Las últimas iniciativas de Donald Trump, como sus aspiraciones de controlar Groenlandia o la creación de un Consejo para la Paz que entrará en competencia con las Naciones Unidas, no pueden desvincularse de una decisión que anunció semanas atrás: el aumento en un 50% del gasto militar estadounidense.
La decisión fue anunciada casi inmediatamente después del éxito registrado en Venezuela por las fuerzas estadounidenses, al secuestrar al entonces presidente Nicolás Maduro. Para el SIPRI (Stockholm International Peace Research Institute), el gasto militar de EE.UU. alcanzó en 2024 -cada informe se publica con los datos del año anterior- los USD 997 mil millones, por lo que no sólo el más alto del mundo sino que además representa el 37% del gasto militar global.
De acuerdo al balance militar que realiza el Centro de Estudios Estratégicos de Londres (IISS), Estados Unidos destinó en 2024 unos USD 968 mil millones a su gasto militar, casi la misma cifra que suministra el SIPRI, y similar porcentaje del gasto global en defensa. Una tercera fuente, el Global Firepower Index, que estudia las capacidades militares, consigna que Estados Unidos destina USD 895 mil millones a gasto militar. Es una cifra algo menor, pero que no llega al 10% de diferencia con las otras.
Las tres fuentes en conjunto son coincidentes en señalar la magnitud de la importancia del gasto militar estadounidense a nivel global, el que superaría al tercio del total. Esto hace de Estados Unidos la potencia militar más grande del mundo.
La comparación con el segundo país por su gasto militar, que es China, confirma el predominio estadounidense. Para el SIPRI, la potencia asiática destina a gasto militar USD 314 mil millones, casi un tercio que lo destinado por los Estados Unidos. En el caso del IISS, informa que el presupuesto militar chino alcanza los USD 233 mil millones, una diferencia relevante entre estas dos fuentes, pero que no difieren en cuanto al segundo lugar que tiene Beijing en este rubro. Por su parte, el Global Fire Power Index, consigna que China destina a gasto militar USD 266 mil millones, un monto que se ubica entre los dos anteriores (el SIPRI pondera el presupuesto chino en forma estimada, ya que considera que no se cuenta con información verificable). Para este instituto, cuya sede está en Suecia, el gasto militar estadounidense es tres veces el de China.
A su vez, para el IISS con sede en Londres, el presupuesto en defensa estadounidense es cuatro veces el chino. En cuanto a la tercera fuente, el Global Firepower Index, el de Washington es 3,3 veces mayor que el de Beijing. Más allá de las diferencias, la tendencia es clara en cuanto al rol de China como segunda potencia militar, pero a una importante distancia respecto de Estados Unidos, que en promedio gasta entre 3 y 4 veces más que su rival asiático. Cabe señalar que según el SIPRI, el gasto militar en conjunto de los treinta y dos países de la OTAN alcanza al 55% del gasto global en defensa, es decir más de la mitad. Pero todos estos países menos Estados Unidos son un tercio de esa cifra.
Lógicamente, los otros países de la OTAN que no son Estados Unidos seguramente aumentarán sus respectivos gastos militares, pero ello los llevará a un esfuerzo económico muy significativo. No todos los países están en condiciones de hacerlo. Tras arduas discusiones en el seno de la OTAN, los países europeos se comprometieron a llevar su gasto militar al 3% en los próximos cinco años. Frente al aumento anunciado por Trump del 50%, el esfuerzo europeo parece mínimo o casi irrelevante.
China viene destinando menos que Estados Unidos en cuanto a monto y porcentaje de su PBI. Según el SIPRI, Washington asigna al gasto militar el 3,4% de su PBI, mientras que Beijing destina a este fin sólo el 1,7%, exactamente la mitad. En el caso del IISS, Estados Unidos gasta en defensa el 2,3% de su PBI, una cifra sustancialmente más baja que la del SIPRI.
Probablemente la diferencia derive de incluir o no determinados rubros o sectores del gasto público como gasto en defensa. En cuanto a China, el Instituto consigna que gasta el 1,25% de su PBI para defensa. Es así como la potencia asiática destina al rubro militar un tercio que Estados Unidos en cuanto a monto y la mitad como porcentaje de su PBI. Sumando las dos primeras potencias en términos generales, entre Estados Unidos y China concentran la mitad del gasto militar global.
Pero la OTAN intenta dar algunas señales de respuesta. En algunos países cierto orgullo nacional parece haber vuelto. Intentan, de acuerdo a cada país, invertir más en defensa, lo que no debería entrar en conflicto con los objetivos de la OTAN, sino todo lo contrario. Busca desarrollarse un rearme rápido. El Reino Unido y Ucrania dicen producir ya más drones militares que Estados Unidos. Para 2027 esperan producir en conjunto más proyectiles de artillería que este país. De acuerdo al cálculo europeo, probablemente superarán a la primera potencia militar del mundo en la producción de sistemas antiaéreos. El primer ministro alemán, Friedrich Merz, a cargo del gobierno del país que destina más recursos al gasto militar de Europa, dijo a raíz de las tensiones generadas por Groenlandia: “Realmente no somos tan débiles ni tan pequeños”. Y agregó que “puede llegar un momento, y tal vez no tan lejano, en que Estados Unidos descubra que necesita urgentemente que Europa sirva como ‘co-arsenal’ de la democracia contra una China revanchista que, según los cálculos, se está rearmando seis veces más rápido que Estados Unidos”. Es un cálculo discutible como vimos, pero demuestra una voluntad política en gestación que enfrenta un problema: cualquier esfuerzo de inversión militar europea ahora tendrá enfrente un aumento del gasto militar estadounidense del 50%.
Pero la inversión en lo militar suele ser de largo plazo. Un buen ejemplo de ello son los portaaviones, que en los conflictos de los últimos días han jugado un rol importante con el desplazamiento del Gerald Ford del Mar Adriático hacia el Caribe, y del Abraham Lincoln hacia el Mar Rojo. Hoy los portaaviones siguen siendo el eje del poder global de los Estados Unidos. Su programación es de largo plazo y su construcción suele llevar más de una década. Ya están planificados y ordenados los que se incorporarán aproximadamente en 2050. Estados Unidos tiene once portaaviones en servicio, de los cuales un tercio está operativo, otro en mantenimiento y el restante en adiestramiento. China tiene en cambio sólo tres portaaviones, pero tiene en marcha la construcción de tres más, con lo cual entre 2030 y 2035 alcanzaría la cantidad de seis.
Como viene siendo su política de defensa, va descontando la ventaja militar estadounidense pero sin alterar su ritmo ni incrementar sustancialmente sus costos, ni en monto ni en porcentaje de su PBI. Históricamente, Estados Unidos se ha preparado para librar dos guerras al mismo tiempo. Tal fue el caso de la Segunda Guerra Mundial, donde combatió simultáneamente en Europa y en Asia. Un tercer frente simultáneo tensionaría significativamente la capacidad militar estadounidense. Hoy Venezuela en América Latina, Irán en Medio Oriente y Groenlandia en Europa plantean un escenario de tres conflictos posibles con lo militar como herramienta de la diplomacia. Pero Trump parece decidido a tomar riesgos.
En conclusión, simultáneamente a que se suman conflictos y enfrentamientos en las relaciones internacionales, el gasto militar global aumenta significativamente, como históricamente resulta inevitable.