¿Milei representa la salvación de Argentina o su ruina?

Mientras el sindicalismo se despabila de la siesta de los últimos cuatro años, el oficialismo sigue avanzando en medio de la tormenta

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El presidente Javier Milei
El presidente Javier Milei

En el contexto argentino, marcado por la cultura del tango y la tradición del asado, la tragedia se ha convertido en un compañero constante. Otra vez una tragedia de tren. Décadas de desorden político, corrupción generalizada y una inflación desbordada han llevado al país al borde del precipicio. Sin embargo, en un momento crucial donde la caída parecía inevitable, emergió un nuevo protagonista con un discurso directo y un estilo confrontativo: el presidente Milei. La pregunta que resuena en todos los sectores es si se enfrentan a un revolucionario o a un imprudente. ¿Representará Milei la salvación de Argentina o será su ruina? Más allá de cualquier evaluación, Javier Milei cuenta con un importante respaldo popular y sus acciones están gradualmente alumbrando el camino hacia una posible solución.

El jueves pasado, el sindicalismo, duramente criticado en nuestra sociedad, llevó a cabo su segundo paro general contra la administración libertaria. Parece que están despertando de la inactividad que caracterizó su postura durante el gobierno de Alberto Fernández, quien es considerado por muchos como el peor presidente en la historia democrática del país. Sin embargo, surge una pregunta inevitable: ¿por qué optan por esta medida de protesta si parece poco probable que Milei cambie de rumbo como respuesta? Es evidente que la dirigencia sindical actual se encuentra desconectada de las verdaderas necesidades de sus afiliados y ha perdido la capacidad de representar fielmente sus intereses. El sindicalismo argentino, modelo 2024, parece ser simplemente una sombra de lo que solía ser, basado únicamente en los recursos financieros que controlan, sin ofrecer mucho más que eso. Sindicalistas ricos y sindicados pobres.

Los capos sindicales son conscientes de la difícil situación heredada por el actual mandatario, una suerte de bomba de tiempo legada por su predecesor. Sin embargo, en un giro inesperado, propio de las tramas más intrincadas de las películas de suspenso, el presidente Milei ha comenzado a revertir el desastre con una velocidad sorprendente. En este punto, tanto el paro del jueves pasado como las amenazas de uno nuevo, extendido a 36 horas, representan también un mensaje para los gobernadores, quienes gradualmente muestran signos de apoyo, más no sea silenciosamente, a las reformas propuestas por Milei. A lo anterior debemos agregar el anunciado escrache a los senadores que den su voto a la Ley Bases. Metodologías patoteras propias de un pasado reciente al que no queremos volver.

Conferencia de prensa de la CGT tras el paro general
Conferencia de prensa de la CGT tras el paro general

La demostración de fuerza a través del paro general, seguido por las amenazas de aumentar la presión, revela más bien la vulnerabilidad del sindicalismo actual. La decisión de permanecer en silencio y apoyar las reformas del gobierno se interpretaría como una rendición y una clara pérdida de poder, por lo que es necesario salir y hacer ruido para hacer sentir su presencia. En última instancia, estas acciones no son más que un intento de compensar la debilidad percibida y mantener su relevancia en el escenario político actual, y por supuesto todos los privilegios de los que gozan como dirigentes sindicales.

En lo que respecta al presidente Milei, su política, aunque implacable en su enfoque de ajuste, se presenta como el remedio necesario para una enfermedad crónica que amenaza con devorar al país. El logro de un superávit presupuestario y la disminución de la inflación son pruebas tangibles de su gestión decidida y sin concesiones. Milei ha avanzado con determinación hacia la recuperación, desafiando todas las expectativas y rompiendo con la ortodoxia política que tanto daño ha causado.

No obstante, no todo es optimismo en este relato de redención. La debilidad parlamentaria del presidente Milei constituye un obstáculo que podría comprometer sus logros. En un Congreso influenciado por corrientes adversas, la batalla por la aprobación de la Ley Bases se ha convertido en una verdadera prueba de resistencia. Las negociaciones arduas con gobernadores y el pulso político en su punto más álgido han dejado el destino de la ley en la balanza, y con él, el futuro del país. Resulta paradójico observar la adhesión de los senadores de Unión por la Patria al paro del jueves pasado, lo cual sirve como símbolo elocuente de la decadencia que representan.

Milei se presenta como un presidente que desafía las convenciones establecidas. Su capacidad para conectar directamente con la población ha sido, y es, notable. En una tierra marcada por el fracaso y la corrupción, la historia del presidente Milei es una posible salida, una señal de que incluso en los momentos más oscuros, el cambio es posible. Argentina puede estar herida, pero no está derrotada.

No obstante para muchos lo que estamos viviendo y en particular las medidas económicas tomadas desde la Casa Rosada, son una muestra de “crueldad” tal cual le escuche decir a un pensador argentino, que claramente no concibe en su manera de ver las cosas, como la gente lo ha votado y lo sigue apoyando. Más allá del aprecio personal que siento y sin perjuicio de no compartir su ideología, debo señalar que lo que fue realmente cruel es todo lo que se hizo antes de que Milei llegara al poder. Empobrecieron a la nación y a sus habitantes con políticas fracasadas, se robaron todo, inflaron el estado con militantes, tomaron las cajas del Estado para usarlas en beneficio propio, más un sinfín de hechos de corrupción con los planes y al asistencia social, interminables. Todo eso es realmente cruel.

Que hoy tengamos un presidente, nos guste o no su estilo personal, apoyemos o no sus formas, con los pantalones bien puestos para hacer lo que nunca antes si hizo desde el Estado no es crueldad, es hacer lo que se tiene que hacer. Son visiones antagónicas de un mismo país, pero visiones que deben convivir sanamente en democracia. No sirven ni los paros generales, ni las amenazas de escrachar públicamente a los senadores que apoyen la Ley Bases. Hace falta que los senadores y diputados “eleven” el nivel del debate parlamentario para poder consensuar y negociar las mejores políticas públicas, en lugar de poner palos en la rueda con el solo objetivo de que las leyes no salgan. Eso es crueldad y de la peor calaña.

Es cierto que el presidente Milei no está exento de cometer errores, y es probable que siga cometiendo más en el futuro. Sin embargo, criticar desde la comodidad de no tener que tomar decisiones tan difíciles como las que enfrenta un presidente, y sin ofrecer propuestas serias y sostenibles, es equivalente a clamar en vano en medio del desierto.

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