La visión de Kevin Warsh y los desafíos de la política monetaria en Estados Unidos

La posible designación al frente de la Reserva Federal reabre el debate sobre el tamaño del balance, la independencia institucional y la respuesta ante un mercado financiero más volátil

Tras su paso por la Fed, Warsh regresó al sector privado y al ámbito académico, pero nunca abandonó el debate público (Foto: Reuters)

La nominación de Kevin Warsh por parte de Donald Trump para reemplazar a Jerome Powell al frente de la Reserva Federal marca un posible giro en la conducción de la política monetaria estadounidense.

Warsh no es un outsider ni un académico tradicional. Se formó como abogado en Stanford y Harvard y llegó a la Fed como gobernador en 2006, justo antes del estallido de la crisis financiera global. Desde ese lugar, fue partícipe de algunas de las decisiones más disruptivas tomadas por la autoridad monetaria en décadas, incluyendo los primeros programas de expansión cuantitativa (QE).

Vivió desde dentro el colapso de Lehman Brothers, la coordinación con el Tesoro y el surgimiento de una nueva etapa para la política monetaria de Estados Unidos. Tras su paso por la Fed, Warsh regresó al sector privado y al ámbito académico, pero nunca abandonó el debate público.

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En los últimos meses, su postura respecto de la política de tasas de interés se ha vuelto más pragmática. Warsh sugirió que la economía estadounidense ha experimentado una mejora en productividad que podría permitir un crecimiento sostenido con menos presiones inflacionarias de las que la Fed asumía.

Warsh sugirió que la economía estadounidense ha experimentado una mejora en productividad que podría permitir un crecimiento sostenido con menos presiones inflacionarias de las que la Fed asumía

Además, criticó lo que considera una excesiva dependencia de los datos de corto plazo. A su juicio, el organismo corre el riesgo de sobrerreaccionar a cada dato puntual y perder perspectiva estratégica. Este cambio de tono coincide con el regreso de Trump a la Casa Blanca y con un clima político que reclama una Fed menos restrictiva.

Más allá del debate sobre el nivel de tasas de interés, Warsh ha sostenido durante años una visión particular respecto del tamaño de la hoja de balance del banco central.

Si la autoridad monetaria reduce en exceso su hoja de balance, las reservas bancarias caen. Con menos reservas, las tasas de corto plazo se vuelven más sensibles a shocks estacionales, como los pagos de impuestos trimestrales, que elevan los saldos de la cuenta general del Tesoro (TGA) en la Fed y, en consecuencia, drenan liquidez del sistema (Foto: Reuters)

La Reserva Federal y la mayoría de los bancos centrales del mundo enfrentan hoy un trilema operativo. Si la autoridad monetaria reduce en exceso su hoja de balance, las reservas bancarias caen. Con menos reservas, las tasas de corto plazo se vuelven más sensibles a shocks estacionales, como los pagos de impuestos trimestrales, que elevan los saldos de la cuenta general del Tesoro (TGA) en la Fed y, en consecuencia, drenan liquidez del sistema.

Esa sensibilidad puede traducirse en saltos abruptos de las tasas overnight, como ocurrió en septiembre de 2019, cuando el mercado repo se tensionó de manera inesperada y obligó a la Fed a abandonar el esquema de reservas escasas. Para evitar episodios similares, el banco central puede optar por mantener reservas amplias de manera estructural.

Pero esa estrategia implica intervenir más seguido o aceptar que la hoja de balance permanezca en un nivel elevado de forma permanente. En síntesis: balance más reducido, mayor volatilidad; menos volatilidad, más intervención; más intervención, mayores distorsiones en las señales de precio.

Balance más reducido, mayor volatilidad; menos volatilidad, más intervención; más intervención, mayores distorsiones en las señales de precio

Warsh, en general, ha defendido la idea de que la Fed debería aspirar a una hoja de balance más pequeña y tolerar algo más de fricción en el mercado antes de intervenir. No propone resignar la capacidad de actuar en momentos de estrés severo, sino evitar que cada tensión de corto plazo se resuelva con una expansión casi automática del balance.

Esto devolvería al organismo margen de maniobra para responder con mayor contundencia ante shocks realmente significativos. Insiste en que la normalización monetaria no puede limitarse solo al ajuste de la tasa de interés, sino que también debe implicar una reducción gradual del tamaño y el protagonismo de la Fed en el mercado de bonos.

