Oposiciones sin rumbo

La falta de autocrítica en quienes se presentan como alternativa profundiza la crisis de representación y deja a la sociedad sin opciones reales frente a los errores del presente

Javier Milei en el Derecha Fest

Estar en contra de un gobierno no implica ser una alternativa. La crítica adquiere lógica cuando es capaz de asumir la autocrítica, y en la situación política presente, las dificultades del Gobierno y sus debilidades encuentran en el recuerdo del anterior un sostén más que una alternativa.

Hubo algunos pocos pasos de la actual gestión, como la eliminación de los piquetes y ciertas medidas de seguridad coherentes que parecían continuar, en cierto modo, con la concepción tradicional del peronismo, que había sido invadida por un modernismo y un izquierdismo ajenos a sus raíces. La mayoría de los integrantes de la Administración anterior no está en condiciones de ser parte de una propuesta futura de alternativa porque, en rigor, su fracaso fue tan profundo que logró engendrar la posibilidad de este aberrante presente.

La crisis con la empresa Techint marca un punto de inflexión de enorme gravedad. Se trata quizá del último de los ejemplos de una empresa nacional con capacidad de imponer su tecnología en el mundo. Antes teníamos a Bunge y Born, otra multinacional forjada en el país, que producía todos los artículos de consumo popular. Boicoteada por la guerrilla, su retirada fue un gesto de fracaso de la política argentina.

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Sabido es que no hay capitalismo sin burguesía industrial. De no haber un grupo de empresarios dispuestos a defender sus intereses productivos en el contexto de una nación que los integre, no hay posibilidad de coherencia ni de acierto. Los países sin empresas dejan de ser estructuras nacionales para convertirse en vocaciones coloniales, en lugares donde los poderes extranjeros se ocupan de extraer las riquezas generando una enorme concentración y una succión de recursos que debilita lentamente a toda la sociedad al tiempo que la empobrece.

Es muy difícil entender cómo los países hermanos -Brasil, Uruguay, Chile- cultivan su patriotismo, expresan un gran amor por su identidad, mientras nosotros estamos absolutamente fracturados entre dos concepciones que, en la degradación que el Kirchnerismo hizo del Peronismo, terminan siendo una sola. Podríamos decir que su esencia es colonial en ambas propuestas. Hay un elemento clave que se da en Uruguay y en Chile, esencial a toda democracia. Cuando un gobierno de izquierda marxista, como el de Boric, es sustituido por uno conservador de ultra derecha, como el de Kast, ambas partes se encuentran para tratar de impulsar un proyecto común patriótico, es decir que los intereses populares parecen, al menos por ahora, estar por encima de los rasgos ideológicos.

El Peronismo es ya un nombre carente de contenido, y es necesario buscar una estructura nacional que integre los restos de las distintas fuerzas históricas y más recientes para gestar una opción política renovada y con pensamiento. Nosotros no tenemos dirigentes políticos, carecemos de un ideario, hay consignas, hay frases hechas, pero la coherencia intelectual no se advierte ni en el campo nacional ni en el campo liberal. El destino colectivo no está presente en ninguna de las alternativas electorales del momento.

No existe país en el mundo que no proteja a su industria y, en consecuencia, a su trabajo, porque son esas estructuras productivas las que alimentan a la población. Si caen las industrias y son sustituidas por grandes explotaciones de las energías como el petróleo, el gas o los minerales, la mano de obra va a quedar flotando sin destino. Es patético ver la pobreza de la sociedad, la enorme caída del consumo, y los números falseados según los cuales nos hallamos en “el mejor de los mundos posibles”. Esos datos no están asentados en ninguna parte. Son el fruto alucinado de la mitomanía autocrática.

No puedo dejar de referirme nuevamente al hecho de que el Gobernador de la Provincia de Buenos Aires, Axel Kicillof, concurrió a las elecciones de septiembre acompañado por los intendentes y ganó con tranquilidad. En cambio, el retorno de las viejas dirigencias, desgastadas y repudiadas, le entregó el poder y el triunfo absoluto al gobierno de Milei. Esto desnuda el hecho de que tener la propiedad de un sello no implica ser el dueño de sus contenidos, más allá de los afectos populares que arrastre. Estoy convencido de que ninguna de las figuras que acompañó al gobierno de Alberto Fernández puede ser parte de la propuesta futura, sea quien fuere el candidato que la conduzca. Si siguen reiterando su presencia, el Peronismo, o el partido que lleve su nombre, va a seguir cayendo en la derrota. La alternativa no debe pensar en los nombres, sino esencialmente en una convocatoria a la unidad nacional de peronistas, radicales, socialistas, y de todos los sectores con voluntad de recuperar la dignidad de ser una nación comprometida con sus ciudadanos.

Duele la falta de reflexión tanto como el hecho de estar asistiendo a un periodismo de parte, sea oficialista u opositor. La magnitud de la reducción de los espacios de libertad de pensamiento, susceptibles de formular críticas u observaciones llegado cada caso, su dependencia de alguno de los dos espacios políticos limitan una posible rebeldía, lo cual para cualquier sociedad democrática representa un enorme signo de decadencia.

La pobreza que hoy sufre nuestra población es la más alta de los últimos 50 años, y lo peor es tener en claro que el mito de la ideología liberal nunca floreció en ningún país del mundo. La bonanza que espera Milei como resultado de dejar a las fuerzas del mercado en libertad solo va a ser válida para ellas y se convertirá en un atroz sufrimiento para los humildes, sobre cuyas espaldas recae el absurdo de un irracional y trasnochado pensamiento llamado liberal o anarco-capitalista o libertario, carente de toda solidez intelectual.

Siempre pensé que una falsa izquierda era la que iba a engendrar a una falsa derecha, pero ni el kirchnerismo era de izquierda ni Milei es de derecha, ambos son formas extraviadas del poder que asientan su sueño en el autoritarismo. Que Milei y sus ministros y funcionarios sigan pensando que el financiamiento de la SIDE y sus espías es más importante que el del Garrahan, el de la investigación en ciencia y tecnología, el de la cultura, el de la educación, el de la universidad, el de los jubilados y el de los discapacitados, es ignominiosamente irracional e indigno de la concepción de la administración de un país.

Lo de Techint no marca el final de una empresa, deseo groseramente expresado por el Presidente. Define tan solo la idea de la conclusión de un destino patriótico para sustituirlo por la imposición de una concepción colonial. No habrá florecimiento liberal, sino una dependencia de libertad en la que las elecciones sean un simple decorado donde las fuerzas económicas ni siquiera se molesten por alterarlo, porque en ellas no hay ningún poder real. Cuando se entrega todo el poder a los grupos económicos se debilita para siempre la posibilidad de la democracia.

Debemos volver a desarrollar la capacidad de reflexión y del tan menospreciado espíritu crítico para ver cómo nuestro destino, valioso hasta hace 50 años, recupera todo aquello que le había permitido forjar un país más justo, más independiente de los poderes foráneos, más libre en serio, sin descalificaciones ni estridencias mediáticas ni amenazas ni elogios a los evasores ni megalomanías varias.

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