el marco en que se definirá el crecimiento de los próximos años.

El autor es Analista Económico y director de Focus Market

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