La Fed reconoció que las reservas estaban dejando de ser “amplias” y anunció compras mensuales de Treasuries de corto plazo por unos USD 40.000 millones para sostener la liquidez del sistema (Foto: Reuters)

Esta postura contrasta con el accionar reciente de la Fed, que finalizó el QT (ajuste cuantitativo) el 1 de diciembre de 2025 y, apenas días después, reconoció que las reservas estaban dejando de ser “amplias” y anunció compras mensuales de Treasuries de corto plazo por unos USD 40.000 millones para sostener la liquidez del sistema.

El objetivo fue reanclar la SOFR (Secured Overnight Financing Rate), la tasa efectiva del mercado monetario overnight, con la IORB (Interest on Reserve Balances), la tasa que la Fed paga por las reservas bancarias y que actúa como piso del corredor operativo. Cuando ambas se desalinean, la política monetaria pierde precisión porque las tasas de mercado se alejan de la referencia oficial. En términos operativos, la medida cumplió su propósito: la SOFR volvió a ubicarse dentro del rango esperado y cerca de la IORB.

De cara a mayo, Warsh encontrará un equilibrio razonable en el mandato dual de la Reserva Federal. La inflación interanual ronda el 2,4% y el desempleo se sitúa cerca del 4,3%. Este contexto le permitiría avanzar con recortes en la tasa de interés, algo que el mercado ya comenzó a descontar, con tres bajas implícitas para lo que resta del año tras los últimos datos de inflación.

La inflación interanual ronda el 2,4% y el desempleo se sitúa cerca del 4,3%. Este contexto le permitiría avanzar con recortes en la tasa de interés

En cuanto a la hoja de balance, esta pasó de aproximadamente USD 3,9 billones antes de la pandemia a un máximo cercano a USD 8,9 billones en 2022, y hoy se ubica en torno a USD 6,6 billones. Medida contra el PBI, la relación subió desde alrededor del 18% en la etapa pre-pandemia hasta un pico cercano al 37% en 2022, y para el tercer trimestre de 2025 ronda el 22%. Todo esto, manteniendo bajo control las condiciones de liquidez de corto plazo.

El desafío para Warsh será encontrar un delicado equilibrio entre su propia visión, la del poder ejecutivo con Donald Trump en la Casa Blanca y Scott Bessent al frente del Tesoro, y la del propio Board de la Fed, que decide de manera colegiada.

El desafío para Warsh será encontrar un delicado equilibrio entre su propia visión, la del poder ejecutivo con Donald Trump en la Casa Blanca y Scott Bessent al frente del Tesoro (Foto: Reuters)

En declaraciones recientes, Kevin Warsh reflotó la idea de revisar el marco institucional entre la Reserva Federal y el Tesoro, evocando el acuerdo de 1951 como referencia histórica. Ese planteo abrió interrogantes sobre el grado de independencia respecto de la visión de Bessent -quien influyó en la decisión de Trump-, ya que, en algún punto, podría interpretarse como una mayor coordinación entre política fiscal y monetaria, algo que tensiona la propia postura histórica de Warsh. Queda por ver qué tipo de liderazgo decidirá ejercer. No sería la primera vez que un presidente de la Fed ajusta su enfoque una vez en el cargo.

La llegada de Warsh a la presidencia de la Fed, en este contexto, no solo reaviva la discusión sobre el tamaño y el rol de la autoridad monetaria, sino también sobre su independencia y la interacción entre fiscalidad y política monetaria

La llegada de Warsh a la presidencia de la Fed, en este contexto, no solo reaviva la discusión sobre el tamaño y el rol de la autoridad monetaria, sino también sobre su independencia y la interacción entre fiscalidad y política monetaria en un ciclo marcado por incertidumbres globales.

El debate sobre el trilema de la Fed -cómo equilibrar balance, volatilidad y señal de precios- volverá a estar en primer plano. Y, con él, la pregunta sobre qué tan lejos puede y debe llegar la Reserva Federal para sostener la estabilidad financiera sin sacrificar su autonomía ni distorsionar los incentivos del mercado.

El autor es Analista de PPI (Portfolio Personal Inversiones)

